Mi?rcoles, 06 de noviembre de 2013

Las primeras fotografías de Carver Country nos enseñan el cuaderno de notas, el escritorio y el estudio de Raymond Carver. En el cuaderno de notas se puede leer write stories; en el escritorio y estudio: ceniceros, cigarrillos apagados, manuscritos, una foto de Chéjov, una pila de hojas, fotografías de Carver y Tess Galleguer. Carver Country se inicia con una pequeña descripción del estudio de Carver y continúa con una selección de sus cuentos y poemas entremezclados con las fotografías de Bob Adelman (pienso en miradas que se cruzan).

Bob Adelman intenta captar el mundo de Carver, serrerías, campos abiertos, barras de bar, la mirada de Tess Gallagher, ríos y moteles, los amigos del escritor, la casa de Chef. Sus fotografías complementan las palabras de Carver, hace reconocibles sus palabras, sus lugares comunes, la tristeza, desnudez y cercanía de sus cuentos y poemas. Hay moteles y barras de bar, hay personajes que miran a cámara y parece que han perdido algo en su mirada, hay campos abiertos, ríos y porches solitarios.

Avanzo por Carver Country, el orden de los cuentos y poemas, las cartas a lectores, la voz final de Tess Gallagher, este libro como una biografía de Raymond Carver, la realidad que hay en la ficción de sus libros, los recuerdos, personas, trabajo y lugares que Carver  de su vida a su obra. Las parejas que se despiden en moteles, las casas donde intentar una segunda oportunidad, el campo donde se entrevé un atisbo de felicidad, las copas y los cigarrillos, los primeros planos de la familia de Carver, los alcohólicos y los trabajadores de serrerías, la relación entre padres e hijos, los gestos cotidianos y la pérdida. Cada página, cada fotografía, forman parte de un mapa, del territorio Carver.

Carver Country es desandar el camino y volver a encontrarse con un mundo que reconozco, recordar los cuentos de Catedral o los poemas de Bajo una luz marina, es ubicarme en el mundo de Carver y descubrir guiños, señales y lugares que pasé por alto en una primera lectura, es volver a la emoción que me transmiten sus cuentos y descubrir la mirada de Adelman, sus imágenes en blanco y negro que retratan el mundo de Carver de manera acertada (imágenes que tienen su propio peso y emoción, como la última fotografía del libro, la mesa de trabajo de Carver, un retrato de Chéjov y una máquina de escribir sin papel).



De Cajas. La gente, en verano, suele tomarse vacaciones. Mi madre se muda. Empezó a mudarse años atrás, cuando mi padre se quedó sin trabajo. Cuando lo despidieron y se vio en el paro, vendieron la casa (como si fuera lo que debiera hacerse en esos casos) y se mudaron a otras latitudes que pensaron más propicias. Pero las cosas tampoco mejoraron en su nuevo hogar. Así que volvieron a mudarse. Y siguieron mudándose una y otra vez. Vivían en casas alquiladas, en apartamentos, en roulottes, e incluso en moteles. Siempre de un sitio a otro, siempre más ligeros de equipaje en cada mudanza. En un par de ocasiones recalaron en la ciudad donde yo vivía. Se instalaron en mi casa, vivieron con mi mujer y conmigo un tiempo y volvieron a partir. Eran algo así como aves migratorias, sólo que sus desplazamientos no seguían ninguna pauta definida. Viajaron de un lado a otro durante años, y hubo veces en que salieron incluso del estado en busca de pastos más verdes. Pero en general sus peregrinajes se mantenían dentro de los límites del norte de California. Al morir mi padre, pensé que mi madre dejaría de ir de un lado para otro y se quedaría en algún lugar durante un tiempo. Pero no fue así. Siguió mudándose. Una vez le sugerí que fuera a ver a un psiquiatra. Me ofrecí incluso a costeárselo. Pero ella no quiso ni oír hablar del asunto. En lugar de hacerme caso, lo que hizo fue dejar la ciudad e irse a vivir a otra parte. Debí de sentirme muy desesperado para que se me ocurriera hablarle de un psiquiatra.
Se pasaba la vida haciendo o deshaciendo las maletas. A veces se mudaba dos o tres veces al año. Hablaba con resentimiento del sitio que dejaba y con optimismo del que acababa de elegir. Su correo quedaba siempre atrás, la pensión le llegaba siempre a direcciones en las que ya no estaba, y se pasaba horas y horas escribiendo cartas para arreglar las cosas. Había veces en que se mudaba de una casa de apartamentos a otra situada a unas manzanas más allá, para luego volver al mismo edificio un mes después, sólo que a otro piso, a otra escalera. Así que cuando se mudó aquí decidí alquilarle una casa que estuviera amueblada a su gusto.
—Es esa manía de mudarse lo que la mantiene viva —decía Jill—. Lo que la mantiene ocupada. Debe de producirle una especie de placer morboso, imagino.
Acierte o no en lo del placer, Jill piensa que mi madre empieza a chochear. Y yo también lo pienso. Pero ¿cómo le dices a tu madre una cosa semejante? ¿Cómo tratarla en tal caso? El hecho de empezar a chochear no le impide planear y llevar a cabo su siguiente mudanza.
Raymond Carver
Carver Country (Textos de Raymond Carver. Fotografías de Bob Adelman. Traducción de Jesús Zulaika. Anagrama)


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Tags: Carver Country, Raymond Carver, Bob Adelman, Jesús Zulaika, Anagrama

Publicado por elchicoanalogo @ 7:02  | Libros...
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