Jueves, 08 de noviembre de 2012

Hiromi Kawakami me ganó con El cielo es azul, la tierra blanca, una historia de encuentros, cruces y un amor inesperado entre una mujer y su antiguo profesor de japonés. Descubrí una voz sutil y pausada, una forma de escribir donde parece que no pasa nada (escenas y diálogos cortos e interrumpidos, el espacio y tiempo como piezas de un rompecabezas que se arma a medida que avanza la lectura, personajes perdidos y con una suave tristeza, la fragilidad y la duda del amor). Su escritura me recordó a la lluvia del norte, cala de a poco.

El señor Nakano y las mujeres transcurre en una tienda de segunda mano (no es un anticuario, como repite el dueño en varias ocasiones), se mezclan los objetos extraños y desordenados con la vida de los empleados de la tienda y los clientes. Son vidas que se cruzan, Hitomi, la narradora y dependienta, de mirada melancólica, Nakano, el dueño, que ama a las mujeres, Takeo, su ayudante, un hombre tímido que no sabe qué hacer con el amor y se aleja de las personas como medida de protección, Masayo, la hermana de Nakano, que hace muñecas y las expone. Y entre estos cuatro personajes centrales, los objetos de segunda mano que también cargan con una historia detrás, pisapapeles con forma de tortuga, un cuenco maldito, un abrecartas usado como puñal, fotografías eróticas, antiguas máquinas de coser. En el mismo espacio conviven diferentes tiempos, diferentes miradas.

Hitomi mira alrededor, a ese espacio lleno de objetos y personas, su mirada es pausada e introspectiva, habla de los objetos y la vida de quienes le rodean con una leve tristeza y fragilidad, como si nada fuese seguro y estuviese por romperse en cualquier momento. Observa al señor Nakano, sonríe cuando va al banco (un eufemismo para decir que se va a encontrar con su amante), intenta entender su relación con las mujeres (está casado, tiene una amante a la que engaña, le apuñala una mujer en un callejón, se preocupa por la vida sentimental de su hermana Masayo). A través de la mirada de Hitomi descubrimos a un hombre con varias capas, el dueño de una tienda de segunda mano capaz de tasar objetos y darles un valor, de llevarse las mejores piezas en los mercados de segunda mano; el hombre inquieto con varias amantes; el jefe paternal o el hermano preocupado. Es conmovedora la escena donde el señor Nakano le presta un texto escrito por su amante a Hitomi, no sabe qué pensar, cómo actuar ante las palabras escritas de su amante: No te apartes de la línea central. Desde la frente, el puente de la nariz, los labios, el mentón, el cuello, los pechos, el estómago, el ombligo y el clítoris hasta la vagina y el ano. Quiero que tu dedo me repase silenciosamente. Despacio, una y otra vez, sin pausa, moviéndose sin parar. Pero, sobre todo, que no se aparte de la línea central de mi cuerpo. Cuando tu dedo se deslice entre mis pechos, no quiero que se desvíe hacia el pezón, ni hacia la parte más estrecha de mi cintura. Que continúe siguiendo una y otra vez mi línea central. Todavía llevo la ropa interior puesta. Introduce tu dedo por debajo, sin desviarte del centro, y deslízalo con mucho cuidado por encima del clítoris, la vagina y el ano, pero no te detengas en ninguno de estos lugares. No frotes, no aprietes, no apliques la menor fuerza. Tienes que ser un poco más pesado que una pluma y un poco más ligero que una gota de agua resbalando por mi piel, no debes romper ese equilibrio. Sólo quiero que repases la suave línea de mi cuerpo, desde la frente hasta la rabadilla, con tu lascivo dedo corazón.

Como en El cielo es azul, la tierra blanca, hay una historia de amor sutil y extraña en El señor Nakano y las mujeres. Hitomi mira dentro de sí y ve a Takeo. Inician una relación cambiante donde se acercan o se alejan de forma inesperada, no consiguen equilibrar su amor, qué sienten y cómo entender sus emociones. Takeo no sabe acercarse al otro, es una tortuga que se esconde al menor atisbo de movimiento. Hitomi es frágil e insegura. Se cruzan pero nada sucede.

Leo a Kawakami y me parece que no pasa nada. Termino la lectura de sus libros y siento un nudo en la garganta. Me pregunto si es precisamente eso, que aparentemente no pase nada, que los personajes hablen con onomatopeyas o frases cortas y las escenas estén escritas con pequeños párrafos donde se mezclan tiempos, lo que me atrae de Kawakami. El señor Nakano y las mujeres es una novela entrañable, cálida, melancólica, habla de una familia extraña dentro de una tienda de segunda mano, hay vida en los objetos y fragilidades en los personajes.



Cuando tienes presbicia y quieres mirar a tu amante a los ojos, no puedes acercarte mucho a él. Hasta que no te alejas un poco no logras enfocar su cara. Tienes que alejarte si no quieres verlo todo borroso.
Hiromi Kawakami
El señor Nakano y las mujeres (traducción de Marina Bornas Montaña. Acantilado)


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Publicado por elchicoanalogo @ 16:08  | Libros...
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