Mi?rcoles, 08 de mayo de 2013

Descubrí a Vonnegut en la antología el cuento norteamericano que elaboró Richard Ford. Recuerdo su relato, Bienvenido a la jaula de los monos, como uno de los más extraños y fascinantes de la antología. Vonnegut me mostraba la estupidez humana con un estilo sencillo y humor negro. Después vinieron Matadero 5, Galápagos o Madre noche. Cada nuevo libro me hablaba de lo absurdo que llega a ser el comportamiento humano.

Un hombre sin patria es una colección de textos cortos donde Vonnegut escribe sobre la fiebre por los combustibles fósiles, lo innecesario del punto y coma, las elecciones donde Bush consiguió su primer mandato, el humanismo como conducta a imitar, el bombardeo de Dresde, la risa y la amabilidad, salir a la calle con un sobre en la mano y hablar con los desconocidos que se encuentra en la cola de correos, los santos (la gente que actúa con decencia en una sociedad asombrosamente indecente), el sermón de la Montaña o la conjetura como base de los gobiernos.

Vonnegut vivía en un perpetuo asombro ante el mundo que veía (la rapidez con la que nos encaminamos a nuestra destrucción, la falta de empatía, el mundo gobernado a través de conjeturas estúpidas), escribía de forma lúcida socarrona y divertida, imaginaba un fin del mundo iniciado por una crisis económica donde sobrevivían media docena de los ejemplares más estúpidos de los seres humanos, nos advertía del peligro de las apariencias, mostraba la estupidez de las guerras, hablaba de los santos y héroes que con pequeños gestos hacían este planeta un lugar menos perverso.

Leo Un hombre sin patria y asiento cada poco tiempo con las palabras de Vonnegut, me saca una sonrisa bajo la cual se esconde el dolor de la lucidez, siento que un capítulo de este libro dice y revoluciona más que algunos panfletos surgidos en estos últimos años, me divierten los momentos delirantes sobre lo inútil de los punto y coma o los coches Saab y su facilidad para arder, cita a a Mark Twain, Ray Bradbury o Confucio y vuelvo a encontrarme con Kilgore Trout. “La verdad es que sabemos tan poco de la vida que en realidad no sabemos distinguir cuáles son las buenas noticias y cuáles son las malas noticias”.

Como con Carver, Bono o Kawabata, necesito volver a Vonnegut cada poco tiempo.



Las conjeturas convincentes han sido la base del liderazgo desde hace tanto tiempo (en realidad desde que empezó la existencia humana), que de ningún modo sorprende que la mayoría de los dirigentes de nuestro planeta, a a pesar de toda la información de la que dispones ahora repentinamente, no quieran que se deje de conjeturar. Ahora les toca a ellos conjeturar y seguir conjeturando y lograr que se les escuche. Parte de las conjeturas más desmedidas jactanciosamente ignorantes del mundo se concentran hoy en Washington. Nuestros dirigentes están hartos de toda la información que la ciencia, el estudio y el periodismo han vertido sobre la humanidad. Creen que el pais entero también está harto de tanta información, y tal vez estén en lo cierto. No pretenden que volvamos a seguir el patrón del oro. Quieren algo todavía más básico: pretenden que volvamos a seguir la voz del charlatán.
Las pistolas cargadas son buenas para todos excepto para los internos de las cárceles y de los manicomios.
Correcto
Invertir millones en la sanidad pública crea inflación.
Correcto.
Invertir miles de millones en armas baja la inflación.
Correcto.
Las dictaduras de derechas son mucho más afines a los ideales estadounidenses que las dictaduras de izquierdas.
Correcto.
Cuantos más misiles con bombas de hidrógeno tengamos a punto para su lanzamiento en cuanto se dé la orden, más a salvo está la humanidad y mejor será el mundo que heredarán nuestros nietos.
Correcto.
Los residuos industriales apenas son dañinos, y menos aún los radiactivos, de modo que nadie debería quejarse.
Correcto.
Debería permitirse a las industrias que hicieran lo que les apetezca: sobornar, degradar un poquito el medio ambiente, fijar los precios, joder al tonto del consumidor, poner fin a la competencia y saquear el tesoro público cuando quiebre.
Correcto
La libre empresa consiste en eso.
También correcto.
Algo muy malo habrá hecho la gente pobre para serlo, de modo que sus hijos deberán pagar las consecuencias.
Correcto.
No se puede pretender que los Estados Unidos de América cuiden de su propia gente.
Correcto.
El libre mercado es un sistema de justicia automático.
Correcto.
Es broma.
Y si resulta que eres una persona instruida y reflexiva, no te recibirán bien en Washington. Conozco a un par de buenos estudiantes de trece años que ya no serían bien recibidos en Washington. ¿Se acuerdan de esos médico que se unieron hace meses para anunciar que era una simple y evidente certeza médica que no sobreviviríamos siquiera a un ataque moderado con bombas de hidrógeno? Ellos no fueron bien recibidos en Washington.

( … )

Cuando yo volví de la segunda guerra mundial, mi tío Dan me dio unas palmaditas en la espalda y me dijo: “Ya eres un hombre.” Por eso le maté. Bueno, la verdad es que no lo hice, pero les aseguro que tuve ganas.
Dan era mi tío malo, el que dijo que un varón no se hace hombre a menos que haya ido a la guerra.
Pero también tuve un tío bueno, mi difunto tío Alex. Era el hermano pequeño de mi padre, un licenciado en Harvard sin hijos que se ganaba el pan honradamente vendiendo seguros de vida en Indianápolis. Había leído mucho y era muy sensato. Su principal queja sobre los demás seres humanos era que, cuando son felices, pocas veces se dan cuenta. Por eso cuando bebíamos limonada a la sombra de un manzano en verano, por ejemplo, y hablábamos ociosamente a cerca de esto y de lo otro, zumbando casi como abejas, el tío Alex interrumpía de pronto la agradable charla para exclamar: “Si esto no es bonito, no sé qué puede serlo.”
Y ahora yo hago lo mismo, igual que lo hacen mis hijos y nietos. Y, por favor, les insto también a ustedes a fijarse en los momentos felices y a exclamar o murmurar o pensar: “Si esto no es bonito, no sé qué puede serlo.”
Kurt Vonnegut
Un hombre sin patria (traducción de Daniel Cortés. Ediciones Bronce)





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Publicado por elchicoanalogo @ 19:52  | Libros...
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