Jueves, 06 de diciembre de 2012

El viaje iniciático de un muchacho acogido por una alianza de magos y forajidos, el grial y la piedra filosofal, un diamante que podría tener un origen extraterrestre, viejas historias de alquimia, hombres que desaparecen con sólo desearlo, una mujer con una hija imaginaria, un locutor de radio que habla de forma desaforada y febril y parece unir sueños inconexos, un crimen y una investigación, las trampas de la realidad y la realidad de las apariencias y, siempre, el movimiento. Estos son algunos de los elementos que maneja Jim Dodge y que hacen de Stone Junction una maravillosa locura, una historia que avanza de manera endiablada y que contiene tramas y personajes inesperados, una voz inquieta, aventurera, trepidante.

Stone Junction es el viaje de Daniel Pearse desde su nacimiento en un orfanato hasta un diamante que parece abrir una puerta a otra dimensión, el otro lado del espejo. Entre esos dos puntos, Daniel vivirá en un mundo fuera de las normas sociales, estará en permanente movimiento, no irá a la escuela pero tendrá como profesores a forajidos que le enseñarán meditación y a abrir cajas fuertes, a desaparecer y jugar al póquer, el poder de la magia y los disfraces, las drogas y el calor de otra piel. Es el mundo de la alianza de magos y forajidos, una organización invisible que intenta vivir con sus propias reglas, que el mundo tenga un equilibrio diferente.

La adolescente Annalee huye con su hijo Daniel, recién nacido, de la residencia donde estaba recluida. En su huida conoce a un peculiar camionero, un tipo tranquilo y sonriente, que le propone cuidar de un refugio usado como lugar de paso y reposo por forajidos. El refugio es el primer paso en el viaje de Daniel, crecerá rodeado de poetas, indios, seres al margen de la sociedad que le enseñan a pasear desnudo bajo la lluvia, curar heridas, alquimia y poesía japonesa. La muerte de su madre por una bomba trastoca la vida de Daniel, deja de ser el niño que juega con indios y poetas y se prepara con los hombres y mujeres de la alianza de magos y forajidos para ser parte de ellos, encontrar al asesino de su madre y la puerta a otra realidad.

Stone Junction se desborda a cada página, es un punto en un mapa que se convierte en infinitos caminos. La voz de Dodge cautiva y atrapa, mezcla la novela negra y el viaje iniciático, la aventura con la reflexión sobre realidad y apariencia, sobre la sociedad que vemos y lo que se esconde bajo ella, en Stone Junction sientes que todo es posible, que la magia existe, que hay lugares donde desaparecer (el interior de un diamante, el otro lado del espejo). Hay escenas inolvidables, una partida de póquer, un paseo bajo la lluvia, un náufrago a punto de morir, un diamante escondido en el corazón de una montaña, un maestro del disfraz, una granja de muchachas, la atracción por el abismo.

Es difícil definir Stone Junction, tal vez baste con decir que es un viaje, sin mapas ni brújulas, un viaje lleno de cruces de caminos y el vértigo de dejarse llevar por cada uno de ellos.



Daniel Pearse nació en un lluvioso amanecer, el 15 de marzo de 1966. No recibió un segundo nombre de pila porque su madre, Annalee Faro Pearse, estaba agotada después de dar con un primer nombre y un apellido, sobre todo con el apellido. Según sus más certeros cálculos, el padre de Daniel podría haber sido uno entre siete hombres. Annalee se inclinó por el nombre de Daniel por su sonido fuerte, y porque sabía que él debería ser fuerte.
Al nacer Daniel, Annalee era una huérfana de dieciséis años acogida por la Residencia Femenina de Greenfield, un centro de tutela de Iowa dirigido por las hermanas de la Santísima Virgen María, donde había sido internada por orden judicial tras intentar robar de la vitrina de una joyería una barra de plata de unos treinta gramos. Contó al agente que la detuvo que era una huérfana de la luna, y al juez le dijo que no reconocía la autoridad del tribunal para tomar decisiones sobre su vida. Se negó a colaborar y se limitó a dar su nombre: Annalee Faro Pearse. El juez la condenó a ingresar en Greenfield hasta que cumpliera dieciocho años.

( ... )

Daniel cerró la mano con la tortuga dentro y miró a Wild Bill.
-¿Sabes lo que no entiendo?
-No -sonrió Wild Bill-, pero hay mucho entre lo que elegir.
Daniel hizo caso omiso del amuleto.
-No entiendo por qué tienes tanto miedo de tu ternura.
-Ése es otro motivo por el cual es una tortuga -dijo Wild Bill-. ¿Por qué crees que tiene caparazón?

( ... )

-Puedo sentir tu hambre, Daniel. Siento cuánto deseas perderte. Yo también lo sentí. Expandirse, contraerse, da lo mismo. Desaparecer no es el camino para liberarse. No es posible liberarse, Daniel, no hay posibilidad de huida definitiva y sorprendente. Tal es la verdad fría y mágica.
Jim Dodge
Stone Junction. Una epopeya alquímica (traducción de Mónica Sumoy Gete-Alonso. Alpha Decay)


Tags: Stone Junction, Jim Dodge, Mónica Sumoy Gete-Alonso, Alpha Decay

Publicado por elchicoanalogo @ 19:34  | Libros...
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