Lunes, 15 de octubre de 2012

Subía al tractor en marcha. Apoyaba las manos en el remolque, daba un pequeño salto y me sentaba junto a los angazos, las forcas y las cuerdas. Veía el polvo del camino que levantábamos a nuestro paso. Dejábamos atrás la escuela en ruinas, el antiguo lavadero, el roble centenario, el límite de la aldea. Llegábamos a un cruce de caminos, a la izquierda los prados verdes y los manzanos junto a un riachuelo, a la derecha un descenso brusco y la oscuridad tras la maleza. El remolque se levantaba antes de hundirse en el camino. Me agarraba al borde del remolque, mis manos sobre la madera, las piedras y los surcos en el camino bajo mis pies, el ruido del motor y la línea de los montes. De espaldas a la dirección del tractor el mundo se movía de una manera extraña. Cuando más nos alejábamos de los montes más se acercaban a nosotros, parecían agrandarse, moverse a nuestro ritmo. Han pasado veinte años y, como los montes, aquellos días se agrandan cuanto más me alejo de ellos.


Los lunes de Anay. Rotondas...

"Consideré y sobrecogiome el pasmo..."
                                                           
CONFESIONES, San Agustín


¿Cómo he tardado tanto en darme cuenta?
Los datos anunciaban claramente,
hasta con fluorescentes de colores,
que había un error grave en mis esquemas.

Me obcequé en proseguir, empecinado
y tenaz, por la senda equivocada
-los datos recalcábanlo insistentes-
para llegar así a ninguna parte.

                                              JOSÉ MARÍA FONOLLOSA





...Feliz lunes.

Un beso,

Anay


Tags: Anay Sala Suberviola, San Agustín, José María Fonollosa, Chris Rea

Publicado por elchicoanalogo @ 16:57  | Los lunes de Anay
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios