Martes, 19 de junio de 2012

Hay un momento extraordinario en Viaje al pasado. Los protagonistas se reencuentran tras nueve años de separación, intentan retomar su relación donde la dejaron, reencontrar el pasado en el presente, llegan a una ciudad alemana para pasar una última y única noche juntos y se cruzan con un desfile de banderas y cruces gamadas. Ese encuentro con el desfile y la locura de una nueva guerra cambia la emoción de los amantes, llegan a un hotel, la habitación sin hacer, salen a dar un paseo por la ciudad como años atrás, las sombras juegan en el suelo y se entrelazan en un abrazo sobre la acera, intentan capturar la vieja emoción pero saben que su amor tuvo un tiempo y un espacio y que en el presente sólo queda una emoción distorsionada.

Viaje al pasado es una triste historia de amor de Zweig, no llega a la emoción de Carta de una desconocida pero tiene su voz elegante y delicada, dos seres que encuentran un amor inesperado, que se separan y pierden la oportunidad de darle una forma a ese amor. Él, un joven que ha crecido en un ambiente pobre, asqueado por trabajar en casas ricas donde le tratan como un don nadie, ella la mujer de un empresario, dulce, tranquila. Se encuentran en una habitación y algo cambia en ellos. Él ya no es un joven amargado, encuentra un hogar y un trabajo, ella siente una calidez inesperada.

Zweig describe un amor imposible, los amantes se separan cuando él es destinado a México por dos años, se prometen esperarse pero estalla la primera guerra mundial, el amor se ha aplacado por la distancia, ambos amantes han cambiado su vida, las han adecuado a la nueva situación. Tardan nueve años en volver a verse, los sentimientos regresan como un eco, se confunden el pasado y el presente, los viejos recuerdos y la realidad.

El viaje en tren para pasar una noche juntos es un extraño cruce de tiempos, intentan volver a ser los amantes que fueron, a captar aquellas emociones, pero dudan si siguen siendo los mismos amantes, si deben dar el paso que no dieron en el pasado nuevo años más tarde. Demasiadas dudas, demasiados sentimientos.

Viaje al pasado me enganchó en la llegada al hotel donde los amantes quieren retomar su relación, las sombras y los desfiles de cruces gamadas, los deseos a destiempo y las dudas, la tristeza que siente por la oportunidad perdida, por las dudas por no saber quiénes son y qué sienten, si el pasado es una sombra en el presente.



Dos años, dos meses, dos semanas simplemente, sin aquella suave luz sobre su camino, sin contar con sus amenas conversaciones todas las tardes... No, no, no lo podría soportar. Y lo que hacía sólo diez minutos le había llenado de orgullo, su misión en México, el ascenso, el poder creador, se había contraído, había estallado como una radiante pompa de jabón, y ya sólo quedaba la distancia, la ausencia, el cautiverio, el destierro, el exilio, la aniquilación, una separación a la que no se podía sobrevivir.

( … )

Siempre trataban de aprovechar unos segundos, segundos trémulos, furtivos, con el riesgo de ser descubiertos; sólo podían acercarse el uno al otro fugazmente, con las manos, con los labios, con miradas, con un beso ganado afanosamente, embriagados por la vaporosa, sensual y abrasadora presencia del otro. Pero nunca era suficiente, ambos sentían que nunca les bastaba. Se escribían tórridas notas, deslizaban en la mano del otro cartas ardientes, desesperadas, como si fueran escolares; ella se las encontraba por la noche, arrugadas bajo los insomnes almohadones; él, en el bolsillo de su abrigo, y todas acababan en un grito de angustia, en una desdichada pregunta: ¿cómo soportar un mar, un mundo, innumerables semanas, dos años separando sangre y sangre, mirada y mirada?
Stefan Zweig
Viaje al pasado (traducción de Roberto Bravo de la Varga. Acantilado)


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Publicado por elchicoanalogo @ 16:40  | Libros...
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