Martes, 29 de mayo de 2012

Mijaíl Bulgákov me sorprendió con Corazón de perro, una original crítica al comunismo, y me emocionó con El maestro y Margarita, una de mis historias de amor favoritas, un vuelo bajo el cielo moscovita y la magia que se cuela en la realidad de dos personajes entrañables. Llevaba tiempo buscando una nueva lectura de Bulgákov, miré en mis estanterías y encontré Morfina. Sentía curiosidad.

Morfina es una colección de relatos protagonizados por un joven médico que sale de la ciudad y llega a una pequeña comunidad rural para hacerse cargo del hospital y sus vecinos. Lo primero que me atrajo fue esa diferencia entre la vida que deja atrás un joven médico sin experiencia de veintipocos años y lo que se encuentra en medio del invierno y las tormentas de nieve. Leo la contraportada y descubro con estos relatos son autobiográficos, que Bulgákov se detiene en sus días de médico rural, que fue adicto a la morfina, una adicción de la que acabó saliendo con los años.

Hay algo que me sobrepasa de estos relatos de Bulgákov, las dudas constantes del médico protagonista, la diferencia entre los manuales de medicina y la realidad de su consulta y su hospital, el miedo que parece atenazará al joven médico en algunos momentos y la resolución con la que se enfrenta a cada caso, las victorias en la mesa de operación y los grandes desastres, todo narrado desde la distancia justa, a veces con energía y desolación, a veces con un dolor extraño. El joven médico vivirá un invierno inesperado, el insomnio, las visitas en mitad de la noche, los trineos que se quedan atascados en la nieve, el horizonte blanco y ningún punto de apoyo, la lucha con los campesinos para que acepten sus tratamientos, para que entiendan la enfermedad que padecen. Hay lugar para la luz y la esperanza, para los momentos distendidos y los agradecimientos, también para la derrota y la culpa, para la lucha sin recompensa, también para el invierno, incansable, enigmático.

En el último relato, el joven médico lee un diario de un colega destruido por su adicción a la morfina, son páginas oscuras, dolorosas, la voluntad quebrada del médico, su obsesión por la morfina, la asunción de su derrota, las hojas arrancadas al diario que intuyo abisales. Morfina es un relato que descoloca, no es la vida de un médico en su consulta sino la derrota de un hombre.

Poco a poco, Bulgákov se está convirtiendo en uno de mis escritores rusos favoritos. Morfina es un gran libro de cuentos



Visitaba a los pacientes del hospital con paso rápido. Me seguían el enfermero y tres enfermeras. Cada vez que me detenía junto a una cama en la cual, derritiéndose por la fiebre y respirando lastimeramente, yacía enfermo un ser humano, yo exprimía mi cerebro para sacar todo lo que había en él. Mis dedos tanteaba la piel seca y ardiente, examinaba las pupilas, daba golpecitos en las costillas, escuchaba cuán misteriosamente latía el corazón en lo profundo, y tenía un solo pensamiento: ¿cómo salvarle? ¡Y a éste! ¡A todos!
Era un combate que comenzaba cada día por la mañana, a la pálida luz de la nieve, y terminaba bajo el parpadeo amarillento de una ardiente lámpara de petróleo.

( … )

Quería llegar a algún sitio. Un camino siempre conduce a algún sitio habitado.

( … )

El trineo se sacudía en medio de la tormenta, que ya había amainado; los sombríos bosques me miraban con reproche, sin esperanza, con desesperación. Me sentía derrotado, deshecho, aplastado por el cruel destino. Él me había arrojado a este lugar perdido y me había obligado a luchar solo, sin ningún tipo de apoyo ni indicaciones. ¡Cuántas dificultades tan increíbles me veo obligado a soportar! A mí pueden traerme cualquier caso complicado o difícil, la mayoría de las veces quirúrgico, y yo debo hacerle frente, con mi rostro sin afeitar, y vencerlo. Y cuando no lo venzo, sufro como ahora, que voy dando tumbos por los baches del camino y he dejado atrás el cadáver de un recién nacido y a su madre. Mañana, en cuanto cese la tormenta, Pelagueia Ivánovna la traerá al hospital y la gran interrogante será: ¿podré salvarla? ¿Y cómo debo salvarla? ¿Cómo entender esa grandiosa palabra? En realidad actúo al azar, no sé nada. Hasta ahora había tenido suerte, algunos casos asombrosos han terminado bien, pero hoy, hoy no he tenido suerte. Ah, mi corazón se siente agobiado por la soledad, el frío, porque no hay nadie alrededor.
Mijaíl Bulgakov
Morfina (traducción de Selma Ancira. Anagrama)


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Publicado por elchicoanalogo @ 8:43  | Libros...
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