Jueves, 07 de marzo de 2013

Miller Packard es un veterano de la segunda guerra mundial, le gusta llevar las cosas al límite, parece jugar con las personas y apostar por su comportamiento, es un detective duro, de maneras extrañas. Train es un muchacho negro, trabaja como caddy en un club de golf, vive en un barrio pobre con su madre y su novio que lo atemoriza hasta empequeñecerlo, viaja por la noche en autobús con un palo de golf en su mano y la mirada perdida, intenta pasar desapercibido, escucha las conversaciones de los golfitas del club y siente que está ante el umbral de un mundo al que no puede entrar. Norah se despierta en su yate y sentirá la descarga de una violencia inesperada, su marido asesinado, su cuerpo marcado por heridas y cortes, la sensación de que ya nada será lo mismo. Plural es un boxeador sonado, se desconecta de la realidad y vuelve a sus pasados combates en el ring, habla de robar gallinas y se pregunta quién se ha quedado con la bolsa del combate. susan borra la mayúscula de su nombre, fotografía a los empleados de su marido, los muestra desnudos y desamparados, juega con ellos hasta que son capaces de matar delante de su cámara. Cada personaje de Train recibe y devuelve golpes violentos. 

De Pete Dexter, la tensión, la amenaza constante y la violencia soterrada y seca. Las novelas de Dexter son heridas sin cicatrizar, sus personajes sobreviven en un mundo hostil, intentan mantenerse a flote y seguir adelante a pesar de las heridas, sufren una violencia dura y descarnada, asesinatos, violaciones, la segregación racial, aprenden a encajar los golpes y a moverse como boxeadores. La escritura de Dexter es dura, sin concesiones, se acerca por momentos a la novela negra de Chandler. Y, como Chandler, muestra un mundo de apariencias y pone al descubierto todo aquello que se oculta a simple vista.

Dexter habla de miedos y dudas, de seres vulnerables y violencia, de cicatrices, un mundo corrompido y máscaras. Sus historias llevan un ritmo endiablado, los personajes se cruzan y establecen lazos de amistad, odio o desconfianza, la tensión crece y explota en un final catártico, sus personajes no pueden escapar a la violencia, se defienden o golpean a partes iguales. El tono de las novelas de Dexter me recuerda al Peckinpah de Perros de paja.

Train es un combate y supervivencia.



En este punto del relato, Packard no se había enamorado nunca y ni siquiera estaba seguro de haber oído alguna vez la clásica jerigonza del amor (para siempre, querida mía, con todo mi corazón, hasta el fin de los tiempos, más que a la propia vida, con todas las fibras de mi ser, mi querida Clementina..., etcétera). Todo ello le parecía confuso y descontrolado.
Había pasado tal vez un millar de domingos en la iglesia -digamos cuatrocientos, para no exagerar- y después dos tensos años a bordo de un acorazado en el océano Pacífico, y otros cinco días de nervios, también en el Pacífico, sin el acorazado; y ya antes de eso a menudo se había metido deliberadamente en lugares donde vio suceder cosas terribles no sólo a personas que se las merecían, sino también a otras que simplemente parecían haber pasado por allí en el momento equivocado; haberse metido en la foto en el momento en que sonaba el obturador, aunque no por su culpa.
Todo esto quiere decir que ahora Packard era capaz de reconocer una oración cuando la oía: que sabía qué clase de tratos proponían los que rezaban y las promesas que eran capaces de hacer cuando se veían en situaciones que los rebasaban. Como era, precisamente, según había oído decir, el enamoramiento.
Pete Dexter
Train (traducción de Javier Calzada. Anagrama)


Tags: Train, Pete Dexter, Javier Calzada, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 17:26  | Libros...
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