Martes, 28 de enero de 2014

Cinco días después del picnic, Dag desapareció. Por lo demás, la semana había sido normal; Claire y yo habíamos ido de mala gana a nuestros respectivos McJob, yo atendiendo la barra de Larry´s y ocupándome de los bungalows (tenía un alquiler más bajo como compensación a mis cuidados) y Claire vendiéndoles bolsos de cinco mil dólares a las viejas ricas.
Nos preguntamos adónde habría ido Dag, claro está, pero no estábamos demasiado preocupados. Era evidente que se había ido a otra parte a dagear; posiblemente habría cruzado la frontera en Mexicali y estaría escribiendo dípticos heroicos entre los cactus, o puede que estuviera en Los Ángeles aprendiendo cómo funcionan los sistemas CAD o rodando una película en blanco y negro en super 8. Breves impulsos creativos que le permitirían soportar el tedio del trabajo de verdad.
Y eso está bien.
Pero me gustaría que nos hubiese avisado para que yo no tuviera que partirme el espinazo para cubrirle las espaldas en el trabajo.
Douglas Coupland
Generación X (traducción de Mariano Antolín Rato. Ediciones B)


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