Domingo, 12 de agosto de 2012

(Veo el vídeo de la presentación de Medidas Cautelares, se suceden las cartas, los poemas, la música, y me emociono por su calidez, belleza y sinceridad. A veces el hogar es una ciudad, una persona, un poema, una canción o un gesto)


PRESENTACIÓN MEDIDAS CAUTELARES (Anay Sala Suberviola)

Cuando Elena, hace pocos días, me dijo que me estaban preparando la presentación de Medidas Cautelares en Mendavia, confieso que a la primera reacción de sorpresa e intriga – venir a mesa puesta, sin saber nada de lo que me iba a encontrar- le siguió una sensación de sonrisa amplia y agradecimiento, de certeza íntima, difícil de describir. Es una de esas veces en que notas, sientes, palpas, que la vida rima.

Había pospuesto la presentación del libro hasta septiembre, esperando y alegando no sé muy bien qué, algo que hasta ahora no he comprendido. Como me dijo Isaac Muñoz – para quien la palabra gracias se me queda corta- este libro “ha nacido en casa”. Y en casa es donde hay que presentarlo. Tiene mucho de aquí, de lo que aprendí aquí. Y el enclave elegido, la ermita de Legarda, es algo que me emociona especialmente.

Y es que Elena, mi hermana, me conoce muy bien.

Medidas Cautelares no es un poemario ligero, suave al tacto, como el anterior. Este es denso, críptico, incluso espeso a veces. Es el tono grave de una voz que se adentra en un túnel, en el que ya no se divisa ninguna luz y es precisamente en medio de esa oscuridad donde se esfuerza por recordar y activar los mecanismos de supervivencia. En la oscuridad se oye más, se percibe más, se divisan nuevas e inquietantes formas a las que hay que enfrentarse. Se agudiza el instinto y el silencio. El mayor escollo para avanzar es vencer el propio miedo, el miedo a tropezar, a caer, pero sin ese paso adelante, es imposible alcanzar la salida. Hay que ser prudente, pero osado a la vez. Caminar ya no por esperanza, sino por convicción. Eso es lo que, con más o menos fortuna, he intentado transmitir con este libro.

Me han preguntado muchas veces qué es para mí la Poesía. Como respuesta normalmente o balbuceo silencios o me pierdo en vaguedades. Pero hay una imagen que aquí, y sobretodo hoy,  quiero contar y que ilustra, como dice el refrán, mejor que mil palabras lo que para mí significa.

Cuando murió mi abuelo Julio, acompañamos al féretro en comitiva hasta el cementerio, como es costumbre hacerlo en Mendavia. Yo andaba todavía conmocionada, incapaz de pronunciar palabra, incapaz también de llorar. Veía cómo se iban incorporando personas al paso, acompañando a la familia, en respetuoso silencio. En medio de toda esa pena y de ese estupor del que no lograba salir, de pronto sentí una mano en el hombro. Me giré y ahí estaba Elena, que sin pronunciar palabra me miró y ella me abracé. Y pude por fin todo. La calidez del peso de esa mano no la olvidaré jamás. Fue una mano imprevista y necesaria.

Eso es para mí la Poesía. Una mano en el hombro, una mención. Una pregunta que se responde sola: ¿Qué te pasa? Yo lo sé . Aquí estoy.
Esa es la función del poema: Estar, nombrar. Incondicionalmente.

Lo aprendido queda, los cimientos sirven. Las medidas cautelares que vertebran el libro (orden, rigor, método y anticipación) son excelentes directrices de trabajo que me dieron en su día, y que rescaté para vertebrar el libro. Es trabajo previo, es sentarse a pensar.

La cita de Joan Margarit “La vida te habla en el lenguaje duro de aquel que ya no miente” coincide con el tono de los tiempos secos, ásperos, que por desgracia nos está tocando vivir. De esta tierra, de Navarra, me he llevado siempre algo que me han trasmitido desde pequeña: el valor de la superación. E intentar hacerlo de forma sobria, pero eficaz: “Sobreponte a los motivos/ Y hazlo bien”.

A veces,  los hechos son irremediables, impredecibles,  pero lo que sí depende de nosotros es cómo los afrontamos. Mi profesora de piano solía decir que podíamos equivocarnos al ejecutar una partitura, pero que en el final no, que el final teníamos que “clavarlo”. Procuro no olvidarlo y ahora más que nunca. El final siempre es la actitud.

Me gustaría acabar mi intervención leyendo un poema del anterior poemario, pero que ya recogía el tono que he desarrollado en el segundo. Permitidme, por favor, que dedique su lectura a mi abuelo y a todos sus coetáneos, que con su callado reconstruir, nos legaron valores como la cohesión y la entereza, que no podemos permitirnos el lujo de olvidar. Ojalá seamos capaces de tranmitir algo parecido a los que vienen detrás, esa cosecha heredada.



La casa sigue en pie
tras la tormenta.
En pie
Sobre cimientos de cristal.

Quizá con menos vigas,
Más austera.
Pero es la misma casa
Y sigue en pie.



Muchísimas gracias a todos.

Mendavia, 25 de julio de 2012


Tags: Medidas Cautelares, Anay Sala Suberviola, Mendavia, Rúbrica editorial

Publicado por elchicoanalogo @ 20:05  | Poes?a
Comentarios (3)  | Enviar
Comentarios

Te encontré por culpa del "sentido de la proporción", el azar hizo que abriera esta página y no otra, después sucedió que lo poco que alcancé a leer me atravesó... si no fuera porque estoy desvelada preparando un trabajo para la universidad que debo entregar en unas pocas horas me quedaría aquí, pero por ahora ese placer se aplaza por lo menos hasta mañana.

Te invito a conocer la poesía de Raúl Gómez Jattin... (ombligo de luna)

Publicado por Eliza
Lunes, 13 de agosto de 2012 | 7:42

Hola, Eliza, recuerdo aquello del "sentido de la proporción", escrito cuando este blog se llamaba después del naufragio. Acabo de leer ombligo de luna, está realmente bien, lo subiré esta semana, gracias por descubrirme la voz de Gómez Jattin. Yo te dejo uno de mis favoritos del último de Anay Sala. Un abrazo y fuerza para el trabajo de la universidad


Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 13 de agosto de 2012 | 8:57

Esto
es sólo una ventisca.

Un zarpazo del agua,
una requisa.

Una página en blanco,
una hoja sisa.

Pero aquello

Aquello fue perder.

Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 13 de agosto de 2012 | 8:58