S?bado, 01 de diciembre de 2012

Noviembre terminó el día de las librerías. Vagabundeé por una de ellas, elegí a Jelinek y Levrero, salí con los dos libros en la mano y hojeé algunas páginas en una cafetería (me senté en un ventanal, a veces veía correr a algún hombre con traje o una mujer con falda y abrigo, sentí que ellos tenían claro dónde iban). Pensé en las lecturas del mes, los cuentos de Lahiri y Pámies, el desbordamiento en Dodge, la sutileza de Kawakami, la espera en Ernaux, la kafkiana ciudad de Levrero. 

De noviembre, el reencuentro con Hiromi Kawakami. Desde El cielo es azul, la tierra blanca, busco cada libro editado de Kawakami para dejarme llevar por su delicadeza, sus personajes entrañables y desorientados, las historias de amor tan sutiles como intensas, los tiempos muertos donde habla de comida, objetos o recuerdos. El señor Nakano y las mujeres cala de a poco.

Dodge se desborda en Stone Junction, un viaje iniciático de un muchacho que se cruza con una alianza de magos y forajidos. Dodge habla de magos capaces de desaparecer, poetas, indios que andan desnudos bajo la lluvia, alquimistas, jugadores de póquer, la piedra filosofal, el santo grial, un diamante de origen extraterrestre, las trampas de la realidad y la realidad de las apariencias. Stone Junction es un libro febril, aventurero, inesperado.

Los cuentos de Tierra desacostumbrada hablan de raíces y amores, de los hijos de emigrantes bengalíes y las tradiciones, de soledad, pérdida, ausencias, huecos y viajes, del imposible regreso a algún lugar abandonado en nuestro pasado, de emociones que crecen de manera desmedida hasta hacerse con nosotros, de las tierras que llevamos dentro y el desajuste con la tierra que pisamos. La voz de Lahiri es pausada, triste, cercana.

Levrero traza una historia kafkiana en La ciudad, un personaje sin nombre que sale de casa, se pierde en la lluvia y la oscuridad y vagará por un paisaje también sin nombre, una mezcla de sueño, realidad e invención, de aventura y tensión. La escritura de Levrero es directa, seca, sin extraños experimentos.

La bicicleta estática parecen anotaciones de un diario, en un par de páginas Pàmies habla de miedos, dudas, frustraciones, supervivencias, parejas que pierden pie, personajes que se sumergen, literalmente, en su interior para encontrar las respuestas a una vida anodina.

Annie Ernaux se detiene en la espera y el deseo, una mujer que vive en un tiempo en paréntesis, en continua espera de una llamada de su amante. Y es en ese tiempo entre una llamada y otra donde su deseo crece, donde la narradora se convierte en un ser que no acaba de fijarse a la realidad. Las páginas de Pura pasión son cortantes, desvariadas, el dolor y el absurdo de una espera.

Entre lecturas, los poemas de Isabel Tejada y Karmelo Iribarren, una conversación sobre poesía con Elisa (Gamoneda, Grande, Bono), un libro de Mailer abandonado. Mi lectura actual, Cuando Alice se subió a la mesa, de Jonathan Lethem


El señor Nakano y las mujeres - Hiromi Kawakami
La bicicleta estática - Sergi Pàmies
Stone Junction - Jim Dodge
La ciudad - Mario Levrero
Tierra desacostumbrada - Jhumpa Lahiri
Pura pasión - Annie Ernaux

 

 


Tags: Hiromi Kawakami, Sergi Pàmies, Jim Dodge, Mario Levrero, Jhumpa Lahiri, Annie Ernaux

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