Jueves, 27 de junio de 2013

No somos más
que el tiempo que nos queda
caminando hacia el olvido
que seremos.

Es duro, pero es así.

El resto, literatura.

Lo mejor
es no pensarlo mucho:
seguir andando,
tomar cafés, enamorarse,
ver la lluvia...
Karmelo C. Iribarren
Un día bueno (en Las luces interiores. Renacimiento)


Tags: Karmelo C. Iribarren, Un día bueno, Las luces interiores, Renacimiento

Publicado por elchicoanalogo @ 8:43  | Poes?a
Comentarios (0)  | Enviar
Martes, 25 de junio de 2013

Hace tiempo me dijo hay que ser económico con la verdad. Hablábamos de lo que compartíamos y lo que nos guardábamos, de conservar un espacio sólo para nosotros, de saber diferenciar entre un secreto y una mentira. Leo Paisaje aproximado y vuelvo a aquella tarde a su lado, lo que mostramos, lo que guardamos, las mentiras y los secretos, la huida como toma de distancia, el ruido que nos rodea dentro y fuera de nosotros, la oscuridad que creemos nos envuelve y los pequeños momentos de luz.

Kathrine nunca ha viajado al sur del círculo polar, vive en un pequeño pueblo con su hijo y su segundo marido, inspecciona los barcos que llegan a puerto, tiene una vida monótona, al igual que las noches alargadas del círculo polar, y sólo consigue descansar cuando se queda en el Hogar del pescador o habla con los capitanes de los barcos que inspecciona. Siente que vive una farsa, un marido que la miente y no la ve y la usa para aparentar una vida de placidez y hogar que no existe, un trabajo que le habla de otros lugares y otras vidas al sur del círculo polar. “Kathrine estaba sumida en la confusión, y la confusión le daba miedo. Tenía la impresión de haber perdido los estribos, de haber salido de su vida como quien sale de una casa y la mira desde fuera, desde abajo, como si estuviera a cincuenta centímetros del suelo, desde la perspectiva de un perro o de una niña, de la niña que había sido cuando sus padres llegaron al pueblo. Vagaba por sus recuerdos. Ya no había un antes ni un después. Toda su vida parecía yacer frente a ella como el propio pueblo.

Kathrine subirá a un barco, cruzará el círculo polar y recorrerá media Europa para dejar atrás su vida anodina. En ese viaje, la posibilidad de ser cualquier persona, sin nada ni nadie que la ate a su vida anterior, el regreso a casa tras su viaje que le ayudará a saber qué quiere, cómo enfrentarse y cambiar su vida, cómo esperar la llegada de la oscuridad y de la luz.

Peter Stamm escribe una historia de huida, mentiras y búsqueda. Usa el paisaje para cercar a los personajes, la noche alargada en invierno, la nieve que todo lo unifica, la turbulencia del mar, los paisajes nuevos y desconocidos de Francia (el paisaje como motor reflexivo, como escondite y, también, como umbral a algo distinto). “El viento empujaba las últimas nubes hacia el oeste. Kathrine aspiraba ávidamente el aire frío. Le hacía el efecto de que sólo podía respirar con luz. Pensó en la noche polar, en los meses oscuros en el pueblo. En esas épocas tenía la sensación de absorber el aire a través de la piel, de que todo se fundía en una masa oscura. Todas las personas, todos los objetos, las casas, la nieve y las rocas se superponían como sombras para convertirse en una gran oscuridad amorfa”. Meses después de leer Paisaje aproximado, aún recuerdo la voz pausada de Stamm, el viaje de Kathrine fuera del círculo polar, ese instante donde puede inventarse un pasado y descubre que se siente miserable al hacerlo.



–Al otro de la frontera no hay nada que sea diferente –dijo el capitán, y Kathrine dijo que ya lo sabía. Luego el capitán la invitó a tomar café. Fueron al comedor, casi vacío a estas horas. Había un camarero que ponía las mesas para la comida.
El capitán dijo que había que celebrarlo. Celebrar que Kathrine cruzaba por primera vez el círculo polar.
–Bienvenida al mundo –dijo, y ella se rió.
Cuando le preguntó adónde iba y si viajaba para hacer vacaciones, Kathrine dijo que no lo sabía; pero que más bien no, que simplemente se marchaba.
Peter Stamm
Paisaje aproximado (traducción de Richard Gross y Mª Esperanza Romero. Acantilado)


Tags: Peter Stamm, Paisaje aproximado, Richard Gross, Mª Esperanza Romero, Acantilado

Publicado por elchicoanalogo @ 21:36  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
Lunes, 24 de junio de 2013

En una ocasión una amiga me leyó la palma de la mano. Rodeó mi mano con la suya, me enseñó a distinguir la línea de la vida de la del amor (la calidez de su piel en la mía) y me dijo que tendría una vida larga, una mujer y dos hijos, que el éxito me llegaría en la madurez. Le pregunté si era una meiga, me respondió que había aprendido a leer las cartas del tarot y la mano en un libro.
Observo mi mano, las líneas se confunden con el azul de mis venas.

(coda)



Los lunes de Anay. Hogueras...

"No eres madera sola"
                                   ISABEL ABAD


ERES TÚ TODAVÍA

No es verdad que haya muerto para siempre
aquel muchacho callado que andaba
a solas por el bosque de eucaliptos
para escuchar la música del viento,
el que jugaba a perderse en el confín
de la playa cuando era ya de noche.
Entraba en casa tarde y silencioso.
Como quien sabe más de lo que dice,
como quien calla todo lo que siente.
No es verdad que haya muerto si regresa
tantas veces a compartir tu insomnio,
curiosea tranquilo entre tus libros,
come tu pan untado en mantequilla,
reconoce una foto en la repisa,
acaricia las cosas como suyas,
se descalza sin miedo, canturrea,
se sienta frente a ti sin decir nada,
te mira a los ojos francamente
y sonríe, sonríe sin desmayo
hasta que escuchas, nítido, el murmullo
de sus pasos en el muelle, el canto de las olas
que llenaba de gozo sus poquísimos años.
Sólo entonces de marcha, cuando cree que duermes.

                                                                  ALFREDO BUXÁN




...Feliz lunes y feliz verano.

Hasta septiembre, un beso.

Anay


Tags: Anay Sala Suberviola, Isabel Abad, Alfredo Buxán, David Bowie

Publicado por elchicoanalogo @ 19:16  | Los lunes de Anay
Comentarios (0)  | Enviar
Domingo, 23 de junio de 2013

La sombra del tren se desdibuja sobre la hierba. Atardece, el sol bajo, los árboles solitarios y las primeras ventanas iluminadas en el horizonte. Apoyo la cabeza en la ventana, siento el temblor del tren en mi frente, pequeñas sacudidas que me aquietan y adormecen. Pasamos por estaciones abandonadas, las puertas y ventanas tapiadas, la maleza junto a las paredes blancas, la maleza que crece en los andenes. Intento leer los letreros de las estaciones y retener sus nombres. Los faros de un coche iluminan una carretera secundario. Sigo el haz de los faros hasta que se pierde tras una curva.

Recuerdo su gesto bajo las estrellas. Se llevó las manos a la cabeza, sorprendida por la belleza y el silencio del cielo estrellado. Se sentía de regreso a su infancia, a otros cielos, intentamos recordar constelaciones y nombres. Pasaban tan rápido como ahora los letreros de las estaciones. Le dije que el pasado nos hablaba, que me gustaban las estrellas pequeñas y parpadeantes. Subimos al coche, la carretera junto a un embalse, el ruido del motor, la luz apagada de la luna sobre los campos. Me fijé en el espejo retrovisor, ella en silencio y las estrellas.

Aparto la cabeza de la ventana y veo mi cuerpo reflejado en ella: Estoy fuera del tren, pegado a la noche.





Publicado por elchicoanalogo @ 19:50  | diapositivas
Comentarios (0)  | Enviar
Jueves, 13 de junio de 2013

Hubo una gota de agua y se hundió en el mar.
De polvo una partícula a la tierra se unió. 
Tu llegada y partida ¿qué es en este mundo?
Una ligera mosca apareció y desapareció.
Omar Jayyam
Rubaí 97 (en Rubayat. Traducción de Clara Janés y Ahmad Taherí. Alianza editorial)


Tags: Omar Jayyam, Rubayat, Clara Janés, Ahmad Taherí, Alianza editorial

Publicado por elchicoanalogo @ 10:08  | Poes?a
Comentarios (0)  | Enviar
Mi?rcoles, 12 de junio de 2013

a)
Se empapa las manos y la nuca con colonia. Intenta quitarse el olor a sudor frío y serrín. Observo la pausa en sus gestos, los bultos de sus manos, la mirada baja, el cordón de las gafas alrededor del cuello y la respiración entrecortada. Se ha ralentizado y encorvado con los años. Recuerdo sus fotos de juventud (fotos más pequeñas que la palma de mi mano). Baila, bebe cerveza, sonríe desenfadado a cámara, sostiene un cigarrillo o saluda desde la cabina de un tractor. Los gestos desenvueltos, la mirada risueña y tranquila, el cuerpo prematuramente adulto.

b)
Encuentro un reloj de bolsillo clavado en un panel del taller. Lo cojo entre mis manos, los números en negro, la esfera blanca, la hora detenida a las cinco menos veinte del día veinticuatro (sin mes). Heredó el reloj de su padre. Cada mañana le daba cuerda en la cocina, me gustaba ver cómo se lo llevaba al oído antes de devolverlo a su lugar en la pared. Le pregunto por qué no lo arregla y se encoge de hombros. 

c)
Mide y marca la madera con lápiz. Atornilla las puertas de un pequeño armario. A veces le tiembla la mano o jura cuando se le cae un tornillo al suelo. Sigo el movimiento de sus manos, la lentitud con la que trabaja, los parones para observar la simetría de las baldas y puertas. De niño me sorprendían las chispas que salían de su mesa de carpintero, el serrín que caía en cascadas al suelo, el olor a sudor, hierro, hierba y madera. Dejamos el armario sobre una mesa, aparta el polvo con la mano y comprueba que las puertas cierren bien. Me mira en silencio.

c)
Da un último vistazo al taller y cierra la puerta (el reloj parado, las fotos en blanco y negro, el tiempo que se nos ha echado encima, su mirada lenta y tranquila y cómo llegar hasta ella)


Publicado por elchicoanalogo @ 2:02  | diapositivas
Comentarios (0)  | Enviar
Martes, 11 de junio de 2013

Hablo con vosotros, los muertos; sin embargo, al decir «vosotros» estoy ya tergiversando, hago juegos de manos, me interno en una niebla retórica, en unas tinieblas propicias a toda clase de rumores. Porque ¿en quién estoy pensando cuando digo «vosotros»? ¿Me refiero a los cadáveres que están en sus ataúdes, a los pulverulentos despojos que hay en las urnas, cosas, por tanto, objetos a los que no cuadra (si no es en los cuentos) ni el «tú» ni tampoco el «yo»? ¿O me refiero, al decir «vosotros», a lo que fuisteis antes de convertiros en lo que sois ahora? Entonces mi «vosotros» sería también un engaño, aunque sólo fuera porque vosotros ya no sois en lo más mínimo aquello que fuisteis, sino algo completamente diferente: muertos; sólo por eso os dedico mi solemne discurso.
Permitidme con todo, os lo ruego, este hipotético «vosotros», pues de lo contrario mi discurso no conseguiría tomar alas y, por otra parte, ya sabéis que es la costumbre invocar a los muertos mientras se les entierra, es decir, cuando se hallan ya a varias eternidades de distancia, como si estuvieran aún a nuestro lado, como si estuvieran poniendo el pie en la barca de Caronte y pudieran todavía prestar oído a nuestro lacrimoso «¡buen viaje!» y contemplar el húmedo pañuelo con el que les decimos adiós. (Yo he llegado a oír cómo alguien despedía con un Leb wohl! (literalmente, «que vivas bien» ) a un muerto al que iban a bajar a la fosa, lo que sonaba casi como si le aconsejaran tranquilidad y buenos alimentos).
Me permito, pues, la mentira de decir «vosotros». Será sin embargo la única mentira de la que se pueda acusar a mi oración: lo que sigue es la pura verdad, despiadada, imperturbable, no traicionada por las lágrimas, la que sólo se puede decir hablando con los muertos, con un auditorio que no oye nada. Dicho esto, no puedo dejar de manifestaros que fuisteis unos locos consumados al sacrificaros por una «causa», que cometisteis una estupidez ilimitada, atroz, realmente merecedora de la muerte, al deshaceros de la vida en nombre precisamente de aquello que la hacía, en vuestra opinión, digna de ser vivida, cuando, para salvar el contenido, hicisteis pedazos, insensatos, el recipiente que lo protegía. Exhorto pues, como los demás oradores y sin embargo de otro modo, a vuestros hermanos a que tomen ejemplo de vosotros. Disuasorio. Al morir por ella, habéis causado un daño irreparable a la «idea» por la que vivisteis; vuestra muerte, en el mejor de los casos, le ha servido de adorno, de patético atavío, mientras que vuestra vida le servía de fuerza motriz, de piedra basilar, de espíritu, de manos que construyen, de voluntad y de pasión. Vuestra muerte hace avanzar la causa por la que habéis muerto, afirman los pregoneros de vuestra iglesia, pues, en su opinión, quien quiera contribuir a redimir a la humanidad ha de estar dispuesto a sacrificar su vida ante tal empresa. Puede ser (dejando aparte que cada redención de la humanidad se limita a dejarla en un estado que requiere a su vez una nueva redención, y así de nuevo, en una espiral infinita). Puede ser. Pero sacrificar la vida a una empresa, lo que significa es, bien entendido, dedicarle todas las energías y posibilidades de las que esa vida dispone, y no, como habéis hecho vosotros, arrebatársela radicalmente. ¿O acaso creéis de verdad que vuestra vida significa algo grandioso para la idea por la que vivíais? ¡Qué aires delirantes de Redentor, qué sobrevaloración megalómana de vuestro ya-no-estar, qué puerilidad tomar en serio el patetismo retórico con el que los supervivientes revisten vuestra muerte para no tener que reconocerla en toda su crasa insensatez! A los que celebran que hayáis muerto por la causa, ¿de dónde les viene el valor de hablar así? De la certeza de que ya no podéis oír lo que dicen. Si les faltara esa certeza, se cuidarían de mantener la boca cerrada y de agazaparse, muertos de miedo, en el corro más denso de los vivos. Venid, si es que algo terrenal os puede preocupar todavía, volved dentro de poco de la nada en la que os habéis precipitado y comprobad los resultados de vuestro heroico sacrificio. Preguntad a los que estuvieron más lejos de vosotros qué ha sido de la perpetua memoria que os fue prometida: con periódicos viejos habrán de refrescar la suya aquellos que juraron no dejaros caer en el olvido. Preguntad a los que estuvieron más cerca de vosotros si la idea sublime por la que los dejasteis ha restado amargura a una sola de sus lágrimas. Me temo que habréis de oír a esposa e hijos maldecir la causa por la que derramasteis vuestra sangre. Volved al cabo de los años y buscad los templos sobre cuyos altares os dejasteis inmolar. No encontraréis sino ruinas pintorescas, depuestos ya los dioses, reducidos los sacros rituales a números de archivo, testimonio de los errores e insanos desvaríos de tiempos ya pasados.
Yo no sé en aras de qué causa, partido, deber o idea habéis muerto. Supongo que aquello en cuyo dudoso interés os dejasteis masacrar debe de haber sido algo muy alto y muy hermoso. Pero eso no cambia en nada lo absurdo de vuestra acción. Como os faltaba luz en esta tierra efímera, os habéis precipitado en la interminable oscuridad. Para perfeccionar el mundo en el que respirabais, un mundo que existía, sin embargo, sólo en vosotros y a través de vosotros (pues el mundo es una función, una ficción del yo, y con la destrucción de cada yo es el mundo entero el que se destruye), lo habéis aniquilado enteramente. Por enaltecer la vida os habéis pasado a la muerte, su enemigo primordial.
Vuestros correligionarios os tranquilizan diciendo que vuestra muerte no habrá sido en vano y se tranquilizan a sí mismos con el argumento de que sin víctimas la humanidad no progresa. Tal vez sea cierto. Lo que yo creo es, sin embargo, que sólo habremos llegado a una fase realmente superior de desarrollo cuando los combatientes se avergüencen de los compañeros inmolados en vez de enorgullecerse de ellos, cuando se depositen coronas en las tumbas porque nadie yace en ellas y cuando el culto a los caídos se sustituya por el culto a las tumbas vacías.
Alfred Polgar
Discurso, por desgracia nunca pronunciado, ante la tumba de las víctimas (en La vida en minúscula. Traducción de Manuel Lobo. Acantilado)


Tags: Alfred Polgar, La vida en minúscula, Manuel Lobo, Acantilado

Publicado por elchicoanalogo @ 15:02  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
Lunes, 10 de junio de 2013

Sigo la sombra de las nubes en el suelo. Oscurece las baldosas, las hojas caídas, los bancos del parque, las casetas de la feria del libro. Una niña se pregunta para qué sirve un mapa. Se responde, segura, los mapas son para saber dónde estás. Pienso en las cruces que marqué en los mapas de Lisboa o Barcelona, el redondel que dibujaba a su alrededor cuando llegaba a mi destino, las líneas que unían dos puntos, los pliegues en el papel que dividían un nombre o un puerto y la pregunta y ahora dónde.
Abren las casetas de la feria. El viento dobla las portadas de los libros.


Los lunes de Anay. Despertares...

"Abro los ojos. Veo el jardín: no hay nadie.
Abre los ojos el jardín: me mira."
                                              JOSÉ EMILIO PACHECO


MIENTE UN SUEÑO

Miente un sueño el amor, y casi siempre
acierta a conmoverte con sus brumas;
una mentira altísima, una imagen
adorable te ofrece; tú sospechas
que no es cierto: no existen sino sombras,
humo y temblor. Escrito sobre el agua,
el nombre amado dura lo que un soplo.

Pero es tan dulce entrecerrar los ojos,
hacer como que crees y entregarte.

                                                   JOSEFA PARRA





...Feliz lunes.

Un beso,

Anay


Tags: Anay Sala Suberviola, José Emilio Pacheco, Josefa Parra, Amaral

Publicado por elchicoanalogo @ 18:46  | Los lunes de Anay
Comentarios (0)  | Enviar
Jueves, 06 de junio de 2013

Ahora andará por otras tierras,
llevando lejos luces y esperanzas,
aventando bandadas de pájaros remotos,
y rumores, y voces, y campanas,
-ruidoso perro que menea la cola
y ladra ante las puertas entornadas.

(Entretanto, la noche, como un gato
sigiloso, entró por la ventana,
vio unos restos de luz pálida y fría, y
se bebió la última taza.)

Sí;
    definitivamente el día se ha ido.
Mucho no se llevó (no trajo nada);
sólo un poco de tiempo entre los dientes,
un menguado rebaño de luces fatigadas.
Tampoco lo lloréis. Puntual e inquieto,
sin duda alguna, volverá mañana.
Ahuyentará a ese gato negro.
Ladrará hasta sacarme de la cama.

Pero no será igual. Será otro día.

Será otro perro de la misma raza.
Ángel González
El día se ha ido (en Prosemas o menos)


Tags: El día se ha ido, Prosemas o menos, Ángel González

Publicado por elchicoanalogo @ 21:12  | ?ngel Gonz?lez
Comentarios (0)  | Enviar
Mi?rcoles, 05 de junio de 2013

Sukkwan Island se inicia con el intento de acercamiento entre un padre y un hijo y termina con entenderlo todo demasiado tarde. Y entre esos dos momentos, la fragilidad de las relaciones familiares, los momentos cercanos al terror y la muerte, nuestros miedos y dudas, el tiempo como algo pesado, tangible y un lugar salvaje y desconocido.

David Vann coloca a un padre y su hijo de trece años en una solitaria isla del sur de Alaska. Llegan en avión, traen provisiones, una radio, una barca hinchable en caso de emergencia, viven en una pequeña cabaña desastrada, cazan en el bosque o colocan cebos en la costa, idean formas para sobrevivir al invierno, por momentos parecen volver al tiempo de los pioneros.

Jim, el padre, cree que ese año en una isla es una oportunidad para estrechar lazos con su hijo, crear una pequeña comunidad utópica donde vivir de la naturaleza y que el trabajo por la supervivencia les una y dé un significado a sus vidas. Roy, el hijo, escucha llorar a su padre cada noche, no sabe cómo encarar ese tiempo en la isla, los cambios de humor de su padre, la distancia con su familia, el silencio alrededor. Los primeros días de convivencia muestran la tensión entre los dos, lo alejados que están el uno del otro en una isla que profundiza su soledad y distancia. El padre busca encontrar una base en la que asentar su vida, el hijo no sabe cómo tratar a su padre. Andan sobre una línea quebradiza. La lluvia era constante en el exterior, y su habitación era pequeña y estaba oscura. Su padre, que le susurraba y lloriqueaba y hacía ruidos extraños y aterradores en su desesperación, estaba solo a unos pasos de él y no había ningún otro sitio adonde ir.

Vann escribe una novela dura y sin concesiones, en la primera parte el narrador se centra en Roy, parece una novela inciática, un muchacho que deja atrás su vida en California y acompaña a su padre a una isla solitaria en Alaska, que pesca y caza y aprende a conservar y guardar los alimentos para el invierno, que se acostumbra a las formas abruptas y al silencio de la isla, que se obliga a quedarse porque conoce la fragilidad de su padre. Esta primera parte termina con un giro violento, inesperado, el viaje iniciático se convierte en una pesadilla, la pérdida de la razón. Sukkwan Island está escrita de forma austera, directa, párrafos pequeños que hablan de soledad, culpas, sueños, sentirse dentro de una frontera.



Por la noche, tarde, su padre volvió a llorar. Hablaba consigo mismo en pequeños susurros que sonaban como gemidos mientras lloraba y Roy no podía entender lo que decía su padre o descifrar cual era el dolor de su padre ni de donde provenía. Las cosas que su padre se decía a si mismo solo lo hacían llorar más, como si se obligara a hacerlo. Se quedaba callado y luego se decía algo mas y volvía a gemir y sollozar. Roy no quería oírlo. Lo asustaba y lo incapacitaba y no tenía forma de reconocerlo, ni ahora ni durante el día. No pudo pegar ojo hasta que su padre terminó y se quedó dormido.
Por la mañana, Roy recordaba el llanto, y le parecía que eso era exactamente lo que no debía hacer. En virtud de un acuerdo del que nunca había sido testigo, se suponía que debía oírlo por la noche y después durante el día no solo olvidarlo sino, de algún modo, hacer como si no hubiera existido. Empezó a tener miedo de las noches, aunque solo habían pasado dos.
David Vann
Sukkwan Island (traducción de Daniel Gascón. Ediciones Alfabia)


Tags: Sukkwan Island, David Vann, Daniel Gascón, Ediciones Alfabia

Publicado por elchicoanalogo @ 20:46  | Libros...
Comentarios (0)  | Enviar
Lunes, 03 de junio de 2013

Le gustaba la penumbra y mirar por la ventana. Se sentaba en la cocina, se arreglaba el pañuelo negro sobre la cabeza, juntaba sus manos sobre la mesa y se quedaba en silencio. Seguía su mirada, la sombra de la parra sobre la entrada, el camino de tierra, el sonido de los tractores, alguien que se acercaba a la casa. Me preguntaba qué buscaba en la ventana, y cuántas imágenes guardaría dentro de ella.


Los lunes de Anay. Nihil obstat...

"antes que el tiempo muera en nuestros brazos."
                                                  ANDRÉS FERNÁNDEZ DE ANDRADA



HOY, POR EJEMPLO

La vida comienza cualquier día.
Da lo mismo que llueva o el viento
levante la hojarasca del camino.
Cuando la destrucción parece inevitable
y se rinden los últimos reductos
del alma,
             cuando ronda la muerte
sin ocultar su rostro,
                              un simple gesto
de apariencia involuntaria le da un giro
al rumbo que traía la noche,
templa el dolor, lo asume, le da sentido
y abre un resquicio en la tiniebla
por el que entra, renovado, el aire.
Depende de nosotros el siguiente paso.
Entender las señales. Iniciar el viaje.

                                                      ALFREDO BUXÁN



...Feliz lunes.

Un beso,

Anay


Tags: Anay Sala Suberviola, Alfredo Buxán, David Bowie, Fernández de Andrada

Publicado por elchicoanalogo @ 19:48  | Los lunes de Anay
Comentarios (0)  | Enviar