Viernes, 22 de junio de 2012

Escucho a Iribarren bajo la lluvia. Miro a un lado y me fijo en sus poemas. Me emocionan la voz de Iribarren, la lluvia en los árboles, los poemas. Encuentro un par de poemarios en la librería Cámara. Entro en el tren y uno versos al azar, anticipo la lectura, recuerdo la voz de Iribarren.

Atravesando la noche me deja sin aliento. Iribarren habla de ciudades, viento y bares, de derrotas cotidianas y días anodinos, de áreas de servicio y centro comerciales, del tiempo que pasa, desilusiones y extinciones. Leo sus poemas y siento que son fotografías, pequeños incidentes (como el título de uno de los poemas), Hay tristeza y dolor, hay momentos donde el viento nos ayuda a recordar la infancia, hay una mirada que se entrega a lo que ve, que registra aquello que sucede a su alrededor.

Karmelo C. Iribarren es uno de los descubrimientos más emocionantes de este año.



Los días normales

Llegan
y se van sin hacer ruido
-como buenos
clientes-,
luego el tiempo
los confunde en la memoria,
y ya no sabes
si aquel lunes era jueves
o al revés.

Que no te engañen,
no son tan poca cosa
como parecen:
                        suelen poder
con el amor.



En el tren

Entre Burgos
y Valladolid
al final de un pueblo
junto a una casa semiderruida
una mujer
de negro
nos mira
como si fuésemos
un pequeño acontecimiento.



Los bares

Las ciudades se han puesto difíciles
últimamente,
son frías
y solitarias,
han perdido calidez;
pero aún nos quedan los bares,
esos sitios
oscuros
que se encienden
cuando se apaga todo lo demás
esos rincones con alma,
con auténtico calor;
quién sabe
si ya el último refugio
desde el que abrir fuego otra vez.



La soledad es eso

La calle
tras la última sesión;
veinte llamadas
perdidas
sin respuesta;
otras tantas cervezas;
en el frío gélido del amanecer,
un tipo
atravesando un parking
hacia su coche...

La soledad es eso,
ahora lo sé:
                     lo que hay
antes y después de tu nombre.



Luces en la madrugada

Se acaba de encender
una ventana
en el edificio de enfrente.

Ha sido como un breve fogonazo,
como un pequeño flash.

Un niño de meses
-piensas-,
o la próstata de un viejo,
o algún insomne como tú,
o alguien que llega demasiado alegre...
Por último
se abre paso
la llamada de teléfono, esa
que parte para siempre la madrugada
en dos,
y a veces la vida también.
Karmelo C. Iribarren
Atravesando la noche (Huacanamo)


Tags: Atravesando la noche, Karmelo C. Iribarren, Huacanamo

Publicado por elchicoanalogo @ 21:45  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios