Mi?rcoles, 05 de junio de 2013

Sukkwan Island se inicia con el intento de acercamiento entre un padre y un hijo y termina con entenderlo todo demasiado tarde. Y entre esos dos momentos, la fragilidad de las relaciones familiares, los momentos cercanos al terror y la muerte, nuestros miedos y dudas, el tiempo como algo pesado, tangible y un lugar salvaje y desconocido.

David Vann coloca a un padre y su hijo de trece años en una solitaria isla del sur de Alaska. Llegan en avión, traen provisiones, una radio, una barca hinchable en caso de emergencia, viven en una pequeña cabaña desastrada, cazan en el bosque o colocan cebos en la costa, idean formas para sobrevivir al invierno, por momentos parecen volver al tiempo de los pioneros.

Jim, el padre, cree que ese año en una isla es una oportunidad para estrechar lazos con su hijo, crear una pequeña comunidad utópica donde vivir de la naturaleza y que el trabajo por la supervivencia les una y dé un significado a sus vidas. Roy, el hijo, escucha llorar a su padre cada noche, no sabe cómo encarar ese tiempo en la isla, los cambios de humor de su padre, la distancia con su familia, el silencio alrededor. Los primeros días de convivencia muestran la tensión entre los dos, lo alejados que están el uno del otro en una isla que profundiza su soledad y distancia. El padre busca encontrar una base en la que asentar su vida, el hijo no sabe cómo tratar a su padre. Andan sobre una línea quebradiza. La lluvia era constante en el exterior, y su habitación era pequeña y estaba oscura. Su padre, que le susurraba y lloriqueaba y hacía ruidos extraños y aterradores en su desesperación, estaba solo a unos pasos de él y no había ningún otro sitio adonde ir.

Vann escribe una novela dura y sin concesiones, en la primera parte el narrador se centra en Roy, parece una novela inciática, un muchacho que deja atrás su vida en California y acompaña a su padre a una isla solitaria en Alaska, que pesca y caza y aprende a conservar y guardar los alimentos para el invierno, que se acostumbra a las formas abruptas y al silencio de la isla, que se obliga a quedarse porque conoce la fragilidad de su padre. Esta primera parte termina con un giro violento, inesperado, el viaje iniciático se convierte en una pesadilla, la pérdida de la razón. Sukkwan Island está escrita de forma austera, directa, párrafos pequeños que hablan de soledad, culpas, sueños, sentirse dentro de una frontera.



Por la noche, tarde, su padre volvió a llorar. Hablaba consigo mismo en pequeños susurros que sonaban como gemidos mientras lloraba y Roy no podía entender lo que decía su padre o descifrar cual era el dolor de su padre ni de donde provenía. Las cosas que su padre se decía a si mismo solo lo hacían llorar más, como si se obligara a hacerlo. Se quedaba callado y luego se decía algo mas y volvía a gemir y sollozar. Roy no quería oírlo. Lo asustaba y lo incapacitaba y no tenía forma de reconocerlo, ni ahora ni durante el día. No pudo pegar ojo hasta que su padre terminó y se quedó dormido.
Por la mañana, Roy recordaba el llanto, y le parecía que eso era exactamente lo que no debía hacer. En virtud de un acuerdo del que nunca había sido testigo, se suponía que debía oírlo por la noche y después durante el día no solo olvidarlo sino, de algún modo, hacer como si no hubiera existido. Empezó a tener miedo de las noches, aunque solo habían pasado dos.
David Vann
Sukkwan Island (traducción de Daniel Gascón. Ediciones Alfabia)


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Publicado por elchicoanalogo @ 20:46  | Libros...
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