Martes, 02 de octubre de 2012

En septiembre me reencontré con Murakami. Baila, baila, baila me atrajo por sus tiempos muertos, los momentos donde el narrador mira alrededor y cuenta lo que ve y lo que siente, una nevada, la lluvia, la costa hawaiana o los gestos de una adolescente de trece años capaz de ver más allá de la realidad. Estaban los elementos esperados en Murakami, el cruce entre sueño y realidad, la voz nostálgica y pausada de un narrador perdido, la música y las desapariciones. Tardé varios días en abrir otro libro. A veces una lectura me deja en silencio.

También volví a la voz entrañable y aventurera de Willian Saroyan y la intimista de Nicole Krauss. Los relatos de Saroyan me recordaron a las películas de Frank Capra o al Steinbeck de Tortilla Flat, la vida de los armenios instalados en el oeste americano, unos personajes pintorescos, el tiempo que avanza de otra manera, el muchacho protagonista que se toma la vida como una aventura. La gran casa de Krauss es una intensa, profunda e íntima historia sobre el dolor, la memoria, las relaciones amorosas y familiares. Krauss escribe con pausa, deja que se desarrolle la historia con tranquilidad, da la voz a diferentes personajes, cada uno con una herida, con una fractura dentro de sí.

La luz de la mesita de noche de Pardo Vidal me sacó una sonrisa, me hizo enamorarme de la protagonista, Pi, me habló de amor, distancias, matemáticas, gatos, los objetos que nos rodean y una mujer con los brazos en cruz en la Gran Muralla china.

Hubo nuevas voces, Jergovic y Rinnekangas. En Freelander, Jergovic escribe sobre un viaje de regreso de un viejo profesor y aprovecha ese viaje para contarnos los cambios en la antigua Yugoslavia. Su voz es irónica, febril, con un matiz de tristeza por una tierra extraña. Rinnekangas se detiene en ese primer verano de la adolescencia donde todo cambia y damos el primer paso en el mundo de los adultos. Me gustó su escritura cristalina e intimista, su forma de acercarse al sexo y la muerte.

Entre lecturas, los poemas de Iribarren, un par de cuentos de Macleod, un par de libros iniciados y abandonados en las primeras páginas, el silencio tras Baila, baila, baila. Mi lectura actual, Los días felices, de Isabel Bono.


Freelander - Miljenko Jergovic  
Baila, baila, baila - Haruki Murakami
La luna se escapa - Rax Rinnekangas
Me llamo Aram - William Saroyan
La luz de la mesita de noche - Juan Pardo Vidal
La gran casa - Nicole Krau
ss  

 


Tags: Miljenko Jergovic, Haruki Murakami, Rax Rinnekangas, William Saroyan, Juan Pardo Vidal, Nicole Krauss

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