Viernes, 31 de mayo de 2013

Las luces de las farolas y las miradas entre desconocidos, las calles de la ciudad y las ventanas iluminadas de madrugada, quedarse en silencio ante la lluvia y el mar y el paso del tiempo que da una vuelta de tuerca al pasado, las tardes de domingo y el cansancio, los días normales y los gestos cotidianos, los recuerdos de una mujer en bicicleta y la vida como una farola encendida a las once de la mañana.

El último poemario de Iribarren me habla con una voz melancólica, concisa y a veces socarrona de pérdidas, derrotas y, también, pequeñas victorias. Me gustan la claridad y sencillez de sus poemas, la forma de escribir sobre la vida, la memoria y lo que se esconde tras una ventana encendida.



Las ciudades

Me gustan las ciudades, sus plazas,
sus calles, sus esquinas,
sentarme en la terraza de un bar
con un café delante
y dejar que pase el tiempo,
sin hacer nada, sin prisa
observando estoy y aquello,
y luego ir a alguna librería y revolver
un poco en los estantes,
y si hay río cruzar el puente
y repetir la misma operación al otro lado.
Me gusta estar solo entre la gente,
no ser nadie, no tener que ir a ningún sitio
pero poder ir a todos.
Me gusta la primera vez que me asomo
al espejo del baño del hotel,
ese momento de suspense,
recién llegado, cuando
no sabes si va a aparecer tu rostro
o el del último huésped, atrapado aún
en la memoria del azogue.
Me gustan los parques y los ríos
urbanos, pasear por ellos, a su lado,
especialmente en otoño.
Me gustan las ciudades, sí: andar,
mirar, vivir, enamorarme
de esa mujer del vestido rojo...



Apunte desde el tren

Barriadas
del extrarradio,

con las primeras
ventanas
encendidas,

tras las cuales
-piensas-
la vida tuvo siempre
pocas posibilidades...



Vivir es eso

Estamos tan cerca
el uno del otro
que me veo reflejado en sus pupilas.
Pero dura poco.
Ya está sentada en el autobús.
Ya se aleja.
La vida hace que estas cosas
sean escasas
a propósito.
Para que nos levantemos
cada mañana
a buscar más.



Desperdiciada luz

Una farola
encendida,
a las once
de la mañana,
junto al quiosco.

Me quedé un rato
quieto,
mirándola,

pensando
en la vida,

la mía,
y la de tantos
y tantos otros...
Karmelo C. Iribarren
Las luces interiores (Renacimiento)


Tags: Las luces interiores, Karmelo C. Iribarren, Renacimiento

Publicado por elchicoanalogo @ 19:50  | Libros...
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