Lunes, 30 de julio de 2012

Hace unos días explicaba a una amiga por qué era una tortuga, le confesaba que, cuando decía “estoy tranquilo”, quería decir “a pesar de todo intento sonreír”. En ese “a pesar de todo” estaban las dudas y los huecos a mi alrededor, las heridas y los momentos donde soy una montaña rusa. Con los años he aprendido a sonreír (y lo he hecho a través del dolor). Le había hablado de este proceso en una cafetería con libros de segunda mano en las estanterías (la descubrimos al encontrar el fin del mundo cerrado) y se lo repetí en una larga carta escrita a mano: a pesar de todo, sonrío.

Es. me trae un lunes de 2006. Hacemos trampas en estas semanas de ausencia de Anay, ella busca en sus archivos y elige un lunes. Es un trabajo arqueológico. Es. me envía un lunes que habla de la sonrisa como actitud. En aquel año no existía este blog sino otro (Antártida), no había bailado salsa en Serbia ni había descubierto los saltos en los abrazos, yo era parte de la estela de un avión, bailaba bajo la lluvia para demostrar que no tenía miedo a morir, hacía pequeñas locuras por amor. Ahora veo las estelas de los aviones desde la ventanilla de un tren, colecciono mapas, piedras y cruces de caminos, hago listas y cuentas regresivas, sonrío al escribir (sobre el pasado, brújulas, árboles y pasaportes) y al acariciar una pequeña tortuga.


Los lunes de Anay. Sonreír como actitud...

"Durar también es vivir, y en algunas sonrisas se puede descubrir el tiempo como en el tronco de los árboles. ¿Cuánto tiempo, cuánto fracaso, cuánto dolor vivido habían hecho posible su sonrisa? Porque se tarda mucho en aprender a sonreír. Sobre los ojos, sobre la boca, sobre las sienes pálidas se le quedaba la alegría, igual que si corriese un agua soleada bajo ella. Los años gastan la hermosura, pero no pueden desgastar la gracia, que se hace cada día más inasible, más suave. Yo la miraba y la miraba. Entre el labio inferior y la barbilla, después de ida la risa, aún le quedaba como un eco, un estremecimiento imperceptible, que después se detenía en sus hombros, en los débiles hombros que aleaban con un temblor de pájaro. Yo la he mirado mucho. Yo la miraba comprendiendo que la sonrisa es siempre más profunda que la alegría."
             LAS HOJAS VUELVEN - Luis Rosales -



Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.

Era alegría la mañana fría
y el viento loco y cálido que embiste.
(Alma que verdes primaveras viste
maravillosamente se rompía.)

Así la siento más. Al cielo apunto
y me responde cuando le pregunto
con dolor tras dolor para mi herida.

Y mientras se ilumina mi cabeza
ruego por el que ha sido en la tristeza
a las divinidades de la vida.
            JOSÉ HIERRO


Tags: Anay Sala Suberviola, Luis Rosales, José Hierro

Publicado por elchicoanalogo @ 16:51  | Los lunes de Anay
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