Martes, 24 de julio de 2012

Encuentro un cuaderno Rivadavia de color crema con unas notas escritas en Tucumán. En cada uno de mis viajes compro un cuaderno (a veces escribo pequeñas notas, a veces los dejo en blanco). Pierdo esos cuadernos entre los libros y cuando los encuentro tiempo después releo las palabras escritas. Me siento en el otro lado del espejo. 
 

(… y agosto era invierno)
 

Me siento en el parque de la avenida Mate de Luna a leer y ver el mundo alrededor. En el suelo, las flores violetas de los lapachos, los árboles de formas enrevesadas y ramas parecidas a alvéolos pulmonares. A veces Gabriela toma una de esas flores del suelo, hace un extraño arabesco con sus hojas y la explota con sus manos, un acto que me recuerda a mis días de infancia en Galicia cuando mi padre arrancaba una rama de un árbol y la hacía sonar como si se tratara de una armónica.

Hay un parque de juegos con un tren gusano, castillos hinchables y columpios. Los domingos, cerca de la medianoche, aún se puede sentir a docenas de niños que gritan alborozados y piden una vuelta más en el tren o juegan improvisados partidos de fútbol. Alrededor de los columpios, puestos de patatas, palomitas de maíz y artesanía. Las madres se sientan en los bancos mientras toman mate y vigilan a sus hijos. Hace poco besé a Gabriela en el parque y los niños exclamaron “¡se besan en público!” Gabriela y yo nos reímos y yo, travieso, la volví a besar delante de los niños.

Paso de las páginas de Lord Jim a un padre que lleva a sus hijos en bicicleta. A veces, uno de esos niños se baja de la bicicleta y recoge los tapones de las botellas de coca cola del suelo. Algunos estudiantes de bata blanca se sientan en los bancos y se besan. Un par de hombres envejecidos desmontan una cama improvisada con bolsas de plástico. Veo a unos niños que comen los restos de los desayunos del bar Mirasoles, de noche venden flores y quinielas entre las mesas de los restaurantes o piden una moneda. Y yo no sé a quién darle la moneda, por qué a un crío sí y a otro no. Los que no reciben una moneda me dicen que los que se han ido con cincuenta centavos se gastan el dinero en “los vídeos”.

***

Hay doce cuadras hasta el centro de Tucumán. Subo a la línea 4 de la empresa El corcel. En el reverso de los billetes de los colectivos se pueden leer frases como “verdaderamente rico es aquel que teniendo poco le sobra mucho” (Rharo) o “cuando no se puede corregir algo, lo mejor es saberlo sufrir” (Séneca). Me siento y observo el pequeño santuario que suelen poner los conductores en el cristal, estampas de santos y vírgenes o muñecos saltimbanquis. Suena cumbia. En algunas esquinas las calles se elevan más de un metro sobre el asfalto para guardar las casas de las acometidas de las riadas.

Entro en un par de librerías. Busco libros de Gelman, De Molinari, Pizarnik y Sabines. Me demoro en la búsqueda para perderme en otros libros, los detectives de Hammett, los cuentos de Borges, la trilogía de Levi. Encuentro un libro de Abelardo Castillo, salgo de la librería y busco una cafetería para leerlo. Cuando paseo solo extraño la mano de Gabriela que me guía por el centro.

***

Entro en un restaurante chino de tenedor libre que se encuentra en un antiguo teatro. La primera vez que entré vi la palabra Esplendor en un escenario vacío. Cerca del restaurante, han transformado un cine antiguo en una iglesia. Se acerca una mujer que vende mecheros, tiene unos 50 años, pelo encanecido, mirada tranquila y media sonrisa. Lleva un par de bolsas de plástico en una mano y un monedero en la otra. Saco unas monedas, me da tres mecheros y, al notar mi acento, me pregunta de qué parte de España soy, si me parece lindo Tucumán, cuánto cuesta el pasaje de avión. Contesto que soy del norte, que tengo el mar a sólo diez kilómetros, que mi tierra es montañosa, le digo que Tucumán es lindo, que he descubierto los lapachos y que me gusta estar acá, le aclaro que debe ahorrar unos 2500 pesos para el pasaje (me mira incrédula). La mujer me habla de sus raíces españolas, me dice que le tira la sangre y que le gustaría ver España antes de morir.


Tags: espacios en blanco, tucumán

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