S?bado, 30 de noviembre de 2013

Kappa podría ser uno de los viajes del marino Gulliver de Jonathan Swift, bajo un tono de sencillo e irónico se esconde una mirada crítica con el ser humano y su conducta. Akutagawa da la voz al paciente número 23 de un hospital psiquiátrico para describir su viaje al país subterráneo de los kappa, unas criaturas pequeñas y extrañas, mezcla de hombre, rana, pato y tortuga que viven cerca del agua (y, según la mitología japonesa, son seres malignos).

Akutagawa usa el país de los kappa para atacar el capitalismo y militarismo. En capítulos cortos y sencillos expone el peligro de la militarización de un país, las frágiles condiciones laborales de los obreros, las creencias y el arte. El paciente número 23 cae por un hoyo y llega a un mundo subterráneo y mitológico. Se encuentra con los kappa que le acogen y le dan un tratamiento especial, observa los comportamientos de los kappa, aprende su idioma, se sorprende por la persecución amorosa de las hembras a los machos, por los partos donde el padre se acerca a la vagina de la madre para preguntar al niño si quiere nacer o no, por los conciertos que se interrumpen si alguien no entiende la música, por los poetas que quieren trascender y dejar su nombre en el recuerdo, por las leyes arbitrarias y sacerdotes que no creen en la deidad que proclaman.

Hay buenos momentos dentro de Kappa donde se unen el humor, la locura y la incomprensión de la conducta humana. Un poeta que se suicida (como lo hizo poco después Akutagawa) y cuyo espíritu aparece en cada fotografía, las kappa hembra que persiguen a los machos hasta darles alcance, un kappa empresario que domina tanto el partido en el gobierno como el periódico de los obreros y confiesa que realmente, es su mujer quien está detrás de él, la asunción de los trabajadores como una masa informe a la que sacrificar en los momentos de crisis.


Lo que quiere decir es que sacrificamos a los obreros que pierden su trabajo y utilizamos su carne como alimento. Mire, aquí hay un periódico, a ver si dice algo al respecto, y se lo explico mejor... ¡Ah, aquí! -Y procedió a leer en voz alta-: «La cifra de nuevos desempleados de este mes asciende a 64.769; el precio de la carne ha bajado proporcionalmente...»
Horrorizado, atiné a preguntar:
-¿Y los trabajadores aceptan esta situación sin protestar? Morir masacrados a manos de sus patronos...
-No importa que protesten mucho o poco -dijo Pep desde detrás de una montaña de melocotón confitado-. Hay un estatuto que cubre cada aspecto de la matanza del trabajador.


Kappa es una novela corta, incisiva e irónica en algunos instantes me llevó a Jonathan Swift y Mark Twain, un paciente sin nombre, un mundo subterráneo, unos seres extraños cuya religión les dice, «Comed. Yaced. Vivid», y a la vez masacran a sus trabajadores y apuestan por la guerra y el rearme militar, un poeta kappa que se suicida y contempla la vida desde el otro lado.



-Nuestro dios creó el mundo en un solo día. Aunque utilizamos el término «árbol», nada es demasiado para el poder de nuestro Árbol de la Vida. Y por supuesto, también creo a la hembra kappa, cuando ésta se aburrió de su existencia tediosa, se puso a buscar un compañero y Dios se apiadó de su soledad, y a partir de su cerebro modeló al macho kappa. Luego, bendijo a la pareja de kappas y les ordenó: «Comed. Yaced. Vivid».
Ryunosuke Akutagawa
Kappa (Traducción de David Favard. Ático de libros)


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Publicado por elchicoanalogo @ 6:51  | Libros...
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