Domingo, 02 de diciembre de 2012

Pura Pasión habla de la espera y el deseo, del amor y el sexo, de los tiempos muertos y el sometimiento a unas emociones que no somos capaces de controlar, de una mujer cuya vida se define por el tiempo entre una llamada y otra de su amante. La narradora de Pura pasión se deja llevar por esa espera que acrecienta el deseo, por las imágenes creadas de un hombre al que apenas ve y, cuando eso ocurre, cuando hay un encuentro, la intensidad de la espera. Sus días orbitan alrededor de la ausencia de su amante, sólo consigue interesarse por aquello que le habla o le acerca a él, que le recuerda su acento, su procedencia, su existencia.

Annie Ernaux no necesita llegar al centenar de páginas para hablarnos de una espera y un deseo que desestabilizan y paralizan a la narradora de Pura pasión. La narradora habla sobre esa época de espera, sobre unos días que se definían por una llamada y un encuentro imposible de prever con su amante, sobre el deseo que crece con la ausencia y que se descarga en la presencia, una rueda que no se detiene, sobre vivir sin límites temporales (el único límite, el otro), sobre una relación que es una fotografía borrosa y movida. Su voz es directa, inteligente, se limita a mostrar esa espera, a dejarnos ver su obsesión y abandono.

En medio de dos encuentros, en esa espera, la narradora busca vestidos nuevos que mostrar a su amante, escribe cartas, busca noticias relacionadas con su país, anota frases que decirle en su encuentro, fantasea con las habitaciones donde harán el amor, es un deseo rodeado de vacío y obsesión, de alguna manera un deseo que idiotiza y deja a la narradora fuera de una definición. Esa espera alimenta la presencia del otro, la presencia del otro aumenta la espera hasta el siguiente encuentro.

Cada acto cotidiano está definido por el encuentro y el deseo, por la imagen incompleta de un hombre que aparece sin avisar y desaparece para adueñarse de la mente de la narradora. Una conversación, un periódico, una tienda de ropa sólo es una excusa para preparar el siguiente encuentro. Es una relación extraña, de límites traspasados, donde la narradora descubre nuevos gestos y emociones que creía no se darían en ella, que la ponen delante de un espejo para ver el reflejo de alguien que no esperaba ver.

Pura pasión es una novela corta, inteligente y poderosa, el lugar donde nos encontramos sin esperarlo, el vértigo de las emociones desbordadas.



A partir del mes de septiembre del año pasado, lo único que hice fue esperar a un hombre: que me llamara y que viniera a verme. Iba al supermercado, al cine, llevaba la ropa a la lavandería, leía, corregía exámenes, actuaba exactamente igual que antes, pero de no tener un dilatado hábito de este tipo de actos, me habría resultado imposible, salvo a costa de un esfuerzo aterrador. Sobre todo al hablar es cuando tenía la impresión de vivir llevada por mi impulso. Las palabras y las frases, hasta la risa, se formaban en mis labios sin la intervención real de la reflexión o la voluntad.
Annie Ernaux
Pura pasión (traducción de Thomas Kauf. Tusquets)


Tags: Pura pasión, Annie Ernaux, Thomas Kauf, Tusquets

Publicado por elchicoanalogo @ 18:33  | Libros...
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