S?bado, 29 de septiembre de 2012

Hojeo La luna se escapa, leo la cita de Hemingway con la que se inicia el libro (Imagínate que cada día tuviera uno que tratar de matar a la luna. La luna se escapa. Pero, ¡imagínate que tuviera uno que tratar diariamente de matar al sol! Nacimos con suerte), el título de las tres partes, Alegría, Dolor, Reconciliación, el inicio que habla de muerte y ese primer verano de la adolescencia donde el mundo cambia por primera vez. Me llevo el libro a una cafetería para descubrir la voz del filandés Rax Rinnekangas.

Lassi, el narrador, recuerda aquel verano donde conoció el sexo y la muerte. El inicio es idílico, un chaval de ciudad pasa el verano en el campo, los juegos con sus dos primos, las riberas, los ríos, los árboles donde escalar y ver el mundo desde otra distancia, la religión que marca el ritmo en la región, el lugar prohibido que es la cabaña de su abuelo, un hombre que abandonó a sus hijos en la segunda guerra mundial y se alistó en la legión extranjera. Hay un tono nostálgico en esta parte, el recuerdo de los trece años, ese momento donde los protagonistas dan un paso a la madurez y todo cambia y sienten que la vida es un lugar frágil. La escritura de Rinnekangas es cristalina en esta parte.

Si en Madre noche de Vonnegut el protagonista formaba una patria de dos con su mujer, los protagonistas de La luna se escapa ampliarán esa patria a tres. Sus juegos dejan de ser infantiles y dan sus primeros pasos en el sexo, dos hermanos y su primo de ciudad que se buscan y sienten que todo está bien, que ese es el orden del mundo, que no hay nada inmoral en su comportamiento, que hay una alegría y pureza en esos instantes de abandono y sexualidad. El mundo se transforma en una búsqueda de placer e intimidad, el sexo como un espacio cerrado donde sentirse libre, puro y ante un permanente misterio. "Se reflejaba en el modo en que Sonja se entregaba al acto alternadamanente encima de Leo y de mí. Con una expresión de concentración en su rostro empapado de sudor, subía y bajaba, se paraba y se volvía a poner en movimiento, ya sonriendo pacientemente ya enjugándose el sudor de la frente. Sin escatimar energías, Sonja se afanaba en alcanzar la meta que perseguíamos los tres, experimenta aquel insólito placer, aquella punzada. La asombrosa Sonja, a quien Leo y yo apenas sentíamos como un ser distinto, sino más bien como una parte de nosotros mismos. Pero aquello nos bastaba a Leo y a mí en aquellos fantasmagóricos días de nuestra luz de luna interior, pues no percibíamos a Sonja como una persona mortal. Ella desprendía una energía prodigiosa que nos hacía sentir superiores de lo que éramos. Aquella manera que tenía Sonja de tratarnos y de tratarse a sí misma nos hiz creer realmente que los tres vivíamos en un mundo en el que aparte de nosotros no había nadie más. Por aquella embriagadora sensación amábamos y adorábamos a Sonja". 

Lassi no sólo descubre el sexo en ese verano único, también la muerte. Su voz nostálgica se llena de dolor y miedos, de ausencia y dudas. La muerte se convierte en una presencia y un misterio tan fuerte como el sexo. Aquel adolescente que fue se siente frágil en ese mundo de muerte y dolor, en pocas semanas ha experimentado sentimientos extremos, por un lado siente que ha sido creado a través del descubrimiento del sexo con su prima, por otra parte la muerte irrumpe y corta ese mundo y sólo queda el vacío y la tristeza de la ausencia.

La luna se escapa es un libro hermoso, triste, pausado y sensual.



La muerte no nos preocupaba. No la habíamos sentido ni habíamos pensado en ella hasta que aquel verano se presentó en nuestras vidas.
En aquellos días soleados de verano, cuando todos nosotros, Sonja, Leo y yo, estábamos aún vivos, a menudo corríamos desenfrenadamente. Corríamos por separado, empujándonos unos a otros o dándonos las manos, riendo despreocupadamente o en silencio y al acecho, desde el patio de Latvala hasta la carretera, campo a través. Pasábamos por delante de los lejanos heniles y continuábamos hasta llegar a las ciénagas de Karkala. Corríamos por el lado del establo para bajar hasta la orilla del río. Pasábamos por debajo de la veleta de la rueda de palas del molino, y por encima del reflejo de su sombra, que se proyectaba hasta la playa, y seguíamos a través de los pastos del ganado cubiertos de hierba alta hasta llegar al término de la finca.
A veces nos sentábamos, embriagados de alegría, sobre los peldaños de la casita para la leche, que se encontraba al final del callejón, y balanceábamos nuestras pieras desnudas en una nube zumbadora de mosquitos. ¡Qué lleno estaba el aire de un sentimiento letárgico de solidaridad en aquellos momentos! Y que decidida y desesperadamente sola se alejaba la camioneta justo delante de nuestros ojos por la polvorienta carretera en su viaje hacia el norte.
Rax Rinnekangas
La luna se escapa (traducción de Jordi Trilla Segura. El Aleph Editores)


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Publicado por elchicoanalogo @ 21:16  | Libros...
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