Domingo, 15 de diciembre de 2013

A pesar del título poco atractivo, La historia del amor hizo que me fijase en Nicole Krauss. La vida de un viejo solitario y de las diferentes mujeres con el mismo hombre, Alma, los recuerdos reales o inventados, la búsqueda de las raíces, las preguntas sobre la propia vida, hicieron de La historia del amor una de las lecturas más extrañas y cercanas de los últimos años. Su libro La gran casa lo recuerdo como una buena lectura, laberintos y seres que se cruzan, voces apagadas y una búsqueda.

Llega un hombre y dice es la primera novela de Nicole Krauss. Se inicia con una imagen poderosa y terrible, el resplandor de una bomba atómica, y continúa con un hombre vagando por el desierto, sin saber quién es ni dónde está. Samson Greene sale del desierto y pierde todos sus recuerdos a partir de los doce años de edad, su mundo detenido en esa frontera entre la infancia y la adolescencia, el umbral de los cambios y el primer paso a la madurez. Samson regresa a su vida en Nueva York, convive con su mujer, pasea por calles que ahora le son desconocidas y con los recuerdos que sólo llegan hasta sus doce años (la quiebra entre lo que ve y lo que recuerda, el espacio en blanco entre esos dos extremos). Samson siente un vacío con límites dentro de su cerebro, un agujero que se ha tragado cada instante de su vida adulta, y se siente atraído por ese vacío, por ese lugar yermo dentro de él que necesita preservar. Es lo atractivo de esta novela, un hombre que se niega a recordar, que prefiere preservar el vacío a recuperar sus últimos recuerdos, que busca sentirse fuera del espacio y del tiempo. 

Hay un momento que me recuerda a las novelas de Philip K. Dick, un centro científico en el desierto, un hombre que quiere implantar recuerdos ajenos en las personas. Un recuerdo que no pertenece a Samson entra en ese vacío dentro de él, lo siente como propio y lo noquea hasta dejarlo sin sentido. Qué recuerdos son reales, qué nos conforma, cómo cambia nuestra perspectiva del mundo a través de imágenes que no nos pertenecen.

Krauss habla sobre la identidad y la memoria, sobre el desdoblamiento entre el mundo que recordamos y el mundo que vemos, sobre renuncias, la realidad de nuestros recuerdos y vacíos con límites.



La segunda noche que Samson pasaba en casa, Anna, agotada, se quedó dormida antes que él. Tendido a su lado en la oscuridad, él respiraba despacio, para no despertarla. Oía el zumbido de coches que circulaban bajo la lluvia y las risas de la televisión que subían del piso de abajo. Se sentía a disgusto en la cama, pero no se le ocurría ningún otro sitio en el que hubiera preferido estar. Aunque no recordaba nada de los muchos años transcurridos desde su niñez, su habitación de entonces parecía pertenecer a un mundo desaparecido que hubiera existido hacía mucho tiempo. A pesar de lo difícil que le resultaba adaptarse y de su confesión, no se sentía un niño de doce años sino un hombre de treinta y seis. Sólo que no lograba recordar cómo había llegado a ser quienquiera que ahora fuese.

( … )

Samson estaba junto a la ventana del dormitorio, mirando la oscura piscina. Nunca había sentido una añoranza semejante, y no habría podido decir a quién ni qué añoraba, si a su esposa, a Lana o algo totalmente distinto. Pasó largo rato hasta que se metió en la cama y cerró los ojos. Se imaginó caminando por un desierto calcinado, como un asceta. Decidió ir más lejos, renunciar a más cosas. No lo consiguió, se abrazó las rodillas y así despertó por la mañana.
Nicole Krauss
Llega un hombre y dice (traducción de Ana María de la Fuente. Salamandra)


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Publicado por elchicoanalogo @ 6:19  | Libros...
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