Mi?rcoles, 19 de diciembre de 2012

Fue por el cambio en su voz. Estaba en la sección de poesía, me leía los títulos de los poemarios, llegó a Mientras tanto cógeme la mano y la calidez de su voz. Quería descubrir qué motivo ese cambio.

Leí el poemario de Uribe en una sala de espera de hospital, las voces de los enfermeros y pacientes mezcladas con las palabras de Uribe, el recuerdo de su voz al teléfono y la noche donde Kirmen Uribe recitó sus poemas sobre música de Mertens. Había algo de viaje y recuerdos cada vez que levantaba la mirada del poemario.

Desde el primer poema me atrajo la voz pausada, nostálgica e inteligente de Uribe, por momentos me recordó a un susurro, a alguien que recuerda los momentos de cambio, el tiempo que no volverá, las huellas de una sonrisa, las ausencias que son presencias al convocarlas. Uribe habla de la tierra norteña y el mar, de los Altos Hornos y los cerezos, de mapas y otras ciudades, de habitaciones de hospital y muerte, de amores tiernos y juegos de infancia, de patrias e inmigrantes, de aquello que se nos escapó entre los dedos y aún sentimos su caricia. Leía el poemario de Uribe y sonreía, a veces me sentía mencionado, a veces me sorprendía con poemas que eran diálogos y partidas de ajedrez.

A mi lado, el ejemplar de Mientras tanto cógeme la mano, como poemario, una sonrisa y una emoción queda, como objeto, el recuerdo de una noche en un teatro, una sala de espera y el cambio en su voz.


Visita
La heroína era tan dulce como hacer el amor
decía ella en otro tiempo.

Los médicos dicen que no ha ido a peor,
día va día viene, y que nos lo tomemos con calma.
Pero hace ya un mes que no ha vuelto a despertar,
desde la última operación.

Sin embargo seguimos visitándola todos los días
en el sexto box de la Unidad de Cuidados Intensivos.
Al entrar, el enfermo de la cama de enfrente lloraba,
no ha venido nadie a visitarme, le decía a la enfermera.

Hace ya un mes que no oímos la voz de mi hermana.
No veo como antes toda la vida por delante,
nos decía,
no quiero promesas, no quiero disculpas,
tan sólo un gesto de amor.

Ahora sólo le hablamos mi madre y yo.
Mi hermano, antes, no decía gran cosa;
ahora ni siquiera aparece.
Mi padre se queda en la puerta, callado.

No duermo por las noches, nos decía nuestra hermana,
tengo miedo a dormirme, miedo a las pesadillas.
Las agujas me hacen daño y tengo frío,
el suero enfría mis venas.

Si pudiera huir de este cuerpo podrido.

Mientras tanto, dame la mano, nos pedía,
no quiero promesas, no quiero disculpas,
tan sólo un gesto de amor.

Bisita
Heroina larrua jotzea bezain gozoa zela
esaten zuen garai batean.

Medikuek esaten dute okerrera ez duela egin,
eguna joan eguna etorri, eta lasai hartzeko.
Hilabetea da berriro esnatu ez dela
azken ebakuntzaz geroztik.

Hala ere egunero egiten diogu bisita
Arreta Intentsiboko Unitateko seigarren kutxara.
Aurreko oheko gaisoa negar batean aurkitu dugu gaur,
inor ez zaiola bisitara agertu diotso erizainari.

Hilabetea arrebaren hitzik entzun ez dugula.
Ez dut lehen bezala bizitza osoa aurretik ikusten,
esaten zigun,
ez dut promesarik nahi, ez dut damurik nahi,
maitasun keinu bat besterik ez.

Amak eta biok soilik hitz egiten diogu.
Anaiak lehen ez zion gauza handirik esaten,
orain ez da agertu ere egiten.
Aita atean geratzen da, isilik.

Ez dut gauez lorik egiten, esaten zigun arrebak,
beldur diot loak hartzeari, beldur amesgaiztoei.
Orratzek min egiten didate eta hotz naiz,
hotza zabaltzen dit sueroak zainetan zehar.

Gorputz ustel honi ihes egingo banio.

Bitartean heldu eskutik, eskatzen zigun,
ez dut promesarik nahi, ez dut damurik nahi,
maitasun keinu bat besterik ez.



Te quiero, no
Aunque trabajó durante cuarenta años
en los Altos Hornos,
en su interior había todavía un labrador.

En octubre, asaba pimientos rojos
con su soldador
en el balcón de su casa de barrio.

Su voz era capaz de hacer callar
a cualquiera.
Sólo su hija se atrevía con él.

Él nunca decía te quiero.

El tabaco y el polvo de acero quemaron
sus cuerdas vocales.
Dos amapolas a punto de caer.

Cuando se jubiló, su hija se casó a otra ciudad.
Él le hizo un regalo.
No eran rubíes, ni siquiera seda roja.

Había ido sacando piezas de la fábrica.
Poco a poco, sus manos
soldaron una cama de acero.

Él nunca decía te quiero

Maite zaitut, ez
Berrogei urtez labe garaietan lan egin arren,
barru-barrutik,
baserritarra izaten jarraitzen zuen.

Urrian, etxeko balkoian
soldagailuarekin
piper gorriak erretzen zituen.

Denak isilarazten zituen
haren ahots ozenak.
Alabak egiten zion soilik aurre.

Ez zuen inoiz maite zaitut esaten.

Tabakoak eta altzairuaren hautsak
ahots-kordak urratu zizkioten.
Mitxoleta bi hostoak galtzen.

Alaba beste hiri batera ezkondu zen.
Erretiratuak oparia zekarren.
Ez errubirik, zeta gorririk ezta ere.

Urtetan lantegitik ebatsi zituen piezak.
Soldagailuarekin
altzairuzko ohea josi zuen, ezari-ezarian.

Ez zuen inoiz maite zaitut esaten.



El tiempo de los árboles
El tiempo de los árboles está en ti
después de amarnos.

Dormida en la cama, sólo
los párpados te cubren.

No hagas caso del miedo,
no digas siempre, no digas nunca,
deja que el mundo
siga adelante.

El tiempo de los árboles está en ti
después de amarnos.

Dormida y flotando
como un feto o un ojo.

No hagas caso del miedo,
no digas siempre, no digas nunca,
deja que el mundo
siga adelante.

El tiempo de los árboles está en ti
después de amarnos.

Zuhaitzen denbora
Zugan da zuhaitzen denbora
elkar maitatu ondoren.

Ohean lo, betazalek
soilik estaltzen zaituzte.

Ez jarraitu beldurrari,
ez esan beti, ez esan inoiz ez,
utzi libre munduari
bidea egiten.

Zugan da zuhaitzen denbora
elkar maitatu ondoren.

Plazer-urak biltzen zaitu
malkoak begia legez.

Ez jarraitu beldurrari,
ez esan beti, ez esan inoiz ez,
utzi libre munduari
bidea egiten.

Zugan da zuhaitzen denbora
elkar maitatu ondoren.
Kirmen Uribe
Mientras tanto cógeme la mano (traducción de Kirmen Uribe, Gerardo Markuleta y Ana Arregi. Visor)


Tags: Kirmen Uribe, Gerardo Markuleta, Ana Arregi, Visor

Publicado por elchicoanalogo @ 15:51  | Libros...
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