Mi?rcoles, 27 de febrero de 2013

a)
Estoy sentando fuera de la estación de tren, un reloj sin números, el sonido de los semáforos al cambiar de color, las conversaciones altas y los frenazos de los coches, el temblor de los trenes bajo mis pies. Leo los cuentos de Después del terremoto de Murakami. El sol brilla en las cumbres nevadas alrededor de la ciudad. Entrecierro los ojos y busco árboles nevados en los montes. La línea de sombra se desplaza por la página, la divide en dos extrañas mitades. Una mujer se acerca, me dice que está perdida y me pregunta si es la estación de tren de Autonomía. Asiento con la cabeza, le digo que no se preocupe, que ha llegado a donde quería y vuelvo al libro. Murakami me habla de una viento gélido y fogatas en la playa, de nieve y las grietas de un terremoto. Formo las imágenes de Hokkaido y Kobe en mi cabeza, pienso en los reflejos de la luz de la luna sobre el hielo, en quedarse quieto y en silencio ante una fogata y que sólo quede el crepitar de las llamas y la forma del fuego. Siento el calor del sol en mis manos. La mujer habla por teléfono, da vueltas a la estación, mira a través de los cristales y espera.

b)
Ella lee un libro electrónico, yo en papel, ella mueve la cabeza y los labios mientras lee, yo paso las hojas con mis manos (tiemblan entre mis dedos) y observo su reflejo en el cristal del vagón, ella tamborilea en una esquina de su libro electrónico, yo leo Alma en letras blancas en la proa de un barco atracado en la ría. Cuando vuelvo a levantar la vista de mi libro el barco se queda atrás.

c)
Escribo en la cocina. La luz rojiza del atardecer atraviesa las cortinas. Dejo de escribir y miro por la ventana. El sol se pone tras el monte. Deja una pequeña estela tras de sí.


(Le hablo de nieves y recuerdos. Me responde con un poema)


gris compacto, oscuridad temprana (Isabel Bono)

dices que de niño
aprovechabas las ventanas empañadas
para escribir tu nombre
y pienso en el desierto
una casa de adobe y alfombras viejas
donde los relojes deslucían el tiempo

me hablas de la línea de nieve sobre los montes
de ráfagas de niebla
y de cómo un claro
realza la oscuridad sobre bilbao

mientras, este sol de febrero toma mi espalda
come de mis manos

qué poco sé de la nieve y su perenne insomnio
qué poco sé del frío



Tags: isabel bono

Publicado por elchicoanalogo @ 21:32  | Isabel Bono
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