Jueves, 31 de mayo de 2012

Hace un par de meses descubrí a Pete Dexter. Había comprado El chico del periódico por algunas páginas leídas al azar y por ser un escritor desconocido, un gesto repetido en mis tardes de librerías, elegir una novela de la que no tuviese referencia. Sin saberlo, había encontrado una de las lecturas de este año, intensa, triste, inteligente. Me atrajo la historia iniciática y nostálgica de El chico del periódico, el narrador que recuerda su pasado y ve a una distancia justa todo aquello que le había golpeado y le había hecho madurar. Era una historia dolorosa.

Encontré Paris Trout en una feria de Valladolid, un libro de segunda mano sin otros rastros o huellas. El inicio me llevó a El chico del periódico pero a las pocas páginas sentí que Pete Dexter no repetía el mismo esquema ni la misma voz. En Paris Trout no hay lugar para la nostalgia, es una historia dura, violenta, seca, llena de recovecos y una tensión que aumenta a cada capítulo. Por momentos Paris Trout me recordó a esas historias de Jim Thompson protagonizadas por personajes que encuentran en la violencia un hueco por donde sacar su locura.

Paris Trout es un comerciante y prestamista de una pequeña comunidad, atiende a blancos y negros pero sin darles el mismo trato, es distante y huraño, hay algo violento y oscuro en sus gestos, en su mirada, como si escondiese una personalidad a punto de estallar, no cree en la justicia de los libros de leyes, sólo aquella que ha visto en el estado sureño en el que vive, un pequeño incidente con un muchacho negro desencadenara toda la violencia que lleva contenida dentro de sí.

Dexter divide el libro entre los diferentes protagonistas, un rompecabezas que hace avanzar la historia desde distintos puntos de vista, la niña Rosie que vive en la zona de los negros, apartada, miserable, asesinada por Trout por una deuda con un muchacho, la mujer de Trout que buscaba estabilidad y se encuentra con un encierro en una casa extraña y un hombre violento que la golpea y la tortura, el abogado de Trout que teme sus reacciones, que sabe que es una bomba a punto de explotar y se debate entre salvarlo o dejar que lo condenen, otro abogado que vuelve a la ciudad y a través de él se ve cómo esa ciudad parece anclada en el tiempo y, hacia el final, el propio Trout que siente que la ley y la comunidad le da la espalda y estalla en un final violento, agónico.

La historia avanza con fuerza, se intuye el estallido final y aún así la tensión crece y se hace asfixiante, Trout está dibujado a través de las personas que le rodean, hay algo enigmático e imprevisible en él, hay escenas que tienen un tono irreal, desaforado. Dexter dibuja a unos personajes y una comunidad en el límite, algunos personajes violentos, otros hipócritas, la división patente entre blancos y negros, el miedo de estos últimos y la dignidad de una mujer que conserva en su cuerpo las balas que disparó Trout.

Paris Trout es un golpe en el estómago, es la tensión de Jim Thompson y la violencia de Sam Peckinpah y la mirada de Dexter sobre las pequeñas comunidades y los seres en el límite.



La otra persona mordida por un zorro fue una niña de catorce años llamada Rosie Sayers, que sufría frecuentes pesadillas.
Rosie Sayers era una niña alta, de huesos delicados, cuyos incisivos reposaban sobre sus labios, como bebés blancos y dormidos. Le daban miedo las cosas que no podía ver y se negaba a salir de su casa a menos que la obligaran.
La casa era de tejado plano y paredes combadas. Tenía cinco habitaciones y los tablones que formaban las paredes eran desiguales, por lo que desde cada una de las estancias podía verse el interior de la contigua.
Rosie vivía en esa casa con su madre y sus hermanos y hermanas. En total eran catorce personas, pero la niña nunca las había contado. Nunca se le había ocurrido hacerlo.
Los hermanos y las hermanas seguían durmiendo tranquilamente cuando Rosie chillaba en plena noche; los chillidos formaban parte natural de la vida, igual que el silbido de la respiración del más pequeño de los hermanos; pero las visitas que recibía su madre, al no estar acostumbrados a la aflicción de Rosie, a veces se sobresaltaban cuando la oían y a veces se ponían los pantalones apresuradamente, en la oscuridad, y se iban corriendo.
La madre llamaba «hechizos» a los sueños de la niña, y de vez en cuando le clavaba agujas en la espalda, a modo de exorcismo. Generalmente, después de que una de sus visitas se marchara en plena noche, Rosie se colocaba delante de ella, con la espalda desnuda, y se dejara hacer.
Pete Dexter
Paris Trout (traducción de Jordi Beltrán Ferrer. Círculo de lectores. Anagrama)


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Publicado por elchicoanalogo @ 8:30  | Libros...
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