Jueves, 14 de noviembre de 2013

i
Sacude el polvo de las páginas del libro (es de tapa dura, las páginas ocres y la sobrecubierta desgastada). Sonríe, da la vuelta al libro, lo abre por una página al azar y lo cierra con un rápido gesto que origina una pequeña nube de polvo. Tiene una mirada ágil, la cabeza calva, las manos curiosas. Lleva una bolsa de tela al hombro, mira cada libro en de las diferentes hileras, escoge novelas, un libro sobre la historia del aeropuerto de Bilbao, algunas postales y calendarios viejos, un par de guías de viaje. En la bolsa, la forma de los libros. Observo su búsqueda entre las mesas del rastrillo y creo ver un reflejo. Me dice que los libros se esconden unos entre otros y que suele encontrar algo interesante a la tercera pasada, que tiene un desván con miles de libros, que coloca un plástico delante de las estanterías para evitar que entre el polvo y dañe los libros. Le cuento que hago lo mismo en las ferias de segunda mano, que a veces descubro a Shepard o Dexter tras varias búsquedas en la misma caseta, que compro un libro por las huellas que encuentro, una dedicatoria, una fotografía, una pequeña hoja aplastada, frases subrayadas o una fecha, que dejo billetes de metro, hojas o mapas dentro de los libros para crear una huella futura.

ii
Descargamos cajas y bolsas de los coches y las dejamos bajo las mesas. Hay ropa, libros, juguetes, robots de cocina, tazas, abalorios. Saco los libros de las cajas de cartón, hago columnas que se tambalean por el peso, leo títulos y nombres de escritores mientras formo las primeras hileras, busco a Kurt Vonnegut o Ángel González (no hay suerte), me detengo cuando sobresale alguna hoja entre las páginas y leo fragmentos de novelas que otra persona sintió hablaban de ella (es un diálogo en el espacio y en el tiempo). Se mezclan las novelas de Jack London y Barbara Wood con manuales de cocina y guías de Viena en inglés. Sonrío por la diversidad de historias, por sentirme al otro lado y poder ver la mirada incisiva y los gestos torpes de los curiosos, la sorpresa de los niños al hojear tebeos antiguos (uno pregunta a su madre qué significa quince pesetas), las mujeres mayores con la mano apoyada en un bastón, la mirada acuosa y la voz baja al preguntarme por Bolaño o Saramago.

iii
Encuentro una fotografía en blanco y negro dentro de un libro de Trevanian. Me extraña la imagen, un hombre de pie dentro de una casa, un cigarrillo en la mano, la mirada esquinada, el exterior difuminado tras una ventana. Observo su cara menuda, el bigote negro, el gesto concentrado (me recuerda a Tarkovski), me pregunto qué originó esa foto (es una imagen cotidiana), por qué se quedó dentro de un libro, quién la dejó ahí, si alguien recordará a ese hombre. Guardo la fotografía entre las páginas del libro.

iv
Me cuenta que lleva cincuenta y cuatro años en París, que de niña venía a esta plaza a ver a las “niñas tontitas” del colegio, que le gusta la novela histórica y los libros de segunda mano, que una vez terminada una lectura deja el libro en un banco o en un vagón de tren para que sea otro quien lo encuentre y, por un instante, se sorprenda.

v
Me detengo delante de las estanterías. Abro En tierras bajas y me encuentro un marcapáginas con una pequeña oración y el olor de los libros de segunda mano. En El sistema periódico se esconden una factura de una librería catalana y un billete de tren. En Las sirenas de Titán están las postales que nos escribíamos mi padre y yo en mi infancia (la letra pulcra de mi padre, los trazos infantiles de la mía, los pequeños mensajes que hablan de un pájaro que le contaba si me portaba bien).


(coda)
Este sábado, dieciseis de noviembre, la protectora SOS Bilbao organizará un nuevo rastrillo solidario en el parque gernika de Santurtzi de diez de la mañana a tres de la tarde, todo lo recaudado irá para los perros y gatos abandonados que atienden.

http://www.sosbilbao.org/




Publicado por elchicoanalogo @ 6:29  | segunda mano
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