S?bado, 01 de septiembre de 2012

Coloco las lecturas de agosto en una columna, dos poemarios, tres libros de relatos y dos novelas, y hago una foto. Cuando devuelvo los libros a las estanterías me doy cuenta de cómo en los últimos meses priman los cuentos y los poemas sobre las novelas.

Cerré agosto con los poemas densos y contundentes de Graciela Scarlatto (regalo de Ib) y los inteligentes y austeros cuentos de Peter Stamm, dos voces que me hablaron de manera desnuda y me regalaron imágenes de miradas en silencio, ventanas, reflejos, jardines y esperas.

Eggers y Piglia me aburrieron y fascinaron de la misma manera. Piglia consiguió sorprenderme cuando Respiración artificial se detenía en digresiones sobre Borges, Arlt o un supuesto encuentro entre Kafka y Hitler (en muchas páginas sentí esta novela como su título, artificial). De Eggers me quedo con un par de relatos de Guardianes de la intimidad donde se mezclan la ironía, los viajes, las andanzas de un perro entusiasta y un párrafo sobre el dolor: Si alguna pregunta necesitara respuesta en esta historia no sería solo una, sino muchas, y serían las siguientes: ¿cómo puede el mundo permitir esto? ¿Permitir que esta gente viva tanto? ¿Que viajen tantos kilómetros, al sur, a un lugar tan diferente pero igual de cómodo y que, en dicho lugar, vuelvan a encontrarse? ¿Permitirles estar juntos desnudos por primera vez? ¿Qué pensarían sus padres? ¿Qué pensarían sus amigos? ¿Alguien se opondría? ¿Quién planearía por ellos? ¿Cuántas veces en la vida podemos tomar decisiones que son importantes pero no herirán a nadie? ¿Estamos obligados -tal vez lo estemos- a aceptar cualquier opción que no hiera a nadie? Empleamos el término "herir" al hablar de cosas así porque cuando las cosas se tuercen es como si un animal enorme se estampara en tu esternón después de coger una carretilla de varios kilómetros para golpearte.

Los textos de Cruzando el paraíso me calaron de a poco, es algo que me ocurre con otros libros de Shepard, me habla de forma pausada, me enseña campos y caballos, habitaciones de motel y mujeres misteriosas, y lo hace sin estridencia. Es excepcional.

Los poemas de Juan Pardo Vidal consiguieron calmarme. Abrí el libro con un humor extraño y Poemas de amor a una piedra me tranquilizaron, me hablaron de lluvias, piedras, hombres buzos, finales y (des)amores.

Agosto fue para Madre noche de Vonnegut, una historia laberíntica, tierna, sarcástica, extraña y febril. La imagen de Howard W. Campbell junior detenido en la acera, sin saber dónde ir, esperando que alguien le marque el camino, cualquier camino, permanecerá en mí.

Entre lecturas, los poemas de Karmelo Iribarren y Anay Sala Suberviola y los cuentos de Alistair MacLeod. Mi lectura actual: Freelander de Miljenko Jergovic



Guardianes de la intimidad - Dave Eggers
Madre noche - Kurt Vonnegut
Cruzando el paraíso - Sam Shepard
Respiración artificial - Ricardo Piglia
Poemas de amor a una piedra - Juan Pardo Vidal
En jardines ajenos - Peter Stamm
Ciclo lectivo - Graciela Scarlatto

 





Tags: Dave Eggers, Kurt Vonnegut, Sam Shepard, Ricardo Piglia, Juan Pardo Vidal, Peter Stamm, Graciela Scarlatto

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