Mi?rcoles, 12 de septiembre de 2012

Estoy en la cocina. Observo la lluvia contra los columpios. En la mesa, una veintena de cartas, fotos, discos, mapas y postales. Las cartas llegan cada mes. Abro el buzón y encuentro su letra en un pequeño sobre blanco, el matasellos de Hollywood, Tallahassee o Memphis. Podría construir un nuevo mapa con sus postales, Texas limitaría al norte con Maine, al sur con Vancouver, al oeste con Carolina del Norte y al este con Alaska.

Me escribe desde aeropuertos y cafeterías mientras espera para reanudar su viaje (escribe, tengo demasiado tiempo libre para el próximo avión), me habla de los casinos de Las Vegas, la música de jazz en las calles de New Orleans, los tótems canadienses. A veces siento la soledad en sus palabras, a veces la emoción por un descubrimiento (una calle, un edificio, una persona). Me dice que le hable de mí, que le cuente mis planes, cuál ha sido mi última lectura, mi último viaje, si he escrito el libro que llevo dentro. Le respondo (desde Ortuella, Mitrovica, Tucumán, Cádiz, Elche) que ya no hago planes, le hablo de una vagabunda en una estación de tren en Madrid, de estelas de avión en otros cielos, de mapas con círculos, líneas y equis que señalan el camino, le insisto en que lea a Kurt Vonnegut o Philip K. Dick y que he descubierto a las voces de Gombrowicz o Marisa Madieri, le cuento cómo avanza el libro que llevo dentro, un rompecabezas de fotografías que describen un viaje sin final, y le recuerdo que soy vago para escribir, que me basta con tener la historia dentro de mí.

Miro las fotos sobre la mesa de la cocina y sonrío con la imagen de una señal de aparcamiento en el desierto, una postal de Elvis y unos vaqueros alrededor de una fogata con una cafetera. Me quedo en con una foto en la mano: una casa de madera sobre cuatro pivotes blancos. Está en un muelle, los mástiles con las velas recogidas, las nubes grises (como las que observo tras la ventana), los charcos en la acera, la niebla sobre los montes. Es una imagen con una blancura extraña.

En una de las cartas encuentro un mapa de Alaska (me dice que la arrancó de la revista de Alaska Airlines), las líneas salen de Anchorage y se dirigen a lugares desconocidos, Prudhoe Bay, King Salmon, Bethel. Pienso en cómo los extremos de una línea están conectados fuera de un mapa.

 

 




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