Domingo, 30 de diciembre de 2012

a)
Dejo el café junto al libro. Abro la página ciento uno de Cuanto más deprisa voy, más pequeña soy y leo, hacer como si fuera un árbol. Hojeo otras páginas, leo párrafos al azar, me encuentro con la voz de una anciana solitaria que intenta traspasar el umbral del mundo que le rodea y participar de él. Termino el café, nadie podría leer mi futuro en el poso de la taza.

b)
Salgo a la gran vía. Me dice que busca el sonido de la ciudad para hacerse con ella. La imito y escucho el ruido apagado del tráfico, el timbre metálico de una bicicleta, las gaviotas sobre los tejados, las conversaciones de móvil, los tacones en la acera. Luego me fijo en las caras, los edificios y la luz del atardecer. Es un primer paso.

c)
Llego al parque, el libro en la mano, las hojas secas bajo mis pies. Observo la copa de los árboles. Las ramas desnudas se entrelazan en líneas y curvas, apenas se ve el cielo (una estela de un avión, alguna nube que, cuando pasa, pasa como nube). Descubro una hoja solitaria entre las ramas invernales, parece un corazón atravesado por docenas de líneas. Miro alrededor y todo se ralentiza, la luz del atardecer, el sonido de la ciudad, la respiración em mi pecho. Tengo un libro en la mano y hojas secas a mis pies, no hay posos en mis tazas de café y un corazón traspasado por cientos de ramas tapa el cielo.

d)
Le digo que imagine el caparazón de una tortuga y, dentro, un caos de ramas.



Una cita. Por ejemplo aquí
en esta página en blanco.
Pensando sólo en las palabras precisas
que uno ha de pensar mientras espera.
Pensando sólo esas palabras.

Gente solitaria se amontona en los puentes
para beber
licores que habrían de beberse en compañía.

La tierra se mueve y puede que sea el metro.
O puede que haya un hipódromo bajo tierra.
De los ganchos de los camiones frigoríficos
penden chelos en vez de la usual carne de caballo.
Un mantel se alboroza un instante en el aire
justo antes de que dos personas lo extiendan sobre la mesa.

Es Navidad, piden auxilio
los osos de peluche
atrapados en las zarzas de los escaparates.

Mañana naufragará un velero en la galería de las pérdidas,
pero qué importa.

Vaho en la boca y percebes de hielo adheridos
a mi barba de varios días.
Todo un recordatorio, un detalle para no olvidar
que en estas calles, caminar y ser feliz
son la misma cosa.
Harkaitz Cano


Tags: Harkaitz Cano

Comentarios (4)  | Enviar
Comentarios

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Publicado por Isabel Tejada
Domingo, 30 de diciembre de 2012 | 22:53
Publicado por elchicoanalogo
Domingo, 30 de diciembre de 2012 | 23:19

"d)
Le digo que imagine el caparazón de una tortuga y, dentro, un caos de ramas."

maravilloso.

arponauta

Publicado por Invitado
Lunes, 31 de diciembre de 2012 | 13:44

a partir de ahora me definiré así...

Publicado por elchicoanalogo
Lunes, 31 de diciembre de 2012 | 18:23