Jueves, 19 de diciembre de 2013

La realidad, el sueño, el deseo: a Herman le gustaba moverse y escribir entre esos límites, entre esas fronteras. Escribió también un ensayo sobre lo que se ha venido a llamar «realismo mágico». En efecto, Herman fue un precursor en Europa de ese movimiento. En sus obras el sueño y la realidad aparecen siempre mezclados, quizá como una forma de enfrentarse al desastre de las dos contiendas mundiales que había vivido su pueblo. La guerra cambia la percepción de la realidad, no queda ni rastro de los valores que nos inculcan en la infancia. En ese infierno no sirven de nada. Por eso Herman intentaba en sus obras volver a esa forma de entender el mundo que tienen los niños; la lógica infantil lo satisfacía más que la de los adultos. Pero este realismo mágico no tiene nada que ver con el movimiento literario latinoamericano del mismo nombre. El de Europa era más individualista, heredero del surrealismo. El de Hispanoamérica fue más popular. En la era del poscolonialismo, trataban de recuperar una forma de contar autóctona.
Después de la guerra, igual que otros muchos autores, Herman pasó del compromiso al sueño, de pensar en salvar a su pueblo a reivindicar la libertad personal, del nosotros al yo. La guerra se había ganado, cierto, pero el precio había sido tan alto que los escritores perdieron su fe en la bondad del ser humano.
Kirmen Uribe
Lo que mueve el mundo (Traducción de Gerardo Markuleta. Seix Barral. Círculo de lectores)


Tags: Kirmen Uribe, Lo que mueve el mundo, Gerardo Markuleta, Seix Barral, Círculo de lectores

Comentarios