S?bado, 19 de enero de 2013

Dice Vonnegut sobre Breece D´J Pancake que ser tan bueno debe de ser doloroso. Leo algunos fragmentos al azar, termino los dos primeros cuentos de Trilobites y siento que la mirada de Pancake es así, dolorosa, intensa, intimista y oscura. Cuando acabo el último de los cuentos retengo las imágenes de sierras, cañaverales, montes, quebradas y ríos de Virginia, de granjeros, mineros y camioneros en un mundo donde el tiempo parece solaparse en un punto, de quienes se quedan en pueblos desmantelados y quienes salen de esa tierra y se pierden. Pancake envuelve sus historias con una mirada directa al mundo alrededor, también hay una tensión y una violencia que parece a punto de explotar en cualquier momento. 

En los doce cuentos de Trilobites Pancake habla con desnudez e intensidad de la pérdida y de situarse en el mundo, de los deseos y amores truncados y las imágenes que tenemos de nosotros y que no son más que un reflejo de quienes deberíamos ser, de la naturaleza que vemos y las huellas de pasado que arrastra con ellas, de la sombra de trilobites entre nuestros pies y puentes que guardan recuerdos y secretos, de peleas, ferias y minas de carbón, de niebla, lluvia y granjas de las que huir o a las que se regresa para trastocarlo todo. Por momentos densa y reflexiva, la voz de Pancake desarma y noquea, es inteligente, dura y abarcadora, te deja sin respiración.

Los personajes de Pancake se mueven en una tierra que no ha borrado las huellas de su pasado, son mineros o mecánicos, viven en granjas o pequeñas casas rodeadas de quebradas y el sonido de una jauría de perros, pelean hasta caer de rodillas, beben, escriben postales de amor o desaparecen por un camino para volver tiempo después y recordar un accidente que lo cambió todo o un amor que no se concretó, escuchan emisoras de radio antiguas que señalan el camino fuera de esa tierra, sueñan con el mundo tras la niebla y los montes, cazan zorros, organizan peleas de gallos, pierden hijos, sienten la tensión ante algo que no acaba de ajustar del todo. Hay una expresión que Pancake repite en un par de cuentos, cuando todo el mundo sigue un mismo camino, es que ha llegado la hora de que te des la vuelta y te vayas por otro lado.

Pancake sitúa a estos personajes en una naturaleza dura, quebradas y sierras, el frío y el sonido de la nieve en el primer día de invierno, las huellas de un pasado remoto y de los antiguos pobladores, túmulos, cementerios, cenagales y viejas lindes. Los personajes miran alrededor y sienten la historia de la tierra que les rodea. Pancake detiene la acción y habla de niebla, árboles, hojas, adecua el sentimiento de los personajes al paisaje que tiene ante sí.

Trilobites es un libro excepcional, intenso y doloroso.



Abro la puerta de la camioneta, pongo los pies en el callejón adoquinado. Vuelvo a mirar Company Hill, su superficie redondeada y desgastada. Tiempo atrás fue una montaña escarpada, había emergido como una isla en las aguas del río Teays. Necesitó más de un millón de años para convertirse en esta colina lisa que he explorado de punta a cabo en busca de trilobites. Siempre ha estado allí, siempre estará allí, o eso creo. El aire huele a verano. Un puñado de estorninos se zambulle sobre mi cabeza. Nací en este país y nunca he querido irme a ningún lado. Recuerdo los ojos muertos de papá que me miraban. Estaban resecos, ahí se me perdió algo. Cierro la puerta. Enfilo hacia la cafetería.
Veo un pegote de hormigón en la calzada. Tiene la misma forma que Florida y recuerdo lo que le escribí a Ginny en el anuario del instituto: «Viviremos a base de mangos y amor». Y ella agarró y se fue sin mí, dos años lleva ahí abajo sin mí. Me manda postales de flamencos con luchadores al fondo que pelean con caimanes. Nunca me pregunta nada. Me siento como un imbécil por lo que le escribí, me meto en la cafetería.
No hay nadie, el aire acondicionado me refresca. La hermana pequeña de Reilly el Manitas me sirve un poco de café. Tiene unas buenas caderas. Se parecen un poco a las de Ginny, forman unas bonitas curvas donde se juntan con las piernas. caderas y piernas como éstas sólo las ves en las escalerillas de los aviones. Camina hasta el final de la barra y se zampa los restos de la copa de helado. Le sonrío, pero es fruta prohibida. Menores de edad y serpientes negras son dos cosas que no tocaría ni con un palo. Una vez utilicé una serpiente de látigo, le arranqué la cabeza al mal bicho, y luego Pa me dio una paliza con ella. Recuerdo que papá a veces me sacaba de quicio. Sonrío.
Recuerdo que anoche me llamó Ginny. Su viejo había ido a recogerla en coche al aeropuerto de Charleston. Ya estaba aburrida. ¿Puedes quedar? Claro. ¿Ir a tomar unas birras? Claro. Eres el mismo Colly de siempre. Eres la misma Ginny de siempre. Ella hablaba con la boca pequeña. Quise decirle que Pa había muerto y que Ma estaba emperrada en vender la granja, pero Ginny hablaba con la boca pequeña. Me dio repelús.
Breece D´J Pancake
Trilobites (traducción de Albert Fuentes. Alpha Decay)


Tags: Trilobites, Breece D´J Pancake, Albert Fuentes, Alpha Decay

Publicado por elchicoanalogo @ 18:34  | Libros...
Comentarios (3)  | Enviar
Comentarios

A mí me encantaría seguir por algún camino en el que tuviera más tiempo para mirar las musarañas y leer. Fantástico comentario, seguro que el libro también aunque contigo casi todos lo parecen.

Gracias. Irá en mi próxima lista.

Publicado por Invitado
Domingo, 20 de enero de 2013 | 13:25

Es una preciosidad de libro, doce cuentos intesos y dolorosos y una forma de escribir sin artificio. Será uno de los libros de este año

Publicado por elchicoanalogo
Domingo, 20 de enero de 2013 | 14:47

Cuando lees Trilobites entiendes el porqué del suicidio de Pancake.

Publicado por Invitado
Martes, 26 de noviembre de 2013 | 7:36