Viernes, 08 de febrero de 2013

a)
Dejo el café y los libros en la mesa. Me quito algunas gotas de lluvia del pelo y leo un par de cuentos de Keret mientras espero que se enfríe el café. Levanto la vista del libro, en la calle el tráfico está detenido, hay paraguas ladeados entre los coches, charcos en las aceras, gente que se protege de la lluvia en las marquesinas, niños disfrazados de náufragos, personajes de Toy Story o Robin Hood. El sol ilumina las últimas plantas de los edificios, se refleja en las aceras mojadas y desaparece. Por un instante siento que la luz del sol ha detenido el tiempo.

b)
Se sienta frente a mí. Pide un café con leche y abre un periódico. Las hojas tiemblan entre sus manos. Está sola, tiene unos setenta años, el pelo teñido de rubio, la mirada acuosa, los gestos lentos, la cara elegante. Pasa del periódico a la calle, se acaricia el pelo, se acomoda la ropa y vigila la puerta de la cafetería. Se detiene en las esquelas, su dedo índice sigue el nombre de cada una de ellas. A veces nos miramos en silencio.

c)
Se abren algunos claros en el cielo. Paseo por la ciudad, dos libros en una mano, el paraguas en la otra. Observo las gotas de lluvia suspendidas en las ramas de los árboles. Forman un pequeño círculo en las ramas, se estiran y caen al suelo a cámara lenta. 


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