Domingo, 09 de septiembre de 2012

Hojeo el último libro editado de Murakami, leo en sus páginas Hotel Delfín, una modelo de orejas, desapariciones, y descubro que Baila, baila, baila es el regreso a los personajes y decorados de La caza del carnero salvaje. Asiento con la cabeza, sé qué me encontraré en territorio conocido, una historia extraña (mezcla entre Raymond Chandler y Philip K. Dick), un narrador que mirará dentro y fuera de sí y divagará ante lo que ve y siente, unos decorados que se moverán entre diferentes mundos (dimensiones), la sensación de pérdida, la necesidad de equilibrar el desorden y caos. Hacía un par de años que no leía una novela de Murakami. Sonreí con este reencuentro.

El narrador de Baila, baila, baila se define como un quitanieves cultural, redactor freelance de revistas de segunda, se deja llevar por una vida y emociones modestas, un piso pequeño, un Subaru con equipo de música, soledad, paseos en silencio. Su voz transmite agudeza y melancolía, parece que algo le separa de la vida, una pequeña frontera que lo muestra como alguien distante que no acaba de conectar con aquello que le rodea. Está desajustado. Tiene un sueño recurrente con el viejo Hotel Delfín donde se hospedó con una extraña mujer tiempo atrás (La caza del carnero salvaje). En el sueño, alguien llora por él. El narrador volverá a aquel hotel para buscar un sentido a su sueño, encontrar a la misteriosa mujer, empezar de nuevo.

Como decía Anay Sala en uno de sus poemas “volver no es regresar”, el protagonista no volverá al punto exacto donde dejó su vida tras abandonar el Hotel Delfín años atrás, lo primero que cambia es el propio hotel, ya no es aquel edificio viejo y extraño donde se alojó con la mujer misteriosa, ahora es un hotel moderno y aséptico. El decorado ha cambiado pero hay algo dentro de ese hotel que permanece, una puerta a otro mundo habitado por el hombre carnero. El hotel es un punto de partida donde el protagonista conectará con su pasado y nuevos personas, una recepcionista meticulosa y atractiva, una niña de trece años capaz de ver más allá de la realidad, el reencuentro con un antiguo compañero de colegio y el hombre carnero.

En Baila, baila, baila están los elementos característicos de las novelas de Murakami, el cruce entre diferentes mundos, la búsqueda del corazón perdido, el rock y el jazz, las calles de Tokio, los viajes, las preguntas sobre qué es real y qué sueño. Hay asesinatos, interrogatorios, viajes a Hawai, personajes extraños (un poeta manco, un policía “Literato”, prostitutas que dicen cucú, personajes que se mueven entre dos mundos). Es como cruzar El sueño eterno con Ubik.

Lo que me atrae de este libro de Murakami son los tiempos muertos: el personaje que habla de sus paseos por Tokio, de restaurantes y comida, de música (Talking Heads, Beach Boys, Boy George), nieve, lluvia y aquello que ve, la sensación de algo misterioso dentro de lo cotidiano. Y, también, la relación con Yuki, una niña de trece años capaz de ver las diferentes capas que hay dentro de este mundo. Se encuentran en el Hotel Delfín, vuelven juntos en un vuelo a Tokio, él se encarga de sacarla de casa, de hacer que coma sano, que no se sienta un bicho extraño por su sensibilidad, por unos padres que no se ocupan de ella. Esa relación marcará parte de Baila, baila, baila, conectará al protagonista con el adolescente que fue con quince años, le permitirá no perder de vista su corazón. Y es que todo es conexión en este libro. El protagonista está perdido, no acaba de cerrar la conexión y encontrar su lugar en el presente, en este mundo.

El protagonista ejecuta difíciles pasos de baile, se deja llevar, intenta encontrar una conexión, algo a lo que atarse, no perder su corazón. Me gustan este personaje (No dejes de bailar mientras suena la música. ¿Lo entiendes? Baila. No dejes de bailar. No pienses por qué lo haces. No le des vueltas ni le busques significados. En realidad, no significa nada.) y el espacio-tiempo alterado.


-Mi función aquí es conectar distintas cosas. Para que lo entiendas, soy como un cuadro de distribución. Este lugar es el nudo, y yo soy quien lo ata todo para que no se disperse. Lo conecto todo. Ésa es mi misión. Tú buscas algo, yo conecto y tú lo encuentras. ¿Entiendes?
-Más o menos -respondí.
-Bien -dijo el hombre carnero-. Ahora tú me necesitas, porque te sientes confuso. No sabes qué quieres. Te sientes perdido. Deseas ir a algún lado, pero no sabes adónde. Varios nudos se han deshecho. Has perdido cosas, pero no has encontrado nada que las reemplace. Por eso te sientes desorientado. Tienes la impresión de que no estás atado a nada. Y en realidad no lo estás.

( … )
 
Todo desaparece. Nos movemos sin cesar. Y al movernos, la mayoría de las personas que nos rodean acaban por desapareciendo. Es algo inevitable. Llegado el momento de desaparecer, desaparecen. Y mientras llega ese momento, siguen aquí. Tú, por ejemplo, estás creciendo. Dentro de dos años este precioso vestido ya no te servirá. Puede que los Talking Heads te parezcan anticuados. Ya no tendrás ganas de salir de paseo en coche conmigo. Nada podrá remediarlo. Dejémonos arrastrar por la corriente. De nada sirve que le demos vueltas.
Haruki Murakami
Baila, baila, baila (traducción de Gabriel Álvarez Martínez. Tusquets)





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Publicado por elchicoanalogo @ 17:47  | Libros...
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