Domingo, 23 de junio de 2013

La sombra del tren se desdibuja sobre la hierba. Atardece, el sol bajo, los árboles solitarios y las primeras ventanas iluminadas en el horizonte. Apoyo la cabeza en la ventana, siento el temblor del tren en mi frente, pequeñas sacudidas que me aquietan y adormecen. Pasamos por estaciones abandonadas, las puertas y ventanas tapiadas, la maleza junto a las paredes blancas, la maleza que crece en los andenes. Intento leer los letreros de las estaciones y retener sus nombres. Los faros de un coche iluminan una carretera secundario. Sigo el haz de los faros hasta que se pierde tras una curva.

Recuerdo su gesto bajo las estrellas. Se llevó las manos a la cabeza, sorprendida por la belleza y el silencio del cielo estrellado. Se sentía de regreso a su infancia, a otros cielos, intentamos recordar constelaciones y nombres. Pasaban tan rápido como ahora los letreros de las estaciones. Le dije que el pasado nos hablaba, que me gustaban las estrellas pequeñas y parpadeantes. Subimos al coche, la carretera junto a un embalse, el ruido del motor, la luz apagada de la luna sobre los campos. Me fijé en el espejo retrovisor, ella en silencio y las estrellas.

Aparto la cabeza de la ventana y veo mi cuerpo reflejado en ella: Estoy fuera del tren, pegado a la noche.





Publicado por elchicoanalogo @ 19:50  | diapositivas
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