Martes, 12 de marzo de 2013

Jack London me habla de tierras desoladas y duras, de supervivencia, miedo y viajes sin un final claro, de la aventura por la aventura y el frío que traspasa las páginas, de trineos, lobos y el crepitar de una hoguera en medio de una llanura nevada, de indios moribundos y buscadores de oro que gatean sin fuerzas e intentan no ser devorados, de hombres implacables y solitarias cabañas de madera, del silencio y la soledad entre la nieve. Leo los cuentos del Gran Norte de London y hay algo dentro de mí que se remueve, el placer y el dolor de la aventura que se mezclan en una tierra lejana.

Hace años leí Encender una hoguera en la antología del cuento norteamericano que preparó Richard Ford. Volver a leer este cuento fue reencontrarme con la tensión y el miedo de un hombre que intenta regresar a su campamento antes de morir congelado. Los fósforos que guarda, el cuerpo que se congela poco a poco, la mirada del lobo que le acompaña, el paisaje nevado, los intentos de encender una hoguera con los dedos entumecidos, cada párrafo aumenta la tensión y la lucha por la supervivencia hasta la asunción valiente de la muerte. Encender una hoguera es uno de mis cuentos favoritos, es la soledad, el miedo, la aventura, la naturaleza desolada y saber perder.

En estos cuentos nos encontramos con un viejo indio que ve cómo su tribu lo deja atrás y se prepara a morir, un hombre y un lobo se odian y buscan la muerte del otro, una india se enamora de un aventurero y espera su regreso en una cabaña de madera, un buscador de oro intenta sobrevivir y seguir adelante sin munición ni provisiones, dos amigos deciden quién regresará a casa con una partida de dados, un hombre se reencuentra con su mujer en un refugio (fuera, el frío y la tormenta, dentro, la sorpresa por el encuentro), un perro lobo intenta volver al norte y dejar California, un hombre enciende una hoguera bajo un árbol nevado y ve apagarse su vida. Cada cuento una punzada, la aventura contada de manera lúcida, la lucha, la supervivencia, la pérdida y el dolor.

Los personajes de London son buscadores de oro, aventureros, indios, lobos, personajes que viven fuera de la sociedad, luchan contra la naturaleza, se mueven por amor, odio o inercia, esperan a la muerte con una mirada valiente. La naturaleza en Jack London es una manera de mirar dentro de nosotros a través del paisaje que vemos. Otra vez completó con la mirada el círculo de mundo a su alrededor. No era un espectáculo alentador. Por todas partes la tenue línea del horizonte. Las colinas eran bajas. No había árboles, ni arbustos, ni hierba; nada sino una tremenda y terrible desolación que rápidamente atrajo el miedo a sus ojos.

De este regreso a Jack London me llevo un puñado de personajes inolvidables, los paisajes duros de Alaska, una escritura que avanza a veces sin pausa, a veces a trompicones, llegar al último momento con la mirada alta, asumiendo la derrota.



Un hocico frío rozó su mejilla y, al contacto, su alma volvió al presente de un salto. Su mano disparó hacia el fuego y sacó un tronco en llamas. Vencida en esta ocasión por su hereditario miedo al hombre, la bestia se retiró, lanzando una prolongada llamada a sus hermanos, que contestaron ávidamente, hasta que se formó a su alrededor un anillo de siluetas grises al acecho y mandíbulas babeantes. El anciano escuchó cómo se dibujaba el círculo. Agitó frenéticamente su antorcha, y los bufidos se convirtieran en gruñidos; pero las bestias jadeantes no se iban. Entonces uno avanzó el cuerpo, después las patas, luego otro, luego un tercero; sin retroceder ninguno.«¿Por qué se aferraba a la vida?» se preguntó, y arrojó la ramita en llamas en la nieve. Chisporroteó y se apagó. El círculo de animales gruñó intranquilo pero se mantuvo firme. Otra vez vio la última resistencia del alce grande y viejo, y Koskoosh inclinó con cansancio la cabeza entre sus rodillas. ¿Qué importaba al fin y al cabo? ¿No era esa ley de vida?
Jack London
Los mejores cuentos del Gran Norte (traducción de Inés Bértolo y Vicente Campos. Navona)


Tags: Jack London, Gran Norte, Inés Bértolo, Vicente Campos, Navona

Publicado por elchicoanalogo @ 20:02  | Libros...
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