Mi?rcoles, 28 de noviembre de 2012

Lo estoy haciendo bien;
lo estoy haciendo
cada vez mejor.
Finalmente
perderé el corazón.
Pero eso no tiene importancia.
Lo principal
es la eficacia.
Lo estoy haciendo bien;
lo estoy haciendo
cada vez mejor.
Francisca Aguirre
Obra maestra (en Ensayo general. Calambur)


Tags: obra maestra, Francisca Aguirre, Ensayo general, Calambur

Publicado por elchicoanalogo @ 19:32  | Poes?a
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Martes, 27 de noviembre de 2012

Deja su bolso a un lado de la butaca, se quita el abrigo y me mira sorprendida, por primera vez se ve reflejada en mí. Nos abrazamos, juntamos nuestras caras, el calor de su mejilla en la mía, mi mano en su cintura, hablamos en gallego, ella con su acento madrileño, yo con el mío vasco, hablamos de Kaurismaki, Isabel Bono y Guadalupe Grande. Su cara redondeada, sus ojos inquietos, los gestos rápidos de la mano, la palabra fácil, abarcadora, inteligente. Hace un leve gesto con la cabeza y me reconozco en ella. Yo también estoy sorprendido por verme reflejado en su cara.

De niño era una presencia inalcanzable, alguien que inventaba historias para nosotros en los caminos de tierra y polvo. Hablaba de un plató de cine y el rodaje de una película de Supermán, nos desvelaba el truco de magia de su vuelo y un romance con Christoper Reeve, cómo hablaban en francés porque era el idioma del amor. Yo me creía sus historias, como creía en Tom Sawyer o John Silver, como creía en las meigas y las luciérnagas. Quería vivir sus aventuras, enamorarme de una mujer y hablar con ella en francés, desentrañar el misterio que se esconde tras una bobina de cine, volar aunque sólo fuese un truco de magia.

Me acaricia la mejilla y se despide de mí. La veo salir por la puerta del hotel. En nosotros confluyen otras historias, los años de posguerra, la muerte de la madre, los hermanos mayores que ocuparon su lugar para los menores, las zocas de madera como regalos de cumpleaños y las tardes de costura y carpintería.




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Lunes, 26 de noviembre de 2012

Nos detenemos en la sección de poesía. Sacamos poemarios de Leonard Cohen, Almudena Guzmán o Francisco Brines, leemos los poemas de la página noventa y nueve en silencio, a veces cerramos el poemario sin decir nada, a veces asentimos por una frase. Me pregunta qué imagen literaria sería, le respondo que una metáfora. Me mira y niega con la cabeza, no, dice, con tu nombre de tres efes sólo puedes ser una aliteración, y yo, dice, una hipérbole. Nos reímos y seguimos buscando entre las estanterías (en su mano, un libro de Auel, en la mía uno de Hrabal).

Recuerdo los textos escritos en estos cinco últimos años, las coordenadas que se repiten, los lugares comunes, las expresiones ecos, horizonte de sucesos, espacios en blanco, treinta segundos, después del naufragio, tortuga, mapas, piedras, reflejos y ecos. Soy una aliteración porque la hipérbole no me deja ser metáfora.

Abro el lunes de Anay. Leo el agradecimiento del inicio (la calidez de una sonrisa), leo su poema, (el silencio y el temblor). Por fin es lunes.


Los lunes de Anay, Fijar y avanzar...

21-11-12. Gracias.


"Para no ser ya más
que memoria de luz."
                                LUIS CERNUDA


EL CUENTO

Baste decir
que era un gran amor
con un puñal de niebla
entre las manos.

Baste decir
que no fue aquel verano.

Baste decir
que la alondra voló.

                                 ANAY SALA



...Feliz lunes.

Un beso,

Anay


Tags: Anay Sala Suberviola, Luis Cernuda, Alba Molina

Publicado por elchicoanalogo @ 17:35  | Los lunes de Anay
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Domingo, 25 de noviembre de 2012

Algunas noches me arrimo  
a tu calor bajo las mantas
como un niño asustado.
Necesito tocarte
urgentemente. Necesito
saber que estás ahí,
que estarás siempre. Sentir
que tengo cerca a un ser humano,
y que no estoy tan solo.
Karmelo C. Iribarren
Algunas noches, el miedo (en Seguro que esta historia te suena. Poesía completa. 1985-2012. Renacimiento)


Tags: algunas noches el miedo, Karmelo C. Iribarren, Seguro que esta historia, te suena, Renacimiento

Publicado por elchicoanalogo @ 2:15  | Poes?a
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La sombra se despega de mis pies, crece delante de mí y se desvanece hasta la siguiente farola encendida. Dejo atrás el camino junto a la autopista, cruzo el puente del ahorcado, ya no hay farolas ni sombras, sólo el olor de la tierra y los pastos y la luna entre las nubes. Cierro los puños y aumento el ritmo de mi carrera, la boca abierta, una bola de aire en mi garganta y en mi pecho, las zancadas decididas sobre la tierra, la conciencia de mi cuerpo. Pierdo la estela de la luna tras los árboles.

A cada recuerdo, una zancada más fuerte y larga que la anterior. Es una lucha. Necesito sentir que me desvanezco en la oscuridad del camino, que nada permanece dentro de mí. Me deshago de luciérnagas, librerías donde no existe el espacio/tiempo, mapas con cruces y líneas dibujadas a bolígrafo, miradas que parecen desentrañar una fórmula matemática, vías de un tren en curva, las esperas y los regresos, los trucos de magia para parar la lluvia, los agostos invernales y las navidades en silencio. Sólo existe mi respiración.


Me apoyo en una valla, estiro las piernas, me atraganto y toso, siento los latidos en mi sien y espero a que regresen los recuerdos. Pero tú no estás.


Siento cuánto deseas perderte. Yo también lo sentí. Expandirse, contraerse, da lo mismo. Desaparecer no es el camino para liberarse. No es posible liberarse. Daniel, no hay posibilidad de huida definitiva y sorprendente. Tal es la verdad fría y mágica.
(Jim Dodge. Stone Junction. Traducción de Mónica Sumoy Gete-Alonso)


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S?bado, 24 de noviembre de 2012

Un cuervo se posó en el árbol que hay frente a mi ventana.
No era el cuervo de Ted Hughes, ni el cuervo de Galway.
Ni el de Frost, ni el de Pasternak, ni el cuervo de Lorca.
Tampoco era uno de los cuervos de Homero, impregnados
de sangre coagulada tras la batalla. Era sólo un cuervo.
Que jamás encajó en parte alguna
ni hizo nada digno de mención.
Se quedó ahí en esa rama durante unos minutos.
Luego alzó el vuelo maravillosamente
y salió de mi vida.
Raymond Carver
Mi cuervo (en Todos nosotros. traducción de Jaime Priede. Bartleby Editores)

 

My Crow

A crow flew into the tree outside my window.
It was not Ted Hughes's crow, or Galway's crow.
Or Frost's, Pasternak's, or Lorca's crow.
Or one of Homer's crows, stuffed with gore,
after the battle. This was just a crow.
That never fit in anywhere in its life,
or did anything worth mentioning.
It sat there on the branch for a few minutes.
Then picked up and flew beautifully
out of my life.


Tags: Mi cuervo, Raymond Carver, My Crow, Todos nosotros, Jaime Priede., Bartleby Editores

Publicado por elchicoanalogo @ 20:31  | Raymond Carver
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Viernes, 23 de noviembre de 2012

El viento levanta las hojas del suelo, es un movimiento rápido, desenfoca los colores, se confunde el rojo con el amarillo y el gris. Entro en el parque y escucho el crepitar de las hojas, su sonido me recuerda el mar en calma o los grillos en las noches de verano. Un hombre apilas las hojas alrededor de los árboles, llego a uno de los montones y meto los pies en él, mis pies desvanecidos o transformados en hojas secas.

Me siento en uno de los bancos. Las hojas caen de los árboles, se mueven por las avenidas, se detienen en las patas de los bancos o en el muro de cemento que rodea el parque. Saco de la mochila un cuento de navidad de Auster, leo las primeras líneas, las ilustraciones de Isol para el cuento, un joven con camisa, las calles de la ciudad, fotografías, un hombre diminuto en una máquina de escribir, relojes, una cafetería, postales, un anciana ciega, un abrazo entre la anciana y el joven. Me fijo en lo que no hay, papá noeles, calles nevadas, chimeneas, regalos.

Se ilumina la esfera del reloj del parque. Parece una pequeña luna llena. Guardo el libro en la mochila, doy un último vistazo a las hojas y salgo del parque. Una niña señala la luna creciente en el cielo, le pregunta a su madre por el trozo que falta, cree que está rota. Camino en silencio y pienso que la niña tiene razón, que la luna está rota, que los pies pueden estar hechos de hojas secas, que en los cuentos de navidad no tiene por qué haber calles nevadas, que dentro de mí hay un mapa único en el que confluyen cientos de líneas.



He recorrido un largo camino,
el frío penetra mi ropa gastada.
Esta tarde el cielo está despejado,
¡cómo me duele el corazón!
Seihaku Irako (traducción Marina Bornas Montaña)


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Jueves, 22 de noviembre de 2012

En La ciudad, Mario Levrero construye una historia kafkiana y desasosegante, una especie de sueño extraño sin nombres ni límites en el que paisajes y personajes parecen descritos en blanco y negro. El narrador, una voz sin nombre, llega a su nueva casa, las paredes húmedas, los muebles colocados de extraña manera, el olor a cerrado, una especie de rompecabezas a medio hacer. Sale a la noche lluviosa, busca un almacén donde comprar algunos víveres, cree poder reconocer las calles y el camino pero se pierde en medio de la lluvia. Es un inicio extraño, la llegada a una nueva casa, el desasosiego por unos muebles desconocidos y colocados por los antiguos dueños, la salida en busca de un almacén, la noche y la lluvia que desorientan al narrador, ningún nombre que defina o describa ninguno de los lugares. Es como un mapa sin nombres.

La ciudad sigue con el mismo tono hasta el final, el narrador perdido, desubicado, se deja llevar por inercia. En medio de la noche lluviosa sentirá el ruido de un camión, hará señales para que pare e iniciará un viaje inesperado a lugares y personas desconocidos. Mojado y desorientado, el narrador comparte cabina con un camionero huraño y una mujer que lo increpa a la vez que busca su contacto. Fuera del camión está oscuro, no hay un lugar que sitúe al narrador, que le dé un lugar o un nombre.

El camionero abandona a la mujer y narrador en medio de un camino desconocido. Llegan a un extraño pueblo al que llaman la ciudad, un pueblo alejado de cualquier ruta con un almacén, una zapatería, un bar, una estación de servicio, algunas casas en ruina. Parece un pueblo fantasmal o un espejismo. El relato crece en inquietud y tensión, el narrador parece atrapado en una telaraña formada por los lugareños, por un pueblo desértico con unas reglas peculiares, con casas de escaleras y pasillos laberínticos que parecen guardar un inquietante misterio. La narración mantiene ese tono de sueño del que ni podemos despertar ni conocemos sus reglas.

Hay momentos inquietantes, el narrador rodeado de mapas y libros escritos en un idioma extraño, una habitación a la que no debe entrar, la desaparición de la mujer que le acompañaba y que le hace sentirse libre y a la vez atrapado en su recuerdo y su búsqueda, una estación de servicio con múltiples caras, ningún nombre que lo ubique, caminos de tierra, armas mentalmente la imagen del pueblo y sólo puedes imaginarlo polvoriento y en blanco y negro. El narrador parece perdido en una pesadilla de la que no sabe despertar.

Levrero construye una historia kafkiana, seguimos al narrador en su viaje sin nombres y, como él, sólo queremos un lugar, un nombre conocido, algo que nos diga dónde estamos para poder reanudar el camino y regresar.



La casa, al parecer, no había sido habitada ni abiertas sus puertas y ventanas durante muchos años.
El interior estaba en orden, aunque adecuado al gusto y las necesidades de los anteriores habitantes -equivalente, para mí, a un desorden-. Pero, quiero decir, no había objetos tirados en el suelo, y los muebles, en lugares que si bien podrían no ser los indicados para mi comodidad, no estorbaban el paso, ni ocupaban posiciones sin sentido (como suele ocurrir, de encontrar una mesa de luz con la puerta vuelta hacia la pared, o una cómoda colocada de tal modo junto a otro mueble que resulta imposible abrir sus cajones.
Quizá antes de entrar, en el momento de abrir la puerta, noté la humedad; las paredes y el techo goteaban, todas las cosas estaban húmedas, como cubiertas de baba, el piso resbaloso. Y el aire enrarecido, con olor a cerrado y a larga ausencia de seres humanos.

( ... )

Sucede que ves las cosas desde tu punto de vista, y cuando crees que algo es de una manera determinada no puedes admitir que, en la realidad, pueda ser de otro modo. -Volvió a adoptar esa expresión de profunda sinceridad, mirándome a los ojos-. Ves, por ejemplo, ese árbol; y estás convencido de que el viento trajo una semilla y allí creció, y que el año pasado estaba allí, y el anterior, y que siempre estuvo allí ese árbol. No se te puede ocurrir que, por ejemplo, pueda alguien haberlo trasplantado, porque no te parece lógico que alguien se tome el trabajo de trasplantar un árbol común, como hay tantos, hasta este sitio, donde, en apariencia, no cumple ninguna función, donde nadie repararía en él, ni podría distinguirlo de los otros árboles que crecen en gran cantidad cerca de la carretera. Pero, sin embargo, alguna función cumple el árbol: ya ves que me ha servido para explicarte cómo puedes estar equivocado en tu manera de pensar. Este hecho, ¿no justificaría que alguien (yo misma, por ejemplo, de haber tenido oportunidad) se tomara el trabajo de trasplantarlo a este lugar? ¿Y cómo puedes saber si he tenido o no oportunidad de hacerlo?
Mario Levrero
La ciudad (Plaza & Janés)


Tags: la ciudad, Mario Levrero, Plaza Janés

Publicado por elchicoanalogo @ 17:41  | Libros...
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Martes, 20 de noviembre de 2012

Quisiera estar en otra parte,  
mejor en otra piel,  
y averiguar si desde allí la vida,
por las ventanas de otros ojos,
se ve así de grotesca algunas tardes.

Me gustaría mucho conocer
el efecto abrasivo del tiempo en otras vísceras,
comprobar si el pasado
impregna los tejidos del mismo zumo acre,
si todos los recuerdos en todas las memorias
desprenden este olor
a fruta madura mustia y a jazmín podrido.

Desearía mirarme
con las pupilas duras de aquel que más me odia,
para que así el desprecio
destruya los despojos
de todo lo que nunca enterrará el olvido.
Ángel González
Otras veces (en Breves acotaciones para una biografía)


Tags: Ángel González, Otras veces, Breves acotaciones

Publicado por elchicoanalogo @ 19:03  | ?ngel Gonz?lez
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Le hago una foto junto al nombre del pueblo. Anochece, tengo que jugar con el diafragma y el obturador de la cámara. Miro a través del visor, lleva un vestido azul y rojo (ella dice que es un vestido etéreo), un chal blanco sobre los hombros, las gafas de sol en la mano. Posa como una modelo publicitaria y sonríe despreocupada. A su espalda, las farolas encendidas, el camino estrecho, los vecinos sentados en sillas a la puerta de sus casas. A mi espalda, una carretera secundaria junto a un río, los faros de un coche sobre el asfalto, los túneles bajo las montañas.

Paseamos por las afueras del pueblo. Me habla de los animales que cuidó en su infancia, de las casas donde creció tan parecidas a las que dejamos atrás, de aquel tiempo antes de cruzarnos por primera vez y que reconstruye para mí cada vez que nos encontramos. Sus espacios en blanco. Llegamos a un campo con porterías de madera. Se aparta del camino y entra en el campo. Observa el cielo. Levanta los brazos y se los lleva a la cabeza, es un gesto de sorpresa y emoción. Cuando la alcanzo me dice que nunca había visto un cielo tan estrellado. Sigo su mirada, busco la osa mayor y se la señalo. Ella está feliz por ver las estrellas, yo recuerdo otros cielos, el camino blanco de la vía láctea, las estrellas fugaces y los deseos igual de fugaces, las luces de las luciérnagas como pequeñas constelaciones terrestres, las tiras negras de la caña de azúcar entre las estrellas, la cruz del sur.

Un caballo pasta tras una de las porterías. Me quedo en silencio, el caballo arranca hebras de hierba, mueve la cabeza, a veces parece observarnos. Me pregunto si extrañará la niebla.


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Lunes, 19 de noviembre de 2012

Me dejó un enlace a unos poemas, se preguntaba si tendrían cabida en mi blog. No me dijo nada más. Abrí la página con los poemas de Anay Sala Suberviola, por primera vez su voz me dejaba del revés (me hablaba de una manera íntima e inteligente) y compartí El club de los visionarios en el blog. Luego supe que era su hermana (me gustó ese gesto, que me diese la libertad de llegar a los poemas de Anay a ciegas). Así llegué a Anay, así empezaron estos lunes. El misterio de coincidir.

El miércoles 21 de noviembre se presenta en la librería Laie el poemario Medidas cautelares, una noche para dejarse llevar por la voz de Anay, las ausencias, los fríos, los giros finales, el dolor de la lucidez, la mirada intensa y abarcadora. Merece la pena.

Medidas cautelares es uno de los libros de este año, como Verde agua, Montedidio, Pan comido, El chico del periódico o Madre noche.


Los lunes de Anay. Tributos...


"Qué felices teníamos que ser"

                                          JAVIER CÁNAVES


MEDIDAS CAUTELARES

Cubrir la espalda
con un mantel de trapo.

Posponer algunos fastos de lugar.

Esconder la baratija que desvela
que el amor, el amor
no será suficiente.

                                 ANAY SALA





...Feliz lunes.

Un beso,

Anay


Tags: Anay Sala Suberviola, Javier Cánaves, Medidas Cautelares, Elvis Prestley

Publicado por elchicoanalogo @ 15:54  | Los lunes de Anay
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Viernes, 16 de noviembre de 2012

Ib me habla de Isabel Tejada y me anima a que busque sus vídeos en youtube. Me siento como en aquellos libros de sigue tu aventura y creo que estoy tras un pequeño tesoro. Encuentro los vídeos de Isabel Tejada. Entonces, la mezcla de sus palabras con su voz, su mirada con los gestos de las manos y la música. Pienso en líneas de un mapa que confluyen en un mismo punto. Busco sus poemas en la red, encuentro su blog y descubro poemas intensos, viscerales, salvajes, tiernos, sensuales.

Leo en de la época del frío

hiéreme, mi talento es hacerte uso y sucumbir, cae, haz sobre mí te pido, rebásame intenso, húndete justo ahora como si pudieras derramarte, sé obstinado que debajo de ti nada pesa, nada importa, el impulso del tiempo o de la luz o mi tara, sólo dejarse abatir donde el cuerpo consumido ahora reposa



Leo en errata naturae

apenas un instante de luz y equilibrio
apenas un intento ya casi sin fuerzas
el curso de lo que remonta y reincide cerrando el círculo



Leo en lejos

y piensa en la envoltura
en los sábados en casa
en la enfermedad en la jubilación anticipada
en cada runa de sus ojos
en cada flor salvaje de sus ojos también tuyos sus ojos
en todas las cosas pequeñas que lentamente roe la luz
en todo lo suyo que nadie se detuvo a mirar que nadie se detiene a mirar
en que se le acaba el tiempo

Leo y escucho sus poemas y las palabras traspasan la pantalla.

Blog de Isabel Tejada 


 





Tags: Isabel Tejada

Publicado por elchicoanalogo @ 16:48  | Poes?a
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Jueves, 15 de noviembre de 2012

En Tiempo de Marte Dick habla de paranoia y autismo, de un niño cuyo tiempo interior no coincide con el exterior y no puede comprender ni interactuar con el mundo que le rodea, de un hombre en el abismo de la locura que a veces se pierde en el tiempo, de un Marte sucio, fronterizo, caciquil, un mundo que es el futuro y no admite anomalías, de tierras conquistadas y nativos marcianos que vagan por el desierto, de tierras vírgenes por conquistar. Si Bradbury traslada la conquista de América a Crónicas Marcianas, Dick se acerca a aquellas historias de la conquista del oeste. La voz de Bradbury es limpia y fatalista, la de Dick fragmentada, desmañada desesperada.

Dick divide la historia en varias voces y miradas. No hay héroes ni villanos de una pieza, sólo hombres y mujeres desubicados metidos en un enigma que desconocen e intentan esclarecer, actúan a impulsos sin saber realmente qué ocurre a su alrededor, si aquello que viven es real o una mentira de su mente. En Tiempo de Marte hay un niño autista capaz de trastocar el tiempo, una lucha por el agua y el territorio virgen, un técnico que sufre brotes esquizofrénicos y ve despedazado el orden del espacio y el tiempo, mujeres que viven en granjas solitarias y miran el paisaje desértico a través de las ventanas y se preguntan qué hacen en aquel planeta, contrabandistas y sindicalistas, objetos que se reconstruyen una y otra vez por la falta de nuevas piezas, robots que ejercen de maestros, campos de reclusión para aquellos niños anómalos que hay que esconder porque Marte es sinónimo de futuro y perfección.

Los momentos más extraños y alucinados de Tiempo de Marte son las visiones del niño autista y del técnico psicótico, el tiempo parece despedazarse en sus visiones, el niño amedrentado porque no ve el tiempo que le rodea sino el futuro, la muerte que le espera a él y a cada rincón de ese planeta (la muerte como un edificio abandonado en mitad de una montaña rocosa), el técnico que no puede controlar algunos de sus ataques, se desconecta de la realidad, el tiempo se frena y ve los cuerpos como extraños mecanismos que se pudren piel adentro. El tiempo y el espacio producen fragilidad, ruido y laberintos.

Decía Bolaño sobre Tiempo de Marte: Dick es el primero, y si no el primero, el mejor, en hablar sobre la percepción de la velocidad, la percepción de la entropía, la percepción del ruido del universo, en "Tiempo de Marte", donde un niño autista, como un Jesucristo mudo del futuro, se dedica a sentir y a sufrir la paradoja del tiempo y del espacio, la muerte a la que todos estamos abocados (Entre paréntesis, anagrama). 



Para serle franco, Papá Bueno, yo emigré a Marte porque tuve un episodio esquizofrénico a los veintidós años, cuando trabajaba para el Emporio Corona. Estaba al borde del colapso. Tuve que mudarme de un complejo urbano a un sitio más sencillo, más libre, un lugar primitivo de frontra; o emigraba o me volvía loco. Ese edificio cooperativo: ¿se imagina una cosa que agrupa, piso sobre piso, como un rascacielos, y con tanta gente como para necesitar supermercado propio? Yo me volví loco en la cola de la librería. Todo el mundo, Papá Bueno, hasta la última persona de esa librería y del supermercado... vivía en el mismo edificio que yo. Era una sociedad de un solo edificio, Papá Bueno. Y hoy el edificio es pequeño comparado con otros que han construido. ¿Qué me dice?
- Vaya, vaya -dijo el Papá Bueno meneando la cabeza.
- Le diré qué pienso yo -dijo Jack-. Pienso que esta Escuela Pública y ustedes, las máquinas docentes, van a criar una nueva generación de esquizofrénicos, descendientes de gente como yo, que se está adaptando muy bien a este planeta. Como preparan a los niños para un medio ambiente que no existe, les van a dividir la mente en dos. Además ese medio ya no existe ni en la Tierra; está obsoleto. Pregúntele al docente Whitlock si una inteligencia auténtica no tiene que ser práctica. Yo he oído decir eso: que la inteligencia debe ser una herramienta de adaptación.

( … )

Ahora comprendo qué es la psicosis: una alienación total de la percepción respecto de los objetos del mundo exterior, sobre todo de los objetos que importan: la gente afectuosa. ¿Y qué ocupa su lugar? Una espantosa preocupación por... el inacabable ascenso y descenso de la marea del propio ser. Por los cambios que surgen dentro y sólo afectan al mundo interior. Es una escisión tal de los dos mundos que ninguno registra los movimientos del otro. Ambos siguen existiendo, pero cada cual por su cuenta.
Es la detención del tiempo. El fin de la experiencia, de cualquier cosa nueva. Una vez que una persona se vuelve psicótica, ya nunca le ocurrirá nada.
Y yo estoy en el umbral de eso. Tal vez siempre ha sido así; estaba implícito en mí desde el comienzo. Pero este niño me ha llevado muy lejos. Mejor dicho, he llegado muy lejos a causa de él.
Una identidad coagulada, fija e inmensa que borra todo lo demás y ocupa todo el campo.
Philip K. Dick
Tiempo de Marte (traducción de Marcelo Cohen. Minotauro)


Tags: tiempo de marte, philip k. dick, Marcelo Cohen, Minotauro

Publicado por elchicoanalogo @ 18:17  | Libros...
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Mi?rcoles, 14 de noviembre de 2012

Del jueves 15 de noviembre al sábado 17 la ong Aida organizará un mercadillo solidario en el madrileño barrio de Malasaña, 5 euros el kilo de libros. Es una hermosa manera de ampliar nuestra biblioteca, buscar pequeños tesoros y echar una mano en estos tiempos. Comparto el correo que he recibido de Aida y el cartel del mercadillo:

Nos encanta compartir con vosotros que mañana jueves 15, el viernes 16 y sábado 17 nuestros libros dan el salto al barrio de Malasaña (Madrid). Organizamos un mercadillo solidario de libros al peso (5 € el kilo) y estaremos los tres días de 11.00 a 21.00 horas. Los beneficios se destinarán al proyecto de evacuación de niños con cardiopatías de Guinea Bissau. Os esperamos a todos y agradecemos la difusión que podáis hacer. Os adjuntamos un cartel con todos los detalles.

¡Un saludo y muchas gracias por vuestro apoyo!

http://www.ong-aida.org/aidabooks/



 


Publicado por elchicoanalogo @ 22:35  | Notas de prensa
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Lo que conoces
es tan poco
lo que conoces
de mí
lo que conoces
son mis nubes
son mis silencios
son mis gestos
lo que conoces
es la tristeza
de mi casa vista de afuera
son los postigos de mi tristeza
el llamador de mi tristeza.

Pero no sabes
nada
a lo sumo
piensas a veces
que es tan poco
lo que conozco
de ti
lo que conozco
o sea tus nubes
o tus silencios
o tus gestos
lo que conozco
es la tristeza
de tu casa vista de afuera
son los postigos de tu tristeza
el llamador de tu tristeza.
Pero no llamas.
Pero no llamo.
Mario Benedetti
Es tan poco (en Poemas del hoyporhoy)


Tags: Es tan poco, Mario Benedetti, Poemas del hoyporhoy

Publicado por elchicoanalogo @ 8:35  | Mario Benedetti
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Martes, 13 de noviembre de 2012

Cierro el paraguas con suavidad. Cae una lluvia fina y quiero mojarme, siento el camino que recorre en mi cara. Algunas gotas se cuelan entre la ropa y mi piel e imagino líneas de lluvia sobre mi cuerpo. Rodeo los charcos, la mochila en una mano, el paraguas en la otra. Observo mi sombra en el suelo y parezco un espantapájaros desubicado. 

He aprendido a moverme por la ciudad. Dibujo tres líneas en mi cabeza que cruzan río rosas, la castellana y maría de molina. Apenas noto la mochila roja en mi hombro. Me extraña su ligereza, siempre busco llenarla de libros, mapas, regalos y ropa para sentir su peso. En los semáforos me entretengo con la luz de las farolas sobre el asfalto mojado.

Por un momento creo verla. Entonces, me detengo y miro alrededor. Estoy frente a un starbucks y una pequeña cafetería de dos pisos. En este espacio, en otro tiempo, ella tras las gafas de sol, nuestro silencio incómodo y el frío de diciembre. Hay lugares donde me esperan recuerdos. Subo por la cuesta de maría de molina y la mochila pesa de una manera extraña.

Me siento en los escalones de la estación de avenida América, veo pasar a unas chicas vestidas a la moda de los años veinte. Sonrío con los vestidos de lentejuelas, las cintas en el pelo que sujetan plumas negras, los labios rojos y la piel pálida y pienso, que, tal vez, algún día pueda descubrir el misterio del espacio y el tiempo divididos.


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Le han recomendado tantas veces que busque las respuestas dentro de sí mismo que, un día, organiza una expedición. Equipado con un casco de espeleólogo, un machete, un piolet y cuerdas de alpinista, inicia la travesía. El primer paso es el más difícil. Tiene que concentrarse mucho para encontrar la rendija adecuada y, a presión, meterse dentro de su propia piel. El tránsito del exterior al interior le hace sudar y maldecir pero, con la ayuda de una maniobra de contorsionista y el ímpetu artificial que le proporcionan los antidepresivos, lo consigue (admirado por la eficacia del machete a la hora de abrirse paso y eliminar resistencias). El espacio que lo acoge no tiene nada que ver con el que había imaginado. Le habían hablado de un territorio casi ilimitado y, por si acaso, llevaba consigo un kit de supervivencia. Ahora, en cambio, mueve la cabeza para iluminar un espacio cerrado, oscuro, en forma de armario. Gracias a la disciplina aprendida en multitud de terapias, evita sacar conclusiones. Sabe que no le conviene precipitarse y se agarra a la posibilidad de encontrar, más allá de esta claustrofobia inicial, otros espacios. Para poder moverse con más facilidad, descarga la mochila y las cuerdas. Comprueba la consistencia de los límites que le rodean con la punta del piolet: toc, toc. Lo que ve —capas superpuestas de penumbra rodeando siluetas de estantes vacíos y de perchas sin ropa— no lo tranquiliza. Si éste es el armario en el que debía encontrar respuestas, piensa, mal asunto. Como siempre que se angustia, le entra hambre. Saca de la mochila dos barras proteínicas y las devora con la avidez de un náufrago. Lo que le pasa por la cabeza le satisface tan poco como lo que ve. No sabe qué esperaba encontrar pero la expectativa que le ha traído hasta aquí no incluía un mueble vacío. No necesita esforzarse para reconocer los síntomas de la decepción. Siente la tentación de disparar una bengala, a ver si, más allá del techo, hay algo aparte de este espacio, que, además, le parece que se está estrechando. Sólo es una impresión pero le basta para entender que, pese a que recuerda haber venido a buscar respuestas, ya no sabe a qué preguntas correspondían. Cuando, con asepsia o paternalismo, le hablaban del concepto «dentro de ti», nunca imaginó un espacio como éste. Ahora se da cuenta del error de haber creído que todo sería amplio, extenso, inabarcable. Que todo haya resultado tan oscuro e irrelevante quizá sea, especula, una respuesta. Si cuando inició este viaje no estaba dispuesto a admitir según qué cosas, ahora tampoco. Por eso, impulsado por el efecto proteínico de las barritas, se levanta y empieza a golpear violentamente el fondo del armario. Además de rabia, el impacto del piolet le transmite motivaciones más íntimas. Lentamente, consigue abrir un boquete y, al otro lado, entrevé el mundo de siempre. Animado, sigue golpeando. El furor recaudatorio de los policías poniendo multas le produce cierta ternura y el mar, colapsado por surfistas y motos acuáticas, le transmite una vitalidad tan reconfortante como el olor mezcla de sal, sardinas carbonizadas y crema de protección solar. Cuando consigue que el boquete sea lo bastante grande para salir de sí mismo, sin preocuparse de la mochila, las cuerdas, el machete, el piolet y las preguntas sin respuestas que deja atrás.
Sergi Pàmies
Supervivencia (en La bicicleta estática. Anagrama)


Tags: supervivencia, la bicicleta estática, sergi pàmies, anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 16:14  | Libros...
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Lunes, 12 de noviembre de 2012

Me mira en silencio y sonríe. Ahora es ella quien tiene que levantar la cabeza para encontrar mis ojos. Su cara guarda las huellas de sus hermanos, es ausencia, pasado y tiempo detenido. Se ríe cuando Elisa y yo hablamos en gallego, ella con su acento madrileño, yo con mi acento vasco. Me acaricia la barba, me abraza tres o cuatro veces, me dice “mi niño”, como sus hermanos me decían neno en aquel tiempo de luciérnagas en el camino. Me siento en los escalones de la avenida América y recuerdo.

Abro el lunes de Anay y me encuentro con Raymond Carver. Sonrío con este lunes. Llegué tarde a Carver, hace apenas cuatro años. El primer libro de cuentos me hizo sentir que algo se movía en mi interior. Desde entonces releo a Carver cada poco tiempo, cuentos y poemas, vuelvo a las casas junto al lago, las parejas que discuten en habitaciones de motel, los bailes sin música en mitad del invierno, las tartas que nadie recoge y los caballos en la niebla. Ha sido / esta espera la que ha venido conmigo / a todas partes. Pero ahora crece la esperanza / de que algo se levante y salpique.


Los lunes de Anay. Sucesos...

"Es ahora la hora. Y qué más da.
Sea a quien sea sal y abre la puerta."
                                                      CLAUDIO RODRÍGUEZ


CUBIERTOS

Haciendo trolling con el señuelo 20 pies detrás del bote
bajo la luz de la luna, ¡cuando el enorme salmón picó!
Y salió entero afuera del agua. Pareció pararse
sobre su cola. Después volvió a caer y se fue.
Temblando, seguí hasta el puerto como si nada
hubiera pasado. Pero había pasado.
Y pasó tal cual lo acabo de contar.
Me llevé el recuerdo a Nueva York
y más allá. Me lo llevé donde quiera que fui.
Todo el camino hasta aquí, hasta la terraza
del Jockey Club de Rosario, Argentina.
Desde donde miro el ancho río
que devuelve la luz de las abiertas ventanas
del comedor. Me quedo fumando un cigarro,
escuchando el murmullo de los socios
y sus mujeres adentro, el leve sonido
metálico de los cubiertos contra los platos.
Estoy vivo y bien, ni feliz ni infeliz,
aquí en el Hemisferio Sur. Por eso me deja
más perplejo que nunca
el recuerdo de ese pez perdido, alzándose,
dejando el agua y volviendo a ella.
El sentimiento de pérdida que me asaltó entonces
me asalta todavía. ¿Cómo transmitir algo de lo que siento
sobre este asunto? Adentro siguen
conversando en su propia lengua. Decido caminar
por la orilla. Es la clase de noche
que hace que hombres y ríos estén más cerca.
Camino un trecho, después me detengo. Advirtiendo
que no he estado cerca. No
durante muchísimo tiempo. Ha sido
esta espera la que ha venido conmigo
a todas partes. Pero ahora crece la esperanza
de que algo se levante y salpique.
Quiero oírlo, y seguir adelante.

                                             RAYMOND CARVER

...Feliz lunes.

Un beso,

Anay


Tags: Claudio Rodríguez, Raymond Carver, Anay Sala Suberviola, Leonard Cohen

Publicado por elchicoanalogo @ 15:52  | Los lunes de Anay
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Viernes, 09 de noviembre de 2012

Uno de los descubrimientos de este año es el blog poético Emma Gunst. Cada día, una entrada con una poeta, una selección de sus poemas y una fotografía. Es un gesto generoso y cálido. Entro en el blog y me sorprendo con Miriam Reyes o Mar Benegas, me reencuentro con Isabel Bono, Virginia Aguilar Bautista o Sharon Olds y me quedo en silencio con poemas como el de Raquel Lanseros.

 

Un joven poeta recuerda a su padre (Raquel Lanseros) 

Ahora ya sé que pasé por tu vida
como pasan los ríos debajo de los puentes,
-indiferentes, turbios, orgullosos-,
con la trivialidad desdibujada
de las pequeñas cosas que parecen eternas.
Muchas veces lo obvio
se oculta tras un halo de extrañeza,
tras la costumbre lenta, indistinguible
del aura fugitiva de las vivencias únicas.
Es difícil saber
que la belleza abrupta del vivir cotidiano,
tan desinteresada de sí misma,
nacida sin clamor ni pretensiones
es en esencia tan mágica y rotunda
que resulta imposible de imitar a propósito.
Y es aún más difícil
comprender que la fiesta de las cosas sencillas
casi siempre termina
mucho antes que la voluntad del festejado.
Inmóvil vi pasar ante mis ojos
el desfile callado de tu vida
con tus sueños cansados en otoño,
tus alegrías de puertas para adentro
y tus desvelos discretamente cálidos.
Creo acertar si digo
que nunca te di nada que no fuese
un préstamo a mí mismo.
Te pedí, sin embargo, tantas cosas.
Hoy, inmóvil de nuevo, asisto inerme
a este desfile amargo de tu ausencia
mientras mi corazón -dividido y atónito-
comienza a descubrir que la vida va en serio.
Te recuerdo. Hace frío
y el frío me devuelve
aquella forma tuya tan sutil
de ofrecerme a la vez un corazón errante,
la suerte en un casino de Las Vegas,
la lluvia indescifrable del desierto,
los versos de Machado en un suburbio.
Ahora ya sé que pasé por tu vida
indolente y confiado, -sin asombro-,
como suelen vivir todos los hombres
que no conocen todavía la pérdida.
Raquel Lanseros
Un joven poeta recuerda a su padre (en Los ojos de la niebla, Visor Libros)


Tags: Un joven poeta recuerda, Raquel Lanseros, Los ojos de la niebla, Emma Gunst, visor

Publicado por elchicoanalogo @ 20:07  | Poes?a
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Jueves, 08 de noviembre de 2012

Hiromi Kawakami me ganó con El cielo es azul, la tierra blanca, una historia de encuentros, cruces y un amor inesperado entre una mujer y su antiguo profesor de japonés. Descubrí una voz sutil y pausada, una forma de escribir donde parece que no pasa nada (escenas y diálogos cortos e interrumpidos, el espacio y tiempo como piezas de un rompecabezas que se arma a medida que avanza la lectura, personajes perdidos y con una suave tristeza, la fragilidad y la duda del amor). Su escritura me recordó a la lluvia del norte, cala de a poco.

El señor Nakano y las mujeres transcurre en una tienda de segunda mano (no es un anticuario, como repite el dueño en varias ocasiones), se mezclan los objetos extraños y desordenados con la vida de los empleados de la tienda y los clientes. Son vidas que se cruzan, Hitomi, la narradora y dependienta, de mirada melancólica, Nakano, el dueño, que ama a las mujeres, Takeo, su ayudante, un hombre tímido que no sabe qué hacer con el amor y se aleja de las personas como medida de protección, Masayo, la hermana de Nakano, que hace muñecas y las expone. Y entre estos cuatro personajes centrales, los objetos de segunda mano que también cargan con una historia detrás, pisapapeles con forma de tortuga, un cuenco maldito, un abrecartas usado como puñal, fotografías eróticas, antiguas máquinas de coser. En el mismo espacio conviven diferentes tiempos, diferentes miradas.

Hitomi mira alrededor, a ese espacio lleno de objetos y personas, su mirada es pausada e introspectiva, habla de los objetos y la vida de quienes le rodean con una leve tristeza y fragilidad, como si nada fuese seguro y estuviese por romperse en cualquier momento. Observa al señor Nakano, sonríe cuando va al banco (un eufemismo para decir que se va a encontrar con su amante), intenta entender su relación con las mujeres (está casado, tiene una amante a la que engaña, le apuñala una mujer en un callejón, se preocupa por la vida sentimental de su hermana Masayo). A través de la mirada de Hitomi descubrimos a un hombre con varias capas, el dueño de una tienda de segunda mano capaz de tasar objetos y darles un valor, de llevarse las mejores piezas en los mercados de segunda mano; el hombre inquieto con varias amantes; el jefe paternal o el hermano preocupado. Es conmovedora la escena donde el señor Nakano le presta un texto escrito por su amante a Hitomi, no sabe qué pensar, cómo actuar ante las palabras escritas de su amante: No te apartes de la línea central. Desde la frente, el puente de la nariz, los labios, el mentón, el cuello, los pechos, el estómago, el ombligo y el clítoris hasta la vagina y el ano. Quiero que tu dedo me repase silenciosamente. Despacio, una y otra vez, sin pausa, moviéndose sin parar. Pero, sobre todo, que no se aparte de la línea central de mi cuerpo. Cuando tu dedo se deslice entre mis pechos, no quiero que se desvíe hacia el pezón, ni hacia la parte más estrecha de mi cintura. Que continúe siguiendo una y otra vez mi línea central. Todavía llevo la ropa interior puesta. Introduce tu dedo por debajo, sin desviarte del centro, y deslízalo con mucho cuidado por encima del clítoris, la vagina y el ano, pero no te detengas en ninguno de estos lugares. No frotes, no aprietes, no apliques la menor fuerza. Tienes que ser un poco más pesado que una pluma y un poco más ligero que una gota de agua resbalando por mi piel, no debes romper ese equilibrio. Sólo quiero que repases la suave línea de mi cuerpo, desde la frente hasta la rabadilla, con tu lascivo dedo corazón.

Como en El cielo es azul, la tierra blanca, hay una historia de amor sutil y extraña en El señor Nakano y las mujeres. Hitomi mira dentro de sí y ve a Takeo. Inician una relación cambiante donde se acercan o se alejan de forma inesperada, no consiguen equilibrar su amor, qué sienten y cómo entender sus emociones. Takeo no sabe acercarse al otro, es una tortuga que se esconde al menor atisbo de movimiento. Hitomi es frágil e insegura. Se cruzan pero nada sucede.

Leo a Kawakami y me parece que no pasa nada. Termino la lectura de sus libros y siento un nudo en la garganta. Me pregunto si es precisamente eso, que aparentemente no pase nada, que los personajes hablen con onomatopeyas o frases cortas y las escenas estén escritas con pequeños párrafos donde se mezclan tiempos, lo que me atrae de Kawakami. El señor Nakano y las mujeres es una novela entrañable, cálida, melancólica, habla de una familia extraña dentro de una tienda de segunda mano, hay vida en los objetos y fragilidades en los personajes.



Cuando tienes presbicia y quieres mirar a tu amante a los ojos, no puedes acercarte mucho a él. Hasta que no te alejas un poco no logras enfocar su cara. Tienes que alejarte si no quieres verlo todo borroso.
Hiromi Kawakami
El señor Nakano y las mujeres (traducción de Marina Bornas Montaña. Acantilado)


Tags: el señor Nakano, Hiromi Kawakami, Marina Bornas Montaña, Acantilado

Publicado por elchicoanalogo @ 16:08  | Libros...
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Mi?rcoles, 07 de noviembre de 2012

Soy alta;
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.
He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.
Gloria Fuertes
Al borde


Tags: Al borde, Gloria Fuertes

Publicado por elchicoanalogo @ 22:11  | Poes?a
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Martes, 06 de noviembre de 2012

Vacío los bolsillos sobre la mesa. Un mapa y billetes del metro, una servilleta roja con su letra y una dirección de una escuela de teatro, un reproductor de música, monedas, un folleto de una tasca de comida vasca, un par de caramelos y una pequeña piedra con forma de bumerán, su curva se acomoda a la yema de mi dedo pulgar, es suave y fría. Cada objeto es una estela.

Pierdo el horizonte de vista. Miro alrededor y el mundo se ha convertido en puntos de luz, las líneas de las farolas sobre la calle, las luces intermitentes de los coches, las ventanas que se iluminan por unos segundos antes de volver a apagarse. Siempre creo que hay una vida interesante detrás de las ventanas iluminadas. Busco estrellas entre los claros del cielo. No hay sonido (no hay luciérnagas en el camino), sólo movimientos mudos de luz y sombra. Me extraña ese movimiento silencioso. Abro la ventana y escucho el pequeño eco de la ciudad a medianoche. Por un instante siento que no hay huecos dentro de mí.

Me acerco a los objetos sobre la mesa. Guardo la servilleta dentro de las páginas de Rock Springs, tiro a la papelera el folleto de la tasca y leo las diferentes estaciones en los billetes de metro (en uno de los trayectos, una adolescente con un corazón pintado en la mano, el centro del corazón gris, el borde verde y un nombre en negro: Mel). Apago las luces de la habitación, sólo queda el reflejo de las farolas y las ventanas en las paredes. Cada día renuncio (a ti).


El tiempo,
la templaza,
cifran mi voluntad.

Pero mi corazón
cabalga solo.
Anay Sala Suberviola


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Lunes, 05 de noviembre de 2012

a)
Anota la dirección de la escuela de teatro en una servilleta roja. Le preocupa que me pierda en la ciudad. Me pasa la servilleta, memorizo la dirección de la escuela y las salidas de metro y la guardo en el bolsillo (ahora, esa servilleta con su letra está dentro de Rock Springs). Leemos los fragmentos de Chéjov y Shakespeare grabados en la mesa, le hablo de Ran de Kurosawa y de la historia que hay detrás de El imperio de los sentidos. Ella eligió la cafetería, se paró en medio de la calle mojada y quiso aventurarse dentro. Le deseo mucha mierda cuando nos despedimos en la puerta. Sonrío y recuerdo la comida y nuestra conversación en un pequeño bar de la latina (puertas de madera y contraventanas como mesas, un poemario grapado en un rincón, las paredes desconchadas y con una silueta de mujer, las escaleras que dan a un sótano extraño).

b)
Me detengo ante el edificio España. Queda un par de horas para el ensayo general. Callejeo sin mapas ni brújulas hasta que me pierdo (se lo confieso más tarde, ella sonríe). No encuentro un punto de referencia, un edificio o plaza que me ubique. Todo es nuevo y me dejo llevar por esa sensación de libertad. Llego a la escuela de teatro cinco minutos antes del inicio del ensayo.

c)
Cuatro actrices vestidas de blanco, una historia contada como un rompecabezas espacio-temporal, qué significa ser actriz y crear un personaje, las motivaciones y los miedos, las miradas del público y la sensación de fragilidad. Sigo sus movimientos sobre el improvisado escenario, oigo su voz y observo su mirada y me siento perdido como en la ciudad. No es ella, es el personaje que interpreta. Durante una hora me emociono con los matices de las miradas de las cuatro actrices. La espero en la calle. Cuando nos reencontramos le digo que estoy orgulloso de ella.

d)
Una vez me dijo viajo al sur para no perder el norte.


Los lunes de Anay. Subterfugios...

"La veleta, la cigarra.
Pero el molino, la hormiga."
                                           DÁMASO ALONSO


Aquel que se le acerca a usted
es un músico. Debe serlo
porque lleva una funda negra
en forma de violín.
Se le acerca al oído y murmura
algo que usted no entiende.
Usted le dice algo y él
no se entera tampoco, pero asiente,
luego frunce los labios como quien se concentra.
La seriedad es una variante del olvido:
nos ayuda a ser otro,
a construir distancias, a creer
que la piel es un límite.
Y es porque somos serios
que no sentimos en los labios
el aliento de un hombre que agoniza
a pocos metros de distancia;
gracias a nuestra seriedad
el impacto no logra hacernos
perder el equilibrio.
Y usted, entonces, mira al músico
y sonríe. Y yo sé que usted comprende
que los violines tocan
de otro modo, hoy en día.

                                        CHANTALL MAILLARD



...Feliz lunes.

Un beso,

Anay


Tags: Anay Sala Suberviola, Dámaso Alonso, Chantall Maillard, Vivaldi

Publicado por elchicoanalogo @ 17:22  | Los lunes de Anay
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Jueves, 01 de noviembre de 2012

Demasiado corpóreo,  
limitado,  
compacto.  

Tendré que abrir los poros
y disgregarme un poco.

No digo demasiado.
Oliverio Girondo
Restringido propósito (en Persuasión de los días)


Tags: restringido propósito, persuasión de los días, Oliverio Girondo

Publicado por elchicoanalogo @ 9:56  | Oliverio Girondo
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