Lunes, 21 de mayo de 2012

1. Domingo.
Estaba sentado en los escalones de la estación. Miraba la confluencia de carreteras, el cielo nocturno, las luces parpadeantes de un avión, el sonido de las maletas sobre la acera, una chica que se despedía con una docena de besos y una caricia en la mejilla y un hombre que fumaba y levantaba la cabeza cada vez que se abría la puerta de la estación. La mochila roja a mis pies, llena de recuerdos y libros. Sonreía, una de esas sonrisas bumerán que puede ser tanto triste como alegre. Estaba cerrando un libro.

Nos despedimos con dos abrazos. Esta vez fui yo quien necesitaba sentirse protegido y contenido, en ese abrazo estaban los huecos alrededor, el otoño tan extraño, las palabras escritas pero no pronunciadas hasta que estuve delante de ti. Fuiste un embarcadero y un refugio, un lugar donde reponer fuerzas y sentir que todo volvía a estar bien, que había que seguir adelante a pesar de todo. Me indicaste cómo llegar hasta Río Rosas, asentí, me di la vuelta, levanté la mano y empecé a andar. No te hice caso, llovía y yo quería andar bajo la lluvia y el cielo gris iluminado por los relámpagos.

Nuestro primer abrazo fue delante de una librería. Me habías enviado un mensaje, ya llego, tu amiga la tardona. Me gusta esperarte, anticipar nuestro encuentro y no adivinar nunca nuestras conversaciones. Llegas con una sonrisa y eso me basta. Paseamos entre estanterías y libros, me enseñas La soledad de los números primos y te digo que es una historia preciosa y triste y que hay que leerla con buen ánimo, me haces recordar pasadas lecturas, revivir personajes y cruces de caminos, me pones libros en la mano de Dickens y Wilkie Collins, pareces una hechicera, yo de Zweig o Ángel González, te digo que sientas el tacto de las hojas, es extraño que algo tan real te ayude a desaparecer ante los demás.

Tú desapareciste en el café. Te había regalado Montedidio. Busqué el fragmento donde De Luca habla de nostalgias, echar de menos es sentir la presencia del otro. Veía tu mirada saltar de una línea a otra y, de repente, supe que no estabas allí sino en un taller de Nápoles, con un chico de trece años que vive su primer amor y un viejo de cien que guarda unas alas de ángel bajo su joroba. Me gustó verte emerger de las páginas de Montedidio.

Te enseñé la piedra que me regaló Ib. Es pequeña y plana, te dije que no era un amuleto ni una metáfora, que sólo es una piedra en el bolsillo y me gusta sentir su frío en los días de calor. Ahora tus huellas están en esa piedra, confundidas con las de Ib, Oier o Inés. Te contaba cómo llegué a una ausencia y un silencio en los últimos días de otoño, te hablé de apariciones, desapariciones y reapariciones, de This must be the place como mensaje en una botella, de espacios y tiempos divididos, de un libro de Vonnegut que cierra dos historias. También te hablé de un hueco en la tierra que cavé con mis propias manos y una despedida, cómo intento, a pesar de todo, apoyarme en aquello que me hace sonreír. Mejor una piedra en mi bolsillo que en mi corazón.

2. Sábado
Es linda Inés. Tal vez ella no lo vea. Tiene veintipocos años, estudia interpretación, a veces su acento tiene un tono gaditano que me lleva a la luz y los naranjos de la plaza de San Francisco. Comimos juntos, dimos un pequeño paseo donde llegamos al fin del mundo, tomamos un café rodeado de libros y nos metimos bajo el volcán, una librería y tienda de discos donde venden cajetillas de tabaco con el lema “La poesía mata”, dentro, poemas enrollados como cigarrillos. Le dije a Inés que no, que la poesía no mata sino que acuchilla, una expresión que he robado a Es. Me habitan otras voces y presencias. Me despedí de ella de forma tímida, no soy Bogart en las despedidas, siempre el gesto y las palabras torpes.

Inicié mi paseo en La tabacalera, me perdí por sus pasillos y vi una exposición fotográfica de Gervasio Sánchez, entré en Tipos infames y busqué entre las estanterías libros desconocidos, me resguardé del granizo en un portal y sonreí por el olor a lluvia, me detuve un instante en el edificio España, es extraño su abandono y quietud, me recuerda a aquel edificio de oficinas de “Y el mundo marcha”, y acabé en una pequeña librería de viejo frente al templo de Debod. Te gustaría esa librería, Clara, los libros apilados en columnas encima de una mesa, las estanterías abarrotadas, los pasillos estrechos, un lugar para la magia y lo inesperado. Encontré un Vonnegut descatalogado. Leí las primeras páginas mientras cruzaba hacia el parque. El espacio/tiempo se cruza.

3. Lunes.
La mochila roja a mis pies, llena de recuerdos y libros. Dicen que es una metáfora de mi corazón. Sonrío al recordar nuestro encuentro, saber que cuento con la amistad de una de las personas más bonitas que he conocido. Entonces, lo veo, los huecos y los vacíos están fuera de mí.







Tags: espacios en blanco

Comentarios (4)  | Enviar
Comentarios

Me inspiras,... no hace mucho viajé a Madrid, para encontrarme (coincidir) con mi particular espacio-tiempo. Detuvimos el tiempo en Tipos Infames, hallamos las confidencias más sinceras en oscuros cafés y encontramos proximidad en bucólicos paseos por los Jardines del Moro, para terminar bajo la lluvia, despidiéndonos, mojados, llorándo(nos) por habernos encontrado y a la vez perdido (espacio-tiempo).

De nuevo perdón, perdón por ocupar tus bellos espacios en blanco, esos horizontes de sucesos.

Publicado por Invitado
Lunes, 21 de mayo de 2012 | 23:17

Quería ver a mi amiga Clara, volver a estar con Inés, perderme, no sentir los huecos que ha dejado mi perrín en casa por un par de días, cerrar un libro y ver cómo me sentía por las calles de Madrid, fue todo un viaje, demasiadas cosas en la cabeza, demasiados sentimientos. Fue lindo.

Pues escribir cuanto quieras y de lo que quieras, qué menos. Un abrazo

Publicado por elchicoanalogo
Martes, 22 de mayo de 2012 | 11:22

Me siento un poco torpe por haber invadido tu espacio...

A veces es bueno perderse,... para encontrarse.

Publicado por Invitado
Martes, 22 de mayo de 2012 | 11:50

Nada que ver, yo escribo un artículo y nunca sé si me responderán o qué responderán, es lo lindo de esto, generar respuestas que no puedo anticipar.

Y sí, es bueno perderse, para encontrarse y para quitarse cargas de encima. Otro abrazo

 

Publicado por elchicoanalogo
Martes, 22 de mayo de 2012 | 12:00