Martes, 29 de enero de 2013

Termino Una soledad demasiado ruidosa, pienso en el protagonista, Haňt'a, un hombre solitario que en los últimos treinta y cinco años ha prensado papel viejo, libros y reproducciones en balas de papel, que ha vivido en una cueva junto a una montaña de libros, una trituradora, un agujero en el techo por que el que caía el papel y docenas de cervezas, que dormía en una cama bajo dos toneladas de libros (su casa sin apenas espacio libre para moverse). Es en esa cueva llena de papeles viejos, prensas y balas que desaparecen en camiones donde Haňt'a aprende a mirar dentro y fuera de sí, a buscar un sentido a una vida en apariencia anodina, a ser consciente de cada gesto, de cada cambio a su alrededor.

Hrabal crea un personaje entrañable y obsesivo, un hombre que se relaciona con una maquina y los libros que caen a su alrededor, que adquiere una cultura a pesar de sí mismo, que es capaz de detenerse para leer alguno de los libros que caen en su cueva, Kant, Schopenhauer, Nietzsche. El mundo de Haňt'a está formado por libros, las ratas del sótano, moscas, reproducciones de cuadros, el ruido de su maquina, los libros de segunda mano, los bares donde toma cerveza tras el trabajo, las estaciones de tren donde ve partir el papel bajo la lluvia. Haňt'a lee, se adentra en otros mundos, crea belleza a partir de la destrucción (en cada una de sus balas de papel, Haňt´a coloca un libro o una reproducción de Monet o Rembrandt que le den una nueva identidad y lo desmarquen de una simple bala de papel). 

En su soledad Haňt´a rescata libros que lleva a su casa, recibe la visita de dos gitanas que dejan su carga de papel o de un profesor que busca revistas de filosofía, lleva libros de aviación a un sacristán, escucha el sonido de las ratas en las cloacas, forma imágenes de Jesús y Lao Tse, escucha el ruido de la maquina, se detiene a hojear algunos libros de la montaña que hay a su lado, se nutre de otras palabras y forma su imagen del mundo. Hay momentos donde Haňt´a recuerda viejos amores, una muchacha a la que pierde, una gitana de la que no recuerda el nombre y que aparece en su casa cada noche, en silencio, su cuerpo como de mantequilla. También reflexiona sobre el pasado y el futuro y se da cuenta de cómo se subvierten y mezclan, cómo hay un instante donde el tiempo parece nuevo y descubre que su época ha pasado, que todo lo que él es ha sido sobrepasado.

La escritura de Hrabal es cristalina, habla de la mirada de un hombre corriente rodeado de cientos de miles de libros y cómo a través de ellos cambia su percepción del mundo, de su pequeña revolución intentando crear belleza en la destrucción, de su relación con la vida que le rodea (ratones, máquinas, recuerdos), del tiempo que pasa y cambia y nos deja fuera de él. Hay imágenes extraordinarias en esta novela, el sonido de las ratas, una casa abarrotada con toneladas de kilos, un sacristán que llora emocionado al recibir un libro de aviación, una comenta en el cielo y una carta, un cuerpo desnudo y en silencio bajo una cama atestada de libros.

Hojeo al azar Una soledad demasiado ruidosa y pienso en tristeza y transitoriedad, en la lucha de un hombre por armar una vida con los elementos que le rodean, en todos esos libros abandonados que se convertirán en papel sobre el que escribir otros nuevos, en que dentro de nosotros hay un mundo en desaparición.



Hace treinta y cinco años que trabajo con papel viejo y ésta es mi love story. Hace treinta y cinco años que prenso libros y papel viejo, treinta y cinco años que me embadurno con letras, hasta el punto de parecer una enciclopedia, una más entre las muchas de las cuales, durante todo este tiempo, habré comprimido alrededor de treinta toneladas. Soy una jarra llena de agua viva y agua muerta, basta que me incline un poco para que me rebosen los más bellos pensamientos, soy culto a pesar de mí mismo y ya no sé qué ideas son mías, surgidas propiamente de mí y cuáles he adquirido leyendo y es que durante estos treinta y cinco años me he amalgamado con el mundo que me rodea porque yo, cuando leo, de hecho no leo, sino que tomo una frase bella en el pico y la chupo como un caramelo, la sorbo como una copita de licor, la saboreo hasta que, como el alcohol, se disuelve en mí, la saboreo durante tanto tiempo que acaba no sólo penetrando mi cerebro y mi corazón, sino que circula por mis venas hasta las raíces mismas de los vasos sanguíneos.Por regla general, prenso unas dos toneladas por mes, y para tener fuerzas para este bendito trabajo, durante treinta y cinco años he bebido tanta cerveza que con ella se podría llenar una piscina olímpica o una buena cantidad de viveros de carpas navideñas. De esta manera, a pesar de mí mismo, me he vuelto sabio y ahora me doy cuenta de que mi cerebro es un fajo de pensamientos prensados en la prensa mecánica, mi cabeza calva es la nuez de Cenicienta, y sé bien que los tiempos en los que el pensamiento estaba inscrito en la memoria humana tenían que ser mucho más hermosos; si en aquel tiempo alguien hubiese querido prensar libros, tendría que haber prensado cabezas humanas, pero tampoco eso habría servido de nada, porque los verdaderos pensamientos provienen del exterior, van junto al hombre como su fiambrera de fideos y por eso todos los inquisidores del mundo queman los libros en vano, porque cuando un libro comunica algo válido, su ritmo silencioso persiste incluso mientras lo devoran las llamas, y es que un verdadero libro siempre indica algún camino nuevo que conduce más allá de sí mismo.

( ... )

Todo lo que he visto en este mundo está animado simultáneamente por un movimiento de vaivén, todo avanza y retrocede, como el fuelle de una fragua, como el cilindro de mi prensa, oscila en su propio contrario y por eso nada en este mundo anda cojo; en cuanto a mí, hace treinta y cinco años que prenso papel viejo y sé perfectamente que para salir del paso necesitaría un título universitario de clásicas, además de haber pasado por un seminario. En mi trabajo, la espiral y el círculo se corresponden y el progressus ad futurum se confunde con el regressus ad origenem, todo eso lo vivo muy intensamiente y, ya que soy infelizmente feliz y culto a pesar de mí mismo, he empezado a reflexionar sobre el hecho de que el progressus ad origenem, se corresponda con el regressus ad futurum.
Bohumil Hrabal
Una soledad demasiado ruidosa (traducción de Monika Zgustova. Galaxia Gutenberg. Círculo de lectores)


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Publicado por elchicoanalogo @ 21:23  | Libros...
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