Jueves, 15 de noviembre de 2012

En Tiempo de Marte Dick habla de paranoia y autismo, de un niño cuyo tiempo interior no coincide con el exterior y no puede comprender ni interactuar con el mundo que le rodea, de un hombre en el abismo de la locura que a veces se pierde en el tiempo, de un Marte sucio, fronterizo, caciquil, un mundo que es el futuro y no admite anomalías, de tierras conquistadas y nativos marcianos que vagan por el desierto, de tierras vírgenes por conquistar. Si Bradbury traslada la conquista de América a Crónicas Marcianas, Dick se acerca a aquellas historias de la conquista del oeste. La voz de Bradbury es limpia y fatalista, la de Dick fragmentada, desmañada desesperada.

Dick divide la historia en varias voces y miradas. No hay héroes ni villanos de una pieza, sólo hombres y mujeres desubicados metidos en un enigma que desconocen e intentan esclarecer, actúan a impulsos sin saber realmente qué ocurre a su alrededor, si aquello que viven es real o una mentira de su mente. En Tiempo de Marte hay un niño autista capaz de trastocar el tiempo, una lucha por el agua y el territorio virgen, un técnico que sufre brotes esquizofrénicos y ve despedazado el orden del espacio y el tiempo, mujeres que viven en granjas solitarias y miran el paisaje desértico a través de las ventanas y se preguntan qué hacen en aquel planeta, contrabandistas y sindicalistas, objetos que se reconstruyen una y otra vez por la falta de nuevas piezas, robots que ejercen de maestros, campos de reclusión para aquellos niños anómalos que hay que esconder porque Marte es sinónimo de futuro y perfección.

Los momentos más extraños y alucinados de Tiempo de Marte son las visiones del niño autista y del técnico psicótico, el tiempo parece despedazarse en sus visiones, el niño amedrentado porque no ve el tiempo que le rodea sino el futuro, la muerte que le espera a él y a cada rincón de ese planeta (la muerte como un edificio abandonado en mitad de una montaña rocosa), el técnico que no puede controlar algunos de sus ataques, se desconecta de la realidad, el tiempo se frena y ve los cuerpos como extraños mecanismos que se pudren piel adentro. El tiempo y el espacio producen fragilidad, ruido y laberintos.

Decía Bolaño sobre Tiempo de Marte: Dick es el primero, y si no el primero, el mejor, en hablar sobre la percepción de la velocidad, la percepción de la entropía, la percepción del ruido del universo, en "Tiempo de Marte", donde un niño autista, como un Jesucristo mudo del futuro, se dedica a sentir y a sufrir la paradoja del tiempo y del espacio, la muerte a la que todos estamos abocados (Entre paréntesis, anagrama). 



Para serle franco, Papá Bueno, yo emigré a Marte porque tuve un episodio esquizofrénico a los veintidós años, cuando trabajaba para el Emporio Corona. Estaba al borde del colapso. Tuve que mudarme de un complejo urbano a un sitio más sencillo, más libre, un lugar primitivo de frontra; o emigraba o me volvía loco. Ese edificio cooperativo: ¿se imagina una cosa que agrupa, piso sobre piso, como un rascacielos, y con tanta gente como para necesitar supermercado propio? Yo me volví loco en la cola de la librería. Todo el mundo, Papá Bueno, hasta la última persona de esa librería y del supermercado... vivía en el mismo edificio que yo. Era una sociedad de un solo edificio, Papá Bueno. Y hoy el edificio es pequeño comparado con otros que han construido. ¿Qué me dice?
- Vaya, vaya -dijo el Papá Bueno meneando la cabeza.
- Le diré qué pienso yo -dijo Jack-. Pienso que esta Escuela Pública y ustedes, las máquinas docentes, van a criar una nueva generación de esquizofrénicos, descendientes de gente como yo, que se está adaptando muy bien a este planeta. Como preparan a los niños para un medio ambiente que no existe, les van a dividir la mente en dos. Además ese medio ya no existe ni en la Tierra; está obsoleto. Pregúntele al docente Whitlock si una inteligencia auténtica no tiene que ser práctica. Yo he oído decir eso: que la inteligencia debe ser una herramienta de adaptación.

( … )

Ahora comprendo qué es la psicosis: una alienación total de la percepción respecto de los objetos del mundo exterior, sobre todo de los objetos que importan: la gente afectuosa. ¿Y qué ocupa su lugar? Una espantosa preocupación por... el inacabable ascenso y descenso de la marea del propio ser. Por los cambios que surgen dentro y sólo afectan al mundo interior. Es una escisión tal de los dos mundos que ninguno registra los movimientos del otro. Ambos siguen existiendo, pero cada cual por su cuenta.
Es la detención del tiempo. El fin de la experiencia, de cualquier cosa nueva. Una vez que una persona se vuelve psicótica, ya nunca le ocurrirá nada.
Y yo estoy en el umbral de eso. Tal vez siempre ha sido así; estaba implícito en mí desde el comienzo. Pero este niño me ha llevado muy lejos. Mejor dicho, he llegado muy lejos a causa de él.
Una identidad coagulada, fija e inmensa que borra todo lo demás y ocupa todo el campo.
Philip K. Dick
Tiempo de Marte (traducción de Marcelo Cohen. Minotauro)


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Publicado por elchicoanalogo @ 18:17  | Libros...
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