Viernes, 25 de mayo de 2012

Ib me habla de Autorretrato con radiador de Christian Bobin, me dice que me emocionará porque se detiene en briznas de hierba, árboles y luz. Me gusta la idea, un libro que no tiene acción más allá de la que puede haber tras alguien que mira y se entrega a lo que ve. Recibo el libro y me siento en el suelo, la espalda contra las estanterías. A cada párrafo, a cada entrada del diario de Bobin, mi sonrisa se amplía, me siento emocionado y mencionado, me sorprende un libro que habla sobre briznas de hierba, tulipanes, las ramas de los árboles, el hecho de escribir, la línea de la luz sobre la cocina o un campo y que capte mi atención con tanta intensidad como las historias de Raymond Chandler o James M. Cain. “A la pregunta siempre embarazosa: ¿qué estás escribiendo ahora?, respondo que escribo sobre flores, y que otro día elegiré un tema todavía más nimio, más humilde si cabe. Una taza de café solo. Las aventuras de una flor de cerezo. Pero por ahora tengo ya mucho para ver: nueve tulipanes muriéndose de risa en un jarrón transparente. Miro su estremecimiento bajo las alas del tiempo que pasa. Tienen una manera radiante de estar indefensos, y escribo esta frase a su dictado. Lo que constituye un acontecimiento es lo que está vivo y lo que está vivo es lo que no se protege de su pérdida”.

Autorretrato con radiador está escrito en forma de diario, pequeñas entradas de alguien que mira y busca la dicha en aquello que observa, es lo hermoso de este libro, la alegría no viene por las posesiones sino por ver crecer los tulipanes, por encontrar un camino inesperado, por la forma de un árbol o el abrazo de una niña. Bobin se fija en lo efímero, en los detalles pasajeros, en todo aquello que tenemos alrededor pero que es invisible ante nuestra prisa. Suena sensiblero pero Bobin huye de sentimentalismos, es una escritura pura, pausada, tranquila, es mirar alrededor con una mirada limpia y nueva, es dejarse sorprender y que lo que vemos nos habite y nos saque una sonrisa.

Hay momentos para el dolor, la muerte de la esposa, pero Bobin lo convierte en una conversación entre dos mundos, la muerte no como ausencia sino como recuerdo y presencia, algo así como la nostalgia en Montedidio. A lo largo de un año que dura el diario sabemos de esa muerte, de las visitas familiares a la tumba, de las flores y las conversaciones con la esposa muerta (me recuerda al cine de John Ford, hay una escena en La legión invencible donde Nathan Brittles visita la tumba de su esposa con flores y habla con ella). En Autorretrato con radiador se deja un espacio para el recuerdo de la mujer muerta, el narrador le cuenta cómo están sus hijas, qué siente al verla por un segundo en el gesto de otra mujer, cómo sigue adelante. Es hermoso.

Una de mis partes favoritas es el momento del autorretrato, mirar fuera y dentro de uno mismo para decir a los que queremos quiénes somos y dónde estamos, una forma de ubicarnos, desnudarnos y fotografiarnos. No hace falta gastar páginas en ese autorretrato, bastan unas líneas para describirnos en un momento exacto de nuestra vida. 

En Autorretrato con radiador hay dicha y humor, hay amor por la vida y una entrega absoluta a lo que vemos, hay un viaje a los objetos y la naturaleza, hay una forma de estar en el mundo que parece una pequeña locura pero que es emocionante. Hay otras miradas posibles.



Una vez a la semana me las encuentro en una calle en cuesta. Me las llevo a casa y las miro vivir. Aparentemente son flores. Aparentemente. Las cosas nunca son sólo cosas. Estas por ejemplo, unos tulipanes, hacen que en la casa resuene una nota alegre, fraterna. Los libros que no puedo resistirme a abrir son menos generosos. Los libros no saben, como los tulipanes, morir y nacer de nuevo y finalmente morir sin más. Lo que ayuda, es lo pasajero. Lo que aspira a lo eterno no resulta de ningún consuelo.

( … )

Hacer al menos una vez lo que nunca se hace. Seguir, aunque sólo sea un día, una hora, un camino distinto que aquél en el que el carácter nos puso.

( … )

Con frecuencia citabas esta frase, la habías tomado de un libro, nunca supe de cuál, te iba bien, te iba de maravilla como el zapato que le faltaba al pie de Cenicienta: Nadie está exactamente en su sitio y más vale así, una adecuación estricta sería insoportable
Christian Bobin
Autorretrato con radiador (traducción de José Areán. Árdora)


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Publicado por elchicoanalogo @ 8:02  | Libros...
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