Mi?rcoles, 31 de octubre de 2012

Coloco los seis libros en una columna. Se mezclan los diferentes personajes, decorados, voces, diálogos, escenas y finales. Son seis mundos posibles.

Empecé octubre con el poemario Los días felices, de Isabel Bono, sobre días entre paréntesis, paisajes tras la ventana, pájaros, ciudades y pérdidas, una voz triste y profunda, unos poemas que te traspasan piel adentro. todo lo que no te cuento / lo que no cambia.

En Cuatro amigos, Trueba escribe una comedia a veces salvaje y gamberra, a veces lúcida y melancólica sobre amores perdidos, la renuncia, el fracaso y qué significa la vida adulta. Hay momentos donde Trueba te saca una carcajada, otros donde reflexiona sobre las pérdidas y descubrir qué somos y dónde estamos en un momento de nuestra vida. Miro mi vida en perspectiva y no he cumplido ninguna de esas metas tontas que te marcas de niña. Quería hacer cosas que nunca he sabido hacer, no dejo amigos, ni familia, ni casa ni nada de lo que pensé. Ni siquiera como suicida he tenido éxito. He pasado por la vida sin ninguna importancia para el mundo, y sin embargo te diré una cosa: me encanta la vida, me gusta, sé que no la he sabido manejar pero me gusta. Sé que he fracasado en todo, pero no me importa. Me satisface el hecho de haber existido, de que me hayan pasado cosas.

Dick habla de paranoia y autismo, de tiempos divididos, de un niño cuyo tiempo interior no coincide con el exterior y no puede comprender ni interactuar con el mundo que le rodea, de un Marte sucio, fronterizo, caciquil, un mundo que es el futuro y no admite anomalías. En Tiempo de Marte hay capítulos que describen el mundo del paranoico con precisión y fragilidad, tal vez sea la novela más autobiográfica que haya leído de Dick. Tiempo de Marte es tiempos que se solapan y producen ruido y laberintos.

Algún día este dolor te será útil me recordó a El guardián entre el centeno, un narrador adolescente que mira dentro y fuera de sí para descubrir un mundo lleno de dudas, máscaras y confusión. El narrador aspira a una casa antigua, tiempo para leer, tener un mundo propio fuera de las normas de la sociedad, sólo quiere dejar pasar ese tiempo que en Dick es confusión.

Hacia rutas salvajes es una crónica periodística de un muchacho que sí rompió con la sociedad y decidió vivir en consonancia con la naturaleza. Chris MacCandless, infatigable, idealista, soñador, inicia un viaje que le llevará hasta Alaska, en ese viaje abandonará papeles, dinero, coche, vivirá de trabajos temporales, se acercará a su sueño del norte, como London.

Terminé el mes con Herta Müller y Todo lo que tengo lo llevo conmigo. Müller habla de los alemanes rumanos en campos de trabajo forzoso ruso, habla del ángel del hambre y la pala del corazón, del tedio, las chimeneas, buhonear, los trozos de carbón, las plantas, semillas y ardillas para aplacar el hambre, de la época de pielyhueso. Cada capítulo una fotografía de la vida en un campo de trabajo forzoso. Es un libro denso, duro.

En octubre empecé libros de Cortázar, Yoshimura o Matheson que devolví a la estantería tras las primeras páginas porque no era su momento y releí los dos poemarios de Anay Sala Suberviola en una noche intensa. Todo es aire / en el acantilado.

Mi lectura actual, El señor Nakano y las mujeres de Hiromi Kawakami.


Los días felices - Isabel Bono
Cuatro amigos - David Trueba
Tiempo de Marte - Philip K. Dick
Algún día este dolor te será útil - Peter Cameron
Hacia rutas salvajes - Jon Krakauer
Todo lo que tengo lo llevo conmigo - Herta Müller

 

 


Tags: Isabel Bono, David Trueba, Philip K. Dick, Peter Cameron, Jon Krakauer, Herta Müller

Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios

Muy interesantes textos.

Publicado por Evaluna
Martes, 06 de noviembre de 2012 | 2:27

El de Trueba es tremendo...

Publicado por elchicoanalogo
Martes, 06 de noviembre de 2012 | 17:09