Lunes, 02 de julio de 2012

Busco los libros de junio entre las estanterías, hago una pequeña columna en una esquina y saco una foto. Mientras devuelvo los libros a las estanterías recuerdo el inicio de junio, la semana en una habitación de hospital, las diferentes consultas y especialistas, las pruebas que nos quedan por hacer. No pude leer nada en los primeros días de junio, lo intenté con varios libros de cuentos, pero no conseguía concentrarme en las palabras, me sentía sin un apoyo claro. Entonces, escribí algo que no es un libro en aquella habitación de hospital (cierro los ojos y veo una cruz de madera, un televisor negro colgado de la pared, una mesa de madera, la ventana a un campanario envuelto en una red y un jardín japonés). Me vacié al escribir aquellas páginas. Fue catártico. Fue necesario.

Dejo los libros en las estanterías, hojeo algunas páginas, me reencuentro con el protagonista de Kapitoil, los poemas de Iribarren, la voz certera de Sanmartín, recuerdo los poemas bajo la lluvia del parque, los gestos de Wim Mertens, la timidez de Kirmen Uribe, el abrazo de Ib que inició el festival de poesía de Bilbao. Fue un mes de poemas y cuentos cortos.

Este mes de junio he descubierto a Iribarren, su mirada alrededor y los poemas que hablan de pérdidas, seguir de pie, bares, cafeterías, lluvias, otras vidas. Me emocionó el poemario Apuntes para un futuro manifiesto de Chivite y encontrar una voz que siento amiga y cercana en Sanmartín y su dietario Hacia la tormenta. Descubrí la locura y los sueños que se confunden en Guía de Mongolia, un libro inesperado, salvaje y onírico, leí Kapitoil y sentí que estaba ante una historia de Frank Capra, regresé a Zweig y los cuentos póstumos de Vonnegut (Vonnegut me hace sonreír, es una sonrisa bumerán, puede ser alegre, irónica o extrañada). Y, sobre todo, terminé el mes con la relectura de Crónicas marcianas de Ray Bradbury (la primera vez: hace quince años). De nuevo la emoción por su voz triste y pesimista, por las imágenes de una soledad pura, por los pueblos marcianos extintos y los colonos terrestres que miran a un cielo estrellado y descubren la Tierra en llamas verdes.

Entre mis lecturas, un par de cuentos de Alice Munro, alguno de los ensayos y conferencias del último libro de Richard Ford, los poemas de Virginia Aguilar Bautista. Mi lectura actual, Utz, de Bruce Chatwin. Junio fue un mes para poemas en la lluvia.


Guía de Mongolia - Svetislav Basara (sueños y realidad confundidos, el espacio/tiempo descruzado, una historia alocada)
Apuntes para un futuro manifiesto - Fernando Luis Chivite (la mirada alrededor, la pausa, el tiempo que pasa)
Viaje al pasado - Stefan Zweig (una marcha de cruces gamadas, un amor imposible, un viaje en tren hacia la derrota)
Mientras los mortales duermen - Kurt Vonnegut (aparatos y máquinas impensables, una sonrisa irónica, dos desconocidos en una parada de autobús)
Hacia la tormenta - Fernando Sanmartín (la voz certera, la mirada a lo que nos rodea, las anotaciones sobre tiempos, películas, viajes, cuadros y personas)
Atravesando la noche - Karmelo C. Iribarren (cafeterías, centros comerciales, la vida apagada)
Kapitoil - Teddy Wayne (ser extranjero, la honestidad en el mundo de los negocios, un amor inconcluso)
Otra ciudad, otra vida - Karmelo C. Iribarren (la lluvia en los cristales, las bocas de metro, las miradas reflejadas en espejos)
Crónicas marcianas - Ray Bradbury (no hay palabras para describir la emoción por el reencuentro con este libro)

 

 


Tags: Svetislav Basara, Fernando Luis Chivite, Stefan Zweig, Kurt Vonnegut, Fernando Sanmartín, Karmelo C. Iribarren, Ray Bradbury

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