Domingo, 25 de noviembre de 2012

La sombra se despega de mis pies, crece delante de mí y se desvanece hasta la siguiente farola encendida. Dejo atrás el camino junto a la autopista, cruzo el puente del ahorcado, ya no hay farolas ni sombras, sólo el olor de la tierra y los pastos y la luna entre las nubes. Cierro los puños y aumento el ritmo de mi carrera, la boca abierta, una bola de aire en mi garganta y en mi pecho, las zancadas decididas sobre la tierra, la conciencia de mi cuerpo. Pierdo la estela de la luna tras los árboles.

A cada recuerdo, una zancada más fuerte y larga que la anterior. Es una lucha. Necesito sentir que me desvanezco en la oscuridad del camino, que nada permanece dentro de mí. Me deshago de luciérnagas, librerías donde no existe el espacio/tiempo, mapas con cruces y líneas dibujadas a bolígrafo, miradas que parecen desentrañar una fórmula matemática, vías de un tren en curva, las esperas y los regresos, los trucos de magia para parar la lluvia, los agostos invernales y las navidades en silencio. Sólo existe mi respiración.


Me apoyo en una valla, estiro las piernas, me atraganto y toso, siento los latidos en mi sien y espero a que regresen los recuerdos. Pero tú no estás.


Siento cuánto deseas perderte. Yo también lo sentí. Expandirse, contraerse, da lo mismo. Desaparecer no es el camino para liberarse. No es posible liberarse. Daniel, no hay posibilidad de huida definitiva y sorprendente. Tal es la verdad fría y mágica.
(Jim Dodge. Stone Junction. Traducción de Mónica Sumoy Gete-Alonso)


Publicado por elchicoanalogo @ 0:35  | (treinta segundos)
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