Martes, 21 de agosto de 2012

Abro Poemas de amor a una piedra. Leo la dedicatoria de Juan Pardo Vidal. Sonrío (lo primero que me da este poemario), y recuerdo un mapa en la mochila, un cabaret ibérico, una conversación sobre Richard Yates y saltos en los abrazos. Empiezo a leer y algo hace clic. Los poemas me hablan de pieles frías o habitadas, de deseos por cumplir y dudas, de lluvia y pequeños giros cómicos e inesperados, de miedos y ausencias, de amores que nos dejan en tierra de nadie, de las palabras dichas (queremos olvidar algunas), de las palabras nunca pronunciadas (que acabamos por olvidar). Leo Poemas de amor a una piedra y me viene la imagen de un espejo que refleja al mismo tiempo qué vemos, lo que nos gustaría ver y lo que realmente hay delante de él. Hay momentos donde los poemas de Juan Pardo Vidal me hacen sonreír, otros donde la sonrisa se convierte en una mueca de dolor, en sentimientos que acuchilla.

Cierro el poemario de Juan Pardo Vidal y pienso en los mensajes que nunca escribí.

Cada día salgo a buscarte
con mi traje de buzo




La tristeza es mi color favorito
(el tuyo es mi dolor),
por eso he pintado las paredes
de una lluvia muy delgada
y he dejado, en las esquinas de mi vida,
hojas secas de un sauce muy antiguo
que obstinadamente sueñas para mí.

Hoy me he acordado de ti
y, sólo por eso, comenzó a llover.




Cuando llueve muy despacio
hay razones diminutas,
razones sobre la piel
que me empujan a vivir
entendiéndome contigo
en el espacio de tu sola presencia,
o ausencia,
o angostas galerías que conducen
a la locura.
A veces la piel se incendia,
y entonces, con un dedo
puedo señalar mi destino.




Supe,
desde el primer momento,
que la distancia que nos separaba
no era la muralla insalvable
de los amantes desconocidos,
tan sólo una barra metálica
en aquel pub irlandés.
Si eso no era poesía,
al menos era pasión,
y si no era un cuento de hadas
no me negarás que fue un buen principio.
-Si me pones otra cerveza
te entrego mi corazón.
(El hígado ya le pertenecía)




Podría decirte te quiero
y escribirlo tan despacio
que el amor que te tengo
floreciera mientras tanto.
O tal vez podría llamarte en sueños
porque el mundo es pequeño
que no puedo dejar
de estar despierto en tus ojos.
Pero no encuentro tus pasos
pues mi amor nunca ha sabido dónde está
el camino que conduce al corazón




A menudo me he preguntado
si soy yo quien elige mi destino,
conscientemente, desde el principio,
con la voluntad que se supone
a los seres libres como yo.

Y si esto es así,
por qué son tantas las dudas
sobre aquello que consigo,
cuando lo que anhelaba se me muestra
con tan insultante nitidez.

Sería más lógico pensar
que con el tiempo
olvidaríamos cuál es la diferencia
entre vivir y estar vivo.




No ha dejado de llover
desde el día en que te conocí.
Seis meses es mucho tiempo
y el agua llega a mi ventana.
Cada día salgo a buscarte
con mi traje de buzo,
pues aún no he perdido la esperanza
de encontrarte con vida
flotando sobre mis lágrimas.
Juan Pardo Vidal
Poemas de amor a una piedra (CELYA)


Tags: Poemas de amor, a una piedra, Juan Pardo Vidal, CELYA

Publicado por elchicoanalogo @ 19:48  | Libros...
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