Viernes, 13 de diciembre de 2013

Se acerca con cuidado, como si fuese a revelarme el mayor de los secretos, y me enseña un ruxe ruxe, un pequeño juguete hecho con nueces, un palo e hilo. Recuerdo cuando se sentaba a mi lado con las manos cerradas y me pedía que adivinara qué escondía en ellas. Sentía que cualquier respuesta era posible, que el hueco entre sus manos podría esconder luciérnagas o doblones de oro. Entonces, abría las manos y dejaba escapar un saltamontes.

Hace girar el ruxe ruxe. Suena a tormenta o a la lluvia cuando golpea las aceras. Es un sonajero extraño, hipnótico, el hilo que sale de una nuez y mueve la otra. Creo ver un atisbo de (su) infancia en su mirada. Me dice que le regalaban el ruxe ruxe por Navidad (también zocas o pequeñas herramientas de carpintero). Le pregunto cómo aprendió a hacerlos. Se encoge hombros. De ver a papá, dice.

Busco sus fotos antiguas en una pequeña caja de zapatos. Apenas ocupan la palma de mi mano, me recuerdan a los cromos de mi infancia. Conozco los gestos y los paisajes, él encendiendo un cigarrillo en el porche de una casa, bailando con una de sus hermanas, levantando los brazos al cielo, los campos junto al río, los caminos de tierra y polvo, los montes como horizonte. Me gusta el blanco y negro de esas fotos, me llevan no un mundo pasado sino a uno futuro. Me fijo en su mirada. Intento adivinar qué se esconde tras ella, como en aquel truco de las manos.






(coda)
El ruxe ruxe suena a infancia y posguerra, a caminos de tierra blanca, pinares y el crepitar del río Eo, a las zocas de madera y los carros cargados de hierba verde, a las pizarras de los tejados y el tañido de las campanas de la iglesia, a cocinas de hierro y el fuego saliendo entre sus huecos.


Tags: ribeira de piquín

Publicado por elchicoanalogo @ 6:47  | diapositivas
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