Lunes, 05 de noviembre de 2012

a)
Anota la dirección de la escuela de teatro en una servilleta roja. Le preocupa que me pierda en la ciudad. Me pasa la servilleta, memorizo la dirección de la escuela y las salidas de metro y la guardo en el bolsillo (ahora, esa servilleta con su letra está dentro de Rock Springs). Leemos los fragmentos de Chéjov y Shakespeare grabados en la mesa, le hablo de Ran de Kurosawa y de la historia que hay detrás de El imperio de los sentidos. Ella eligió la cafetería, se paró en medio de la calle mojada y quiso aventurarse dentro. Le deseo mucha mierda cuando nos despedimos en la puerta. Sonrío y recuerdo la comida y nuestra conversación en un pequeño bar de la latina (puertas de madera y contraventanas como mesas, un poemario grapado en un rincón, las paredes desconchadas y con una silueta de mujer, las escaleras que dan a un sótano extraño).

b)
Me detengo ante el edificio España. Queda un par de horas para el ensayo general. Callejeo sin mapas ni brújulas hasta que me pierdo (se lo confieso más tarde, ella sonríe). No encuentro un punto de referencia, un edificio o plaza que me ubique. Todo es nuevo y me dejo llevar por esa sensación de libertad. Llego a la escuela de teatro cinco minutos antes del inicio del ensayo.

c)
Cuatro actrices vestidas de blanco, una historia contada como un rompecabezas espacio-temporal, qué significa ser actriz y crear un personaje, las motivaciones y los miedos, las miradas del público y la sensación de fragilidad. Sigo sus movimientos sobre el improvisado escenario, oigo su voz y observo su mirada y me siento perdido como en la ciudad. No es ella, es el personaje que interpreta. Durante una hora me emociono con los matices de las miradas de las cuatro actrices. La espero en la calle. Cuando nos reencontramos le digo que estoy orgulloso de ella.

d)
Una vez me dijo viajo al sur para no perder el norte.


Los lunes de Anay. Subterfugios...

"La veleta, la cigarra.
Pero el molino, la hormiga."
                                           DÁMASO ALONSO


Aquel que se le acerca a usted
es un músico. Debe serlo
porque lleva una funda negra
en forma de violín.
Se le acerca al oído y murmura
algo que usted no entiende.
Usted le dice algo y él
no se entera tampoco, pero asiente,
luego frunce los labios como quien se concentra.
La seriedad es una variante del olvido:
nos ayuda a ser otro,
a construir distancias, a creer
que la piel es un límite.
Y es porque somos serios
que no sentimos en los labios
el aliento de un hombre que agoniza
a pocos metros de distancia;
gracias a nuestra seriedad
el impacto no logra hacernos
perder el equilibrio.
Y usted, entonces, mira al músico
y sonríe. Y yo sé que usted comprende
que los violines tocan
de otro modo, hoy en día.

                                        CHANTALL MAILLARD



...Feliz lunes.

Un beso,

Anay


Tags: Anay Sala Suberviola, Dámaso Alonso, Chantall Maillard, Vivaldi

Publicado por elchicoanalogo @ 17:22  | Los lunes de Anay
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