Domingo, 08 de diciembre de 2013

Joe Elegant era un joven pálido con flequillo. Fumaba cigarrillos de importación en una larga boquilla de ébano y cocinaba en el Bandera del Oso. Las chicas decían que hacía los mejores bollos del mundo y que sabía dar masajes que curaban las contracturas de una noche de sábado con toda la flota presente. Siempre llevaba en la cara una mueca despectiva y, excepto a la hora de la comida, siempre se quedaba en su cobertizo, detrás del Bandera del Oso, desde donde llegaba, hasta muy tarde, el tecleo de una máquina de escribir.
Una mañana, poco después de su llegada, Suzy se estaba tomando su café mientras Joe Elegant limpiaba la mesa de migas de desayunos anteriores.
-Haces buen café -dijo Suzy.
-Gracias.
-No pareces la clase de tipo que trabajaría aquí.
-Es temporal, te lo aseguro.
-Tengo una receta muy buena para hacer quingombó. ¿Quieres que te la dé?
-Fauna decide los menús.
-No eres muy amigable.
-¿Por qué tendría que serlo?
John Steinbeck
Dulce jueves (traducción de José Luis Piquero. Navona)


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