Jueves, 25 de octubre de 2012

Hace cuatro años una amiga me regaló la banda sonora que Eddie Vedder compuso para Into the wild y me recomendó la lectura del libro de Krakauer. Me hablaba del tono periodístico del escritor, de una voz que huía de la afectación y el énfasis y se dedicaba a hablar de un muchacho idealista que quería vivir fuera de una sociedad en derrumbe que se había alejado de la naturaleza. Compré el libro en un aeropuerto, en aquella época mis viajes eran modestos, no buscaba regresar a lo salvaje sino cerrar una herida. 

Krakauer presenta las piezas del rompecabezas, un muchacho que rompe con las ataduras de la vida moderna, su cuerpo encontrado en un autobús abandonado en Alaska, la conversación con el último hombre que lo vio con vida y reconstruye el camino que lleva a Chris McCandless de una vida ordenada a las rutas salvajes. Se mezclan las entrevistas con aquellos que se cruzaron en el viaje de Chris con las anotaciones de su diario (escrito en tercera persona, como si quisiera tomar distancia y hablar desde otro lugar de quién era y lo que buscaba), los párrafos que Chris subrayó en sus libros de Tolstoi, Thoreau, Pasternak, sus cartas y postales, la investigación para descubrir la identidad del cuerpo encontrado en Alaska, las opiniones de quienes leyeron la noticia y se dividían entre los que aplaudían la valentía de Chris o su estupidez y falta de preparación para vivir en un medio hostil o las propias vivencias de Krakauer como alpinista y viajero.

Krakauer no sigue una línea temporal definida, hay constantes saltos temporales, de la infancia de Chris y la imagen de un padre autoritario al autobús abandonado en Alaska, de sus trabajos en Dakota del sur a sus pensamientos sobre Thoreau y el significado de vivir de aquello que encontraba en la naturaleza. Implacable en sus ideales, Chris quemó sus papeles y el dinero, abandonó su coche, se quedó con una mochila en la que llevaba sacos de arroz, libros, un poco de ropa, quiso vivir al margen de la sociedad y descubrir qué y quién era. Un idealista influido por las lecturas de Thoreau, London y Tolstoi, una mirada que busca la soledad y se deja llevar y se emociona por aquello que la naturaleza le ofrece, un solitario y, a la vez, un muchacho sociable con quien conoce en sus viajes, un pequeño revolucionario que se sale de la senda marcada.

Hay momentos donde Hacia rutas salvajes es una sucesión de datos, nombres de lugares, rutas, montes y personas, otros donde se detiene y habla de cómo llegó a Alaska el autobús que cobijó a Chris, de otros muchachos que desaparecieron sin dejar rastro en lugares fuera de los mapas, de una pareja de vagabundos motorizada o un octogenario solitario que alentado por el muchacho vende sus posesiones y se muda a una zona desértica. A veces aburre, a veces te deja con un nudo en la garganta.

Hacia rutas salvajes funciona como reportaje, biografía y libro de viajes. La figura de Chris McCandless, su revolución, te empuja a leer este libro y recordar que hay otros mundos posibles, otras formas de vivir.




Los momentos que hemos pasado juntos han sido muy agradables y te agradezco de todo corazón la ayuda que me has prestado. Espero que nuestra separación no te haya deprimido demasiado. Puede que pase mucho tiempo antes de que nos veamos de nuevo. Pero, si consigo superar la prueba de mi viaje a Alaska y todo sale como espero, te prometo que volverás a tener noticias mías. Quiero repetirte los consejos que te di en el sentido de que deberías cambiar radicalmente de estilo de vida y empezar a hacer cosas que antes ni siquiera imaginabas o que nunca te habías atrevido a intentar. Sé audaz. Son demasiadas las personas que se sienten infelices y que no toman la iniciativa de cambiar su situación porque se las ha condicionado para que acepten una vida basada en la estabilidad, las convenciones y el conformismo. Tal vez parezca que todo eso nos proporciona serenidad, pero en realidad no hay nada más perjudicial para el espíritu aventurero del hombre que la idea de un futuro estable. El núcleo esencial del alma humana es la pasión por la aventura. La dicha de vivir proviene de nuestros encuentros con experiencias nuevas y de ahí que no haya mayor dicha que vivir con unos horizontes que cambian sin cesar, con un sol que es nuevo y distinto cada día. Si quieres obtener más de la vida, Ron, debes renunciar a una existencia segura y monótona. Debes adoptar un estilo de vida donde todo sea provisional y no haya orden, algo que al principio te parecerá enloquecedor. Sin embargo, una vez que te hayas acostumbrado, comprenderás el sentido de una vida semejante y apreciarás su extraordinaria belleza. En pocas palabras, deja Salton City y ponte en marcha. Te aseguro que sentirás una gran alegría si lo haces. Aunque sospecho que harás caso omiso de mis consejos. Sé que piensas que soy testarudo, pero tú lo eres aún más. En el viaje de regreso tuviste la portunidad de contemplar una de las grandes maravillas de la Tierra, el Gran Cañón del Colorado, algo que todo americano debería ver al menos una vez en la vida. Sin embargo, por alguna razón que no alcanzo a comprender, todo lo que querías era salir corriendo hacia casa tan rápido como fuera posible y volver a una situación donde siempre experimentas lo mismo. Mucho me temo que en el futuro seguirás teniendo las mismas inclinaciones y te perderás todas las maravillas que Dios ha puesto en este mundo para que el hombre las descubra. No eches raíces, no te establezcas. Cambia a menudo de lugar, lleva una vida nómada, renueva cada día tus expectativas. Aún te quedan muchos años de vida, Ron, y sería una pena que no aprovecharas este momento para introducir cambios revolucionarios en tu existencia y adentrarte en un reino de experiencias que desconoces.

( … )

Hace dos años que camina por el mundo. Sin teléfono, sin piscina, sin mascotas, sin cigarrillos. La máxima libertad. Un extremista. Un viajero esteta cuyo hogar es la carretera. Escapó de Atlanta. Jamás regresará. La causa: "No hay nada como el Oeste". Y ahora, después de dos años de vagar por el mundo, emprende su última y mayor aventura. La batalla decisiva para destruir su falso yo interior y culminar victoriosamente su revolución espiritual. Diez días y diez noches subiendo a trenes de carga y haciendo autostop lo han llevado al magnifico e indómito norte. Huye del veneno de la civilización y camina solo a través del monte para perderse en una tierra salvaje.

( … )

Al lado de otro pasaje («Y así resultó que sólo una vida similar a la vida de aquellos que nos rodean, fusionándose con ella en armonía, es una vida genuina, y que una felicidad no compartida no es felicidad […]. Y eso era lo más irritante de todo.» ), anotó: «LA FELICIDAD SÓLO ES REAL CUANDO ES COMPARTIDA.»
Es tentador considerar que esta última anotación constituye la prueba de que su largo período de aislamiento había cambiado de algún modo su forma de ver las cosas. Podría interpretarse en el sentido de que quizás estaba dispuesto a despojarse de la armadura que había construido alrededor de su corazón, de que pretendía abandonar su vida de vagabundo solitario, no rehuir más la intimidad y convertirse en un miembro de la comunidad humana en cuanto regresara a la civilización. Sin embargo, nunca llegaremos a saberlo, porque Doctor Zivago fue el último libro que pudo leer.
Jon Krakauer
Hacia rutas salvajes (traducción de Albert Freixa. Ediciones B para Zeta Bolsillo)


Tags: Hacia rutas salvajes, Jon Krakauer, Albert Freixa, Ediciones B

Publicado por elchicoanalogo @ 9:56  | Libros...
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