Mi?rcoles, 17 de octubre de 2012

Un adolescente inquieto y desubicado, su voz inteligente, triste y mordaz, su mirada en las personas y objetos que le rodean: familia, compañeros, desconocidos, los muebles de la casa de su abuela, las obras de arte de la galería de su madre, los cuadros expuestos en museos, las calles de Nueva York, los huecos que dejaron los ataques al World Trade Center, la obsesión por el lenguaje y el silencio, las desapariciones, el sueño de no ir a la universidad y vivir en una casa antigua, sin nadie alrededor, y leer, solo leer. James Sveck, el narrador de Algún día este dolor te será útil, recuerda a Holden Caulfield y El guardián entre centeno, un muchacho que siente que algo está por romperse, que está ante las piezas sueltas de un rompecabezas y necesita la distancia justa para saber cómo encajarlas.

Peter Cameron escribe de forma entretenida e irónica sobre un muchacho desubicado y solitario que mira alrededor e intenta comprender el mundo en el que vive y el muro que lo separa de los demás. En esa mirada descubre las incongruencias de quienes le rodean, los diferentes muros que tiene dentro, el afectivo (sus relaciones familiares, no saber cómo manejarse en el amor), el lenguaje (como en las traducciones, el lenguaje filtra parte del pensamiento, se muestra incompleto), el social (su deseo es vivir solo en una casa antigua y leer, el silencio y la soledad como objetivos). Algún día este dolor te será útil es la voz de Sveck intentando descubrir qué quiere y qué debería hacer con su vida.

Para su familia y compañeros Sveck es un inadaptado. Sveck tiene una madre que se divorcia en plena luna de miel de su tercer matrimonio, su hermana sale con un hombre casado, su padre se opera la bolsa de los ojos, sus compañeros obedecen a un orden social extraño e impuesto, su psiquiatra intenta que hable a pesar de la convicción de Sveck por la incapacidad del lenguaje de mostrar fielmente los pensamientos y emociones. Sólo consigue un refugio en las conversaciones con su abuela, en los cuadros de Thomas Cole que muestran las cuatro edades del hombre, en la lectura, y las calles de Nueva York. Sveck se siente libre cuando desaparece y nada ni nadie puede alcanzarle, la mirada alrededor en silencio y soledad. Cameron habla sobre las toma de decisiones, seguir un camino pautado o uno nuevo y cómo algo se pierde en esa decisión.

Hay un momento de una sutileza emocionante. James Sveck mira a través de la ventana de un restaurante, observa los edificios y calles de Nueva York, el río Hudson, New Jersey, descubre las nuevas vistas que quedaron tras el ataque a World Trade Center y aparta la vista de ese paisaje transformado. Un par de frases, una vista desde un restaurante, un adolescente inteligente, la sensación de que importa no sólo aquello que vemos, también los huecos y los espacios en blanco.

El libro de Peter Cameron se puede conseguir en PriceMinister, está dentro de su concurso por elegir los mejores libros de 2012.



No le respondí porque de repente, durante uno o dos segundos, vi con claridad que no querer ir a la universidad se debía en parte al deseo de no avanzar, pues me encantaba estar donde me encontraba en aquellos momentos, un deseo inequívoco y profundo: allí sentado, en la cocina de mi abuela, tomando café recién hecho en una taza de porcelana y no en un vaso de papel con una tapa de plástico perforada, sentado en la cocina perfectamente ordenada y con la puerta trasera abierta para que penetrara en la casa un poco de brisa, el reloj eléctrico encima del fregadero zumbando imperceptiblemente día y noche y el suelo de linóleo desgastado de tantos años de fregar y refregar y tan suave como gamuza, mi abuela sentada delante de mí con un vestido que probablemente se compró hace cuarenta años y que se ha puesto un millar de veces desde entonces, escuchándome, aceptándome, al parecer, como nadie más lo hace y, en el exterior, el tranquilo sábado de verano, el mundo a nuestro alrededor aún no violado del todo por la estupidez, la intolerancia y el odio.

( ... )

- No me importa estar solo -le dije-. Ya me siento solo aquí, en Nueva York. Aquí es peor, porque donde quiera que vayas ves a la gente relacionándose, constantemente.
- Que las personas se relacionen no significa que no se sientan solas.
- Lo sé.
- Si yo estuviera en tu lugar, cogería el dinero y viajaría. Iría a México o a Europa o a Tailandia.
- No creo en los viajes. No los considero algo natural. Viajar ahora es demasiado fácil. No quiero ir a ninguna parte a donde no pueda llegar andando.
- ¿Entonces irás andando a Kansas?
- Me gustaría. Creo que la única manera de saber realmente dónde estás es ir a pie hasta allí o, por lo menos, permanecer en el suelo, ir en coche o en tren. Pero caminar es lo mejor: eso te da un auténtico sentido de la distancia.

( … )

Tener malas experiencias a veces es una ayuda, te aclara más lo que deberías hacer. Sé que esto parece demasiado optimista, pero es cierto. Quienes solo han tenido buenas experiencias no son muy interesantes. Puede que estén contentos y sean felices de alguna manera, pero son superficiales. Ahora te parecerá un contratiempo, algo que te complica la vida, pero... es demasiado sencillo vivir sin complicaciones. No es que la felicidad sea necesariamente simple, pero no creo que tú vayas a tener una vida fácil y será mejor para ti. Lo difícil es no dejarte abrumar por las malas rachas. No debes permitir que te derroten. Tienes que verlas como un regalo... un regalo cruel, pero regalo a fin de cuentas.
Peter Cameron
Este dolor algún día te será útil (traducción de Jordi Fibla. Libros del Asteroide)


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Publicado por elchicoanalogo @ 12:13  | Libros...
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