Jueves, 19 de julio de 2012

Fue por el título. El tren  nocturno de la Vía Láctea me hablaba de un viaje, un inicio y un lugar inalcanzable. Hojeé el libro en una cafetería de la estación, leí los títulos de los capítulos, hacían referencia a columnas de deseos, atrapapájaros, genios del viento. Fuera, los trenes de cercanías, el tren a Madrid, la sensación de que todo viaje empieza por un sueño.

Miyazawa escribe tres relatos tiernos, oníricos, entrañables, relatos donde la realidad y los sueños se mezclan hasta que no se distinguen entre sí, donde los niños pueden ser genios de viento, viajan en trenes que cruzan la Vía Láctea y hablan con los muertos en su camino a otros mundos. Me sorprendió la dulzura de Miyazawa, su voz queda, de cuento infantil donde todo es posible.

En El tren nocturno de la Vía Láctea el niño Giovanni sueña junto a la columna de los deseos un viaje en un tren extraño, diferente, que cruza un espacio inesperado. En ese tren, los muertos que viajan a su destino, niños naufragados, atrapapájaros, fareros, tutores, su amigo Campanella; los paisajes vistos a través de las ventanillas, la cruz del norte, la costa del pleoceno, el bosque misterioso, el nuevo mundo. Imaginé este cuento con una luz entre azulada y blanquecina, una luz de sueño y misterio, de noches donde se encienden faros para las fiestas de las estrellas. Giovanni es el único pasajero de ese tren con billete de vuelta, hablará con su amigo Campanella, con  los niños naufragados y pasará de la sorpresa inicia al asombro, la ira, el entendimiento. Este cuento es un viaje entre varios mundos, el mundo real y el onírico, el mundo de las creencias y la ciencia, es una historia pausada y cercana, me llevó a aquellas noches tumbado en la hierba y el cielo sobre mi cabeza, girando sin control. El tren nocturno de la Vía Láctea me recordó una vieja emoción.

Matasabaru, el genio del viento, es otro cuento protagonizado por niños. Son los primeros días de septiembre, se reanuda la escuela del pueblo (los niños de primero a sexto curso se agrupan en la misma clase) y hay un nuevo alumno vestido de forma occidental. Sus compañeros lo toman por Matasabaru, el genio del viento. Miyazawa describe esos primeros días de septiembre, las tardes de río, la niebla en los montes, las travesuras y juegos, el mundo que parece abrirse de nuevo para ser explorado. Hay, de nuevo, un cruce entre la realidad y lo onírico, un niño que puede esconder un genio dentro, un camino en la niebla, el sonido del viento.

Gauche, el violoncelista, es un cuento pequeño, un músico mediocre que, de madrugada, recibe la visita de varios animales con los que habla y ensaya sus composiciones. Esas intromisiones de los animales le convierten en un mejor músico, aprende a tocar de una manera diferente, viva, enérgica, llena de matices. Lo mejor del cuento, esas madrugadas donde Gauche habla con ratones, tejones, gatos, ratones de campo y cuclillos.

Kenji Miyazawa tiene una voz suave, me habla de la misma manera cálida que William Saroyan en La comedia humana, dibuja una realidad donde se disipa la frontera con el sueño, la naturaleza tiene su propia voz y los niños viajan en trenes por la Vía Láctea.



Si estudias y aprendes a distinguir lo cierto de lo falso, utilizando un buen método, te darás cuenta de que, al final, la fe es lo mismo que la ciencia. Mira, échale una ojeada a este libro. Es un tratado de geografía e historia. En esta página se describe la geografía y la historia de 2.200 años a.C. Fíjate bien, no cuenta cómo era en realidad, sino cómo lo veía la gente de aquellos tiempos. Por lo tanto, tan solo esta página equivale a un volumen entero de geografía e historia. ¿Verdad que me entiendes? Y lo que describe en ella era en su mayoría cierto en aquella época. Si buscas un poco, podrás encontrar montones de pruebas que lo confirma. Pero empieza a plantearte dudas y ya verás cuando pases a la página siguiente. En el año 1.000 a.C., la geografía y la historia ya habían cambiado bastante, ¿no? Y también son distintas a como se conocen en la actualidad. Pero no pongas esa cara de extrañeza. Nuestros cuerpos, nuestras ideas, la Vía Láctea, este tren, la historia... solo son como son porque así lo percibimos nosotros. Ahora, trata de relajarte conmigo, ¿estás listo?
El sabio levantó un dedo y lo volvió a bajar lentamente. Entonces Giovanni vio que él mismo y sus ideas, el tren, el sabio, la Vía Láctea... todos brillaban al mismo tiempo, apagándose luego en silencio y volviéndose a encender y apagar. Con cada destello de luz se descubría ante sus ojos un nuevo mundo, junto con una historia. Al apagarse, tan solo quedaba un enorme vacío. Poco a poco, las imágenes se sucedieron más y más rápidamente, hasta que, al final, todo quedó como al principio.
Kenji Miyazawa
El tren nocturno de la Vía Láctea (traducción de Montse Watkins. Satori)


Tags: El tren nocturno, de la Vía Láctea, Kenji Miyazawa, Montse Watkins, Satori

Publicado por elchicoanalogo @ 19:39  | Libros...
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Comentarios

Donde podria conseguir este libro, soy de Mexico 

Publicado por Ivan RodrigueZ
Jueves, 08 de noviembre de 2012 | 23:57
Publicado por elchicoanalogo
Viernes, 09 de noviembre de 2012 | 0:06